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Enseñar de una manera nueva y con autoridad

Decían de Jesús que todos estaban sorprendidos porque “salía de él una fuerza que sanaba a todos” y que también estaban sorprendidos “porque enseñaba de una manera nueva con autoridad, no como la de los escribas”. Ya hemos dicho en otras reflexiones que la fuerza que salía de Jesús era el amor, causa de las sanaciones milagrosas que hacía y la razón también por la que las multitudes los seguían.

De manera sintética podríamos definir a la persona de Jesús como alguien que enamoraba a todos y sanaba también a todos, menos, por supuesto a aquellos no tenían fe que estaban situados en el pedestal del orgullo y de la arrogancia. En el caso que nos ocupa la reflexión del evangelio de este domingo está el hecho de que Jesús instruía al pueblo de una manera nueva y con autoridad y contraponen en la enseñanza de Jesús a aquella de los escribas.

Sabemos que los escribas eran los maestros de la ley y los custodios de la palabra revelada. ¿En qué se diferenciaba Jesús de los escribas tanto en sus enseñanzas como en sus acciones? En el amor. Jesús en efecto sanaba porque amaba y era comprendido cambio en sus instrucciones porque todo lo que salía del tenía la impronta del amor. No estamos hablando aquí de un amor sentimental o romántico, estamos hablando de un amor en serio, aquél que él después confirmó en la cruz como un amor que es capaz hasta de dar la vida por el prójimo.

La luz que nos da la palabra es clara: todo lo que se haga por amor sanará cuerpos y almas y es comprensible que sea así, porque la razón que mueve el universo es el amor y la última causa de todo es también el amor. Por lo cual entrar en la dinámica del amor es entrar en la misma dinámica del Dios creador que por amor dio forma existencia y subsistencia a todo. Es lógico entonces que cuando la fuerza motora que mueve nuestras acciones, opciones de vida y decisiones tienen como matriz el amor, entramos en dimensión de una fuerza que es capaz de fecundar, de generar y regenerar todo lo que pudiera estar enfermo por cualquier razón que fuere.

Hay testimonios maravillosos de gente que ha sido sanada por el amor, por el amor de Dios en primer lugar, cuando esta persona se ha encontrado con él y consecuentemente por el amor de los vínculos de familia y amistad que se trasforman en la gran terapia que sana enfermos físicos y emocionales todos los días.

La autoconciencia del hombre nuevo que inaugura Cristo con su venida al mundo está aún lejos de realizarse, ya que aún persisten inmensas masas de hombres y mujeres que ni aman ni son amados y que lo único que producen en su entorno y en la creación es dinámica muerte.

Cuando la dinámica que mueve el corazón del hombre es el odio, el resentimiento y el rencor lo que termina haciendo es enfermando su propio cuerpo y todo el cuerpo social.

Nos podemos imaginar una sociedad en la que cada uno de sus ciudadanos carga odio, rencor y resentimiento, son equiparables a células cancerígenas que van formando tumores por todas partes en ese entorno social enfermando todo el cuerpo colectivo. Esas células que tienen un comportamiento errático y con gran poder destructivo, terminan matando a todo el cuerpo social. ¿No será eso lo que nos está pasando a los argentinos?, ¿no nos habremos convertido en esas células erráticas, contaminadas de malignidad, destilando odio y rencor que están llevando al colapso a la patria? Se llame corrupción, odio clasista, intereses mezquinos de los poderosos de siempre, hay un mal que parece eterno que está siempre pendiendo sobre nosotros casi como una maldición que nos acecha. No logramos recuperarnos de una herida mortal cuando ya nos infligen otra aún más grave y así la argentina se ve cada vez más débil, aislada y convaleciente. ¿No será que cada uno desde su propio lugar tendrá que optar por el amor en serio para sanar a la patria?

Otro aspecto interesante que define la calidad de liderazgo de Jesús es que su enseñanza no se fundaba en un bagaje intelectual sino que instruía desde la sencillez, la humildad y el perfecto conocimiento, porque todo es nacía de un corazón que amaba. Con su enseñanza no intentaba demostrar sus capacidades intelectuales ni siquiera el título de Hijos de Dios, señor y Mesías, sino que todo era hecho desde, para y con amor. Todos los títulos son equiparables a basura si ellos no sirven para el amor. Tantas láureas y calificaciones si no sirven para el cometido del amor se quedan en un cuadro honorífico para inflar nuestro ego, pero no para elevar y salvar nuestras almas. Porque si me falta el amor, no hay logro, no hay satisfacción y no hay perfeccionamiento en la humanidad y en la conciencia. El amor lo es todo. Qué distinto sería el mundo si los seres humanos entendiéramos que la sabiduría no está en el acumular conocimientos, sino en expresar el amor en cada cosa. “Que el contenido de tu prédica sea amor o no habrás predicado nada”, me ha dicho un sabio maestro. “A veces es mejor la mirada que un montón de palabras sin el contenido esencial que debe tener y que es el amor, por eso si con tu mirada amas, ésa es tu mejor predicación.

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