La visita del Papa a países de la región
En la extensa lista de clichés preferidos por los argentinos, hay uno que se destaca por haber resistido estoicamente el paso del tiempo: la preocupación por cómo ven al país en el resto del mundo. Las ansias por atraer la mirada de otras naciones expresa, de alguna manera, el perfil adolescente que todavía mantiene buena parte de la comunidad nacional, que ha llevado este rasgo casi a la categoría de deporte nacional.
La visita del Papa Francisco a Chile y Perú no escapa, lamentablemente, a esta particular impronta cultural de los argentinos y es así que en estos días algunas figuras políticas, del oficialismo y la oposición, se vieron envueltas en largas discusiones respecto a las supuestas razones por las que el jefe de la Iglesia Católica no incluyó a la Argentina en esta gira pastoral. Las redes sociales y muchos medios de comunicación también se hicieron eco de esta cuestión, mostrando cierta obsesión por saber cuándo Jorge Bergoglio, el argentino que se transformó en Sumo Pontífice, visitará el país que lo vio nacer. Pero esta mirada “argentino-céntrica”, si se permite el término, impide ver que, en rigor, el religioso que pasó más de la mitad de su vida en el país es ahora el jefe espiritual de millones de católicos de todo el mundo, y por lo tanto, quienes pretenden que su agenda se circunscriba casi exclusivamente a los problemas domésticos caen en un reduccionismo que poco aporta a la discusión que se debe dar por otros temas que son claves para el país como la lucha contra la pobreza, el flagelo de la corrupción, la necesidad de una mayor transparencia y el peligro de construir una Argentina para pocos.
Si bien quienes hacen hincapié en que el Papa Francisco no incluyó al país en esta nueva visita a la región tienen motivos para plantear esa inquietud, ya que es cierto que desde que inició su pontificado ya estuvo en Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Colombia, México, Cuba y ahora visita Chile y Perú, ese argumento de ninguna manera justifica las duras críticas que lanzaron desde distintos sectores hacia la figura del Sumo Pontífice a quien muchas veces se pretende encasillar en esquemas políticos ideológicos domésticos para tratar de explicar la decisión de no incluir al país en su agenda de visitas de este año. Se olvida decir que, justamente, en su rol de líder mundial Francisco se caracteriza por llevar un mensaje de unión a todas las naciones que visita y que desde el momento mismo en que inició su tarea pastoral promovió una cultura del encuentro. “Trabajemos para construir una verdadera cultura del encuentro que venza la cultura de la indiferencia”, dijo en uno de sus primeros mensajes en los que remarcó la importancia del bien común, de pensar en los otros, en los que menos tienen, para salir del egoísmo consumista de las sociedades modernas.
Es lamentable que la atención en estas horas se centre en comparar el saludo que el Papa Francisco le envió al presidente Mauricio Macri (cuando el vuelo AZ4000 de la compañía de bandera italiana Alitalia que lo transporta surcó los cielos argentinos en su camino hacia Chile), con un gesto similar que en su momento tuvo con la entonces titular del Ejecutivo Nacional, Cristina Fernández de Kircher, en lugar de reflexionar sobre el mensaje y el significado de esta nueva visita del Sumo Pontífice a la región. Vale destacar, entonces, que en su primer discurso en el país trasandino, el Papa Francisco pidió especialmente por el respeto de los derechos de los pueblos originarios a la vez que remarcó la necesidad de escuchar los planteos de estas comunidades históricas.
Los argentinos debemos aprender a construir a partir de las diferencias, poniendo énfasis en lo que nos une y dejando de lado las categorías antitéticas que, lamentablemente, han caracterizado a nuestra compleja y convulsionada historia como nación.










