La inflación goza de buena salud
Los números no mienten. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), en diciembre la inflación a nivel nacional se ubicó en 3,1 por ciento, con lo cual la suba anual de precios terminó en el 24,8 por ciento. El dato confirma que la política económica del gobierno nacional no logra, al menos hasta ahora, hacer bajar la inflación, pero en cambio sí fue exitosa en achicar el poder adquisitivo de los salarios.
De acuerdo con las mediciones del Indec, el incremento correspondiente a diciembre pasado fue el más alto de todo el año 2017, y en buena medida eso fue así porque en el último mes del año se volvieron a dar fuertes aumentos en los precios de los combustibles, los servicios públicos y en los servicios de medicina prepaga, por citar sólo tres de los rubros que alimentaron el proceso inflacionario. El problema, como ocurrió en el país cada vez que se presentaron estos escenarios económicos, es que la inflación siempre se las arregló para dejar atrás a los salarios, y en esta administración de Cambiemos, lamentablemente, no es la excepción. En efecto, los salarios de los trabajadores que están dentro de la economía formal quedaron unos 4 puntos por debajo de lo registrado en 2015, y todo parece indicar que será difícil, por no decir imposible, que este año puedan ganarle a la constante suba de precios.
El problema de la inflación genera malhumor en los argentinos, aunque a las pocas horas de conocerse los datos del Indec, las redes sociales se llenaron de comentarios irónicos que lanzaron dardos sobre el equipo económico nacional, y los más memoriosos postearon el video donde se observa a Mauricio Macri, antes de ser presidente y en plena campaña electoral, criticar a la administración kirchnerista al asegurar que “la inflación es la demostración de la incapacidad de gestión, porque significa que uno no puede administrarse con los recursos que tiene”. Un año después, en febrero de 2015, afirmaba que erradicar la inflación era casi un juego de niños. “Será la cosa más simple que tenga que hacer si soy presidente”, dijo. Es difícil saber hoy si así lo creía realmente y subestimó la complejidad de un fenómeno que es recurrente en la economía argentina, o lo dijo para atraer más votantes, apelando a un recurso que no es nuevo en la política doméstica, que es prometer algo que se sabe que no podrá cumplir. Ya lo había hecho antes Carlos Menem cuando prometió “salariazo” y “revolución productiva”, aunque luego reconoció que si decía lo que realmente tenía pensado hacer no hubiera llegado a la Casa Rosada.
Pero, más allá de las especulaciones, lo cierto es que hoy por hoy no hay señales claras que muestren que la inflación va a bajar en el corto plazo. Es más, el economista Miguel Kiguel dijo esta semana que llevarla a un dígito a la Argentina le puede demandar entre cuatro y diez años, porque no se puede esperar otra cosa si se viene de aumentos de tarifas de entre un 300 y un 400 por ciento.
Es cierto que las comparaciones muchas veces resultan odiosas, pero en algunas ocasiones sirven para saber dónde se está parado. El hecho es que si se hace un análisis comparativo de las principales economías de América Latina se puede observar que Argentina se ubica en el segundo lugar en el ranking de países con mayor inflación de la región, ubicándose solo por detrás de la conflictiva Venezuela de Nicolás Maduro. Es que el índice de inflación de 24,8 por ciento que acumuló nuestro país el año pasado, según informó el Indec, solo fue superado por la medición que realizó el Parlamento venezolano que arrojó un alarmante 2616% para 2017 para ese país. En el ránking en cuestión, detrás de Argentina se ubica México con un 6,77 por ciento anual; seguido por Uruguay, con una inflación anual de un 6,55 por ciento. La lista continúa con Guatemala (5,68%), Nicaragua (5,68%), Colombia (4,09%) y Paraguay (4,5%), Brasil (2,95%), Bolivia (2,71%), Costa Rica (2,57%) y Chile (2,3%) que logró en 2017 tener la tasa de inflación más baja del último lustro. El ranking se completa con El Salvador (2%), Perú (1,36%) y con Ecuador, que fue el único país de la región que tuvo deflación (-0,2%).
Una de las falencias que se observan en la política económica nacional actual es que no se aplican controles a las grandes empresas formadoras de precios, de manera tal que no debe sorprender a nadie que, si no se fiscaliza donde se originan los precios, lo más probable es que la inflación siga gozando de buena salud.










