“Los agrotóxicos alteran el ADN”
Texto de Proyecto Bohemia - “Cuando les hacía el cuestionario, las embarazadas decían que habían estado expuestas (a los agroquímicos) en los primeros meses y eso que todavía no era el boom de lo transgénico”, cuenta Raúl Horacio Lucero.
Al laboratorio del investigador en biología molecular llegaron los primeros pedidos de análisis, a mediados de los 90.

De allí que sus primeras investigaciones fueron por malformaciones congénitas de bebés expuestos en el útero materno.
Un caso neurotóxico asociado a la agricultura transgénica es el de los gemelos Aldo y Maximiliano Barrios, de Roque Sáenz Peña. Los dos padecen una grave afección por microcefalia congénita.
“Los agroquímicos son agentes teratogénicos, es decir, que producen malformaciones”, explica.
Como el efecto es muy evidente al momento del nacimiento, los médicos solían derivarlos con él, para estudios genéticos.
Los comienzos
En las primeras 12 semanas de gestación se forman los órganos y de existir contacto con esas sustancias puede alterarse el ADN, sobre todo labio leporino, paladar hundido, alteración de la pared intestinal o alteraciones en los genitales externos.
“Empezamos a ver esto y para demostrarlo (la relación) necesitaba otro tipo de estudios, que estamos haciendo ahora en la universidad, porque en ese momento no trabajaba ahí”, describe.
Hoy integra el plantel del Instituto de Medicina Regional (IMR) y también es docente en el área Infectología de la Facultad de Medicina de la UNNE.
Dos posiciones
Hace muchos años los investigadores de varios países vienen estudiando cómo demostrar la relación entre agroquímicos y cáncer, los niños que nacen con malformaciones y las muertes.
“Cuando te ponés a dar malas noticias sobre este tipo de eventos, mucha gente se te pone en contra”, recuerda el investigador. Analizar las consecuencias de las sustancias lo llevó a participar en varios debates, entre ellos en la comisión de Salud de la Cámara de Diputados del Chaco.
De la experiencia de batallar durante tantos años, reconoce que una parte de la bibliografía que está a favor de la aplicación de estos productos y la defiende afirmando que no hacen absolutamente nada. Sin embargo hay otra mucho más numerosa que, a nivel internacional, está dando cuenta de que estos productos no son inocuos, que pueden producir malformaciones en fetos o alteraciones oncológicas. Tanto en niños como en adultos”.
En la legislación
Varias organizaciones y profesionales se comprometieron con el desconcierto y el dolor que manifestaban personas enfermas por los químicos. Una de las más notorias es la Red de Salud Popular Ramón Carrillo, que consiguió medidas judiciales, audiencias públicas y una ley con algunas restricciones. Por ejemplo, las distancias de centros urbanos, establecimientos educativos y sanitarios, reservas y fuentes o reservorios de agua, que deben respetar las fumigaciones aéreas y terrestres. Mil metros para las primeras y 500 para las otras. Una discusión, quizá, fuera de tiempo ya que, para esa misma época en Europa se planteaba lo imposible de determinar hasta dónde llega el veneno una vez que se lo lanza desde el aire.

Hoy Chaco tiene una ley de biocidas, con una última modificación en 2012. Lucero sostiene que “hay leyes bastante bien escritas; el tema es la falta de controles, una constante en nuestro país”.
Fuentes oficiales
En el Ministerio de Salud de la Nación hay informes que prueban fehacientemente la relación. O por lo menos los había cuando la cooperativa La Vaca intimó al ministro en 2015, a través de un habeas data, a que entregue la información disponible sobre investigaciones del tema.
El resultado puede sintetizarse en un párrafo publicado por la organización: “Los informes entregados por el Ministerio de Salud son nueve piezas de un rompecabezas cuyo número total desconocemos. Aun así dejan en claro que cuenta con información que prueba la existencia de una relación entre los agroquímicos y el aumento de enfermedades, en especial del cáncer y las anomalías congénitas”.
Tiempo atrás, la ministra de Planificación, Ambiente e innovación Tecnológica del Chaco, María Elina Serrano, valoró la legislación de avanzada que establece zonas de exclusión a diferencia de otras como Buenos Aires donde se permiten aplicaciones muy cerca de escuelas. Para la funcionaria es fundamental la denuncia de los vecinos para que las autoridades puedan actuar, así se pudieron aplicar multas millonarias.
Un informe de la relatoría especial sobre el Derecho a la Alimentación de Naciones Unidas denunció los graves daños provocados a la salud por el uso indiscriminado de plaguicidas. El modelo agrícola que se sustenta en el empleo de sustancias tóxicas para controlar plagas provocó la muerte de al menos 200.000 personas el último año, señala el pronunciamiento.
Vidas dañadas
En 2011 Santiago Arévalo de 4 años estaba jugando cerca de una tomatera en Lavalle, Corrientes, cuando pisó un charco de endosulfán. A los dos días falleció luego de mucho convulsionar en el Hospital Garraham.
También tuvieron que internar a su prima Celeste Estévez, de 7 años, con la cual estaba jugando. Tuvo mejor suerte y se salvó después de pasar el coma. En septiembre del año pasado una nena de 12 años comió una mandarina que tenía furadán, un producto prohibido en el país. La niña murió camino al hospital.
Lucas Techeira tiene tres años y nació con ictiosis, una afección que resquebraja la piel, su familia vive en Colonia Aurora, Misiones. La madre había manipulado sin protección glifosato en su huerta durante el embarazo. Por la salud del pequeño el padre tuvo que abandonar su trabajo en las plantaciones de tabaco.
“Es un problema muy grave, que hay que tratarlo, visibilizarlo. En el campo, cuando hay viento, los agrotóxicos llegan a donde no tienen que llegar: las fuentes de agua, las escuelas. Las escuelas rurales han sido protagonistas en los últimos 5 o 10 años, del mayor número de denuncias que se presentaron al Defensor del Pueblo, por ejemplo. Es crucial que el Estado intervenga y haga valer su poder de contralor”, sostiene Lucero.
Más casos
La acumulación de enfermedades y muertes continúa. Las infecciones agudas, las que se llevan a una persona en poco tiempo son las que más nos impactan pero están las otras, las que dejan secuelas o enfermedades crónicas. En Basavilbaso, Entre Ríos, Fabián Tomasi trabajó durante años en una empresa de aplicación aérea con agroquímicos. Hoy sufre polineuropatía tóxica severa y atrofia muscular generalizada.

Diógenes Chapelet murió el 8 de enero un mes después de ser “fumigado” dos veces. Tenía 78 años. En las piernas aparecieron manchas inmediatamente después de recibir el veneno, las imágenes recorrieron las redes sociales. Había sufrido una intoxicación aguda. Moneda corriente en su provincia, Santa Fe, una de las provincias con mayor superficie de producción transgénica. Por su caso se presentó una denuncia policial. Días antes de su deceso el presidente comunal de la localidad y un técnico fitosanitarista le pidieron que firme un permiso para seguir fumigando. Como no quiso hacerlo comenzó a recibir amenazas.










