De Cafrune al Chaqueño, y la danza como protagonista en una sexta luna de emociones
Por Pedro Solans - No pudo haber mejor momento para hacer este homenaje a Jorge Cafrune. Las palabras de Peteco, fueron la mejor manera de explicar el significado de la figura de este cantor para la historia del festival de Cosquín en estos tiempos de cantores independientes que tienen cosas para decir.

Es por eso, que Yamila Cafrune eligió para recordar a su padre, (de quien se cumplirá el 1 de febrero 40 años de su desaparición física) a un puñado de artistas que con coherencia, llevan el compromiso debajo y arriba de escenario, como el jujeño Bruno Arias, Peteco Carabajal, José Luis Serrano (en la piel de doña Jovita), Joselo Schuap, Lucas Segovia, Pato Molina y Marité Berbel junto a sus hijos Traful y Ayelén.
Yamila, que ofició de conductora de una presentación que no tuvo fisuras ni baches, abrió el juego con la zamba “Que seas Vos” de Marta Mendicute, una de las más cantadas por su padre. Peteco lo cerró con “El Gaucho Jorge Cafrune”. Al santiagueño lo embargó la emoción, y se la trasladó a todos los que estaban viendo el homenaje. La foto del final, con todos los protagonistas abrazados y la platea de pie cantando Zamba de mi Esperanza (prohibida en la dictadura por contener la palabra “esperanza”) quedarán en la memoria de esta edición de Cosquín.
Pero la sexta luna denominada Sendas de Tradición también tuvo otros momentos para recordar. Había comenzado con Danzar la paz, un cuadro protagonizado por el Ballet Folclórico Nacional bajo la dirección de Silvia Zerbini. Oscar Rosales y Silvia Barrios se encargaron de entonar algunas estrofas del Himno a Cosquin, que luego fue interpretado por la compañía de danza nacional. La voz de Barrios representó el canto originario a través de las primeras estrofas de la canción oficial.
La delegación de Entre Ríos llegó a Postales de Provincia con algunos representantes de su música, entre otros la Banda de la Policía de Entre Ríos, la más antigua del país, junto a Chelo Butvilofsky y Bruno Fail, intérpretes locales. El terruño quedó bien representado por los integrantes de la delegación y Soy entrerriano, aquella chamarrita de Linares Cardozo.
Con la plaza ocupada en un 80 por ciento, el Chaqueño Palavecino dejó sobre el escenario su propuesta de repertorio efectivo, interactuando varias veces con el público, invitando a Los Pacheco y al acordeonista entrerriano Germán Fratarcangelli. Más cercano a sí mismo que a Cafrune (su esencia popular está más ligada al marketing que a lo independiente y comprometido), conectado con la gente desde otros lugares, Palavecino propuso el repertorio de siempre, con menos minutos de escenario. Los tiempos cambian.
La danza, la otra protagonista de la noche, la propusieron dos artistas con propuestas bien bailables: Emiliano Zerbini y La Callejera. El primero se animó a invitar a la platea a subir al escenario para bailar junto a los integrantes del ballet Camin y La Callejera convirtió a la plaza en un gran patio de tierra con gatos, escondidos, jotas, cuecas y tonadas.
El trío formado por Daniela Azas, Flor Castro y María Elena Ferreyra, tres ganadoras de pre Cosquín, llevó al escenario no sólo la cuota de femineidad a una noche de fuertes presencias masculinas. Sus voces, con matices bien distintos, cantaron a Bruno Arias (Cinco siglos resistiendo, Caminantes), Pachi Herrera y Ramiro González (Pachamama) y Félix Luna entre otros.
A lo largo de la noche, tres ganadores del pre Cosquín mostraron sus talentos: el solista de malambo Lucas Orkajo de la sede La Matanza, Buenos Aires, la pareja de baile tradicional, Ramos Echenique de Campo Quijano, Salta. Y el conjunto vocal Las Voces de Aguiar de Esperanza, Santa Fe.
Cerca de las tres de la mañana, Ariel “Chaco” Andrada de La Callejera abrió la puerta del patio e invitó a la plaza a moverse bailando hasta el amanecer. Con el rap Baila País, ya anunció lo que se venía en pocos minutos. Ahí nomás largaron “Corazón de Quebracho” y “El duende el bandoneón”, para comenzar a despuntar lo que restaba de la noche, acompañando con la música los pies ansiosos de los bailarines. De a poco, la sexta luna se fue, llevando en sus alforjas momentos entrañables.
Chispazos de consagración
Si bien es prematuro anunciar quién será el consagrado de esta edición de Cosquín, ya se vislumbran algunos nombres que han tenido aquel elemento en el que la comisión pone ojo y oído atento para definir quién será el artista galardonado con uno de los mayores premios que otorga el festival.
Cuando Nahuel Pennisi cantó frente a una platea en silencio Oración del Remanso de Fandermole, hubo una cierta idea de cambio de paradigma, que se viene dando en las últimas ediciones de Cosquín, lejos de aquellas consagraciones que traían una recomendación bajo el brazo, o de las que apostaban al griterío para conseguir el premio. Esto quiere decir que hoy también se puede pensar en ese diálogo entre el artista y la platea que se basa en lo que el silencio propone, o el compromiso, o la palabra, como pasó el año pasado con La Bruja Salguero.
Por otro lado, Emiliano Zerbini, que hace muchos años viene entregando buenos momentos al festival, sostuvo la idea de enlazar la danza a sus presentaciones, no sólo en el escenario Atahualpa Yupanqui sino también en el callejero frente a la Plaza San Martín. Allí el Ballet Nacional, al ritmo de las danzas folklóricas interpretadas por Zerbini, interactuó con el público presente. En ambos casos, la gente celebró su presencia y esto seguramente debe haber llegado a los oídos de la comisión.
De regreso a la Plaza Próspero Molina, el jujeño Pachi Herrera en la quinta luna fue ovacionado por su entrega total y su propuesta comprometida. Puede, acaso reconocerse detrás de un músico que no tiene tants años sobre el escenario mayor, su largo recorrido con la música. Adrian Maggi, es otra historia, la contraria al paradigma que hoy se ve en general en Cosquín: el que sube al escenario con una propuesta fuerte y encuentra una respuesta inmediata y total en el público.
Todavía faltan tres lunas, que pueden tirar otros nombres, que andan dando vueltas: Lucio Rojas, recientemente consagrado en Jesús María y José Luis Aguirre, con dos amagues de consagración merecida, por las últimas participaciones en el festival. Entre las damas, Milena Salamanca, es otra de las nuevas artistas que ya tiene lugar propio en el escenario, desde otro lugar. Su importa se construye a partir de generar momentos de profundo compromiso y fuerte mensaje social, en compañía de su voz que es hoy, una de las más bellas y versátiles del folclore.
¿Quién será? Solo habrá que esperar a mañana para descubrir el misterio.










