Juana y su tierra
Va a cumplir 80 años. Vive en el campo, en Colonia Sarmiento. Nunca pensó que le tocaría vivir la última etapa de su vida cuidándose de sus propios hijos.
La mujer, a quien vamos a llamar Juana, cuenta que dos días antes de que falleciera su esposo, estando en terapia intensiva de una clínica en la ciudad, uno de sus hijos le habría hecho firmar un boleto de compraventa del campo. Luego, el hijo reunió a la familia y -según consta en la denuncia hecha en la Comisaría Tercera- con engaños alegando que era para evitar la sucesión y los consecuentes gastos, “acomodó todo a su beneficio, y por el mal momento que estábamos pasando por la situación de salud” de su difunto esposo, todos firmaron ese documento sin saber cómo estaba redactado. Así también su hijo le manifestó que se repartirían entre los tres el campo.

Pero Juana dice que pasó el tiempo y su hijo “se adueñó de todas las pertenencias que había en el campo”. Así, con papeles en mano la mujer se fue quedando cada vez con menos y ya el 65% del lote le pertenece a su progenitor, con el agravante de que “se quedó con la parte donde están los corrales y las perforaciones y con la finca que tiene luz eléctrica”.
A Juana su hijo la quiere echar de esa vivienda donde con un viejo ventilador hace frente a los tremendos calores del centro chaqueño. Así, le envía cartas documento para que desaloje la casa, “siendo que por ley toda la propiedad me corresponde por ser la esposa del titular difunto”, contó en sede policial.
En varias oportunidades -cuenta- su hijo la insulta y la obliga a retirarse. Tiene en sus manos una medida cautelar que prohíbe que su hijo se le acerque a 200 metros, sin embargo éste todos los días va y la insulta y la molesta.
Juana está cansada. Tiene pocas fuerzas y no sabe qué camino tomar. La semana pasada mandó a desarmar un gallinero que estaba junto a la casa, para trasladarlo un poco más lejos. Pero su hijo la denunció por robo. Juana termina devolviéndole con la misma moneda: lo denuncia a su hijo penalmente.
Una historia sin fin, que se da cuando por estos días sacudió a los chaqueños lo ocurrido en Concepción del Bermejo. Allí, dos ancianos, Segundo Coria y Nicéfora Valdez, fueron encontrados con disparos de arma de fuego por un peón que trabajaba en el campo de 400 hectáreas donde vivían.
Segundo y Nicéfora se dedicaban a la producción ganadera. A Nicéfora la hallaron sin vida en el interior del comedor de la humilde vivienda, mientras que Segundo estaba tirado en la parte posterior de la finca, agonizando, por lo que fue trasladado de urgencia debido a su estado en ambulancia hacia el hospital. ¿Cuál es el trasfondo de esto? ¿La tierra?
¿Qué es lo que mueve a actuar de esta forma a quienes son victimarios de hechos de estas características? ¿Cuál es el rol que le toca al Estado? ¿Cuál es la escala de valores que se tiene como familia y como personas en general, cuando quienes resultan víctimas son generalmente, como el caso este matrimonio, individuos que no pueden casi defenderse?
Son hechos que muestran cómo está parte de la sociedad actual, como también que hay responsabilidades estatales en cuanto al ordenamiento de la tenencia de la tierra, ya que hay un alto grado de conflictividad, sobre todo en el departamento Almirante Brown. En medio de esto, el caso del menor supuesto homicida del agenciero de Quiniela Vega de Sáenz Peña, que varias veces se escapó de la Aldea Tres Horquetas, y lo atraparon en Resistencia cometiendo un delito.
Los fines de semana, en Sáenz Peña y gran parte de las comisarías del interior, no hay lugar donde alojar detenidos. El Complejo Penitenciario 2 está al borde del colapso. Hay comisarías que tienen pequeños calabozos sin lugar para un solo detenido más, mientras los hechos delictivos de arrebatos y robos siguen en una carrera alocada.
¿Hacia dónde nos encaminamos así? ¿Cuál es el rol de la propia sociedad y de sus instituciones, como la Iglesia o la escuela en este escenario, cuando el drama viene desde la familia? Ya no alcanzan los esfuerzos aislados. Estamos en crisis de valores. Hacen falta voluntades que permitan potenciar la solidaridad, el respeto, el esfuerzo y el trabajo. Y hay materia prima para eso, solo que hace falta saber mirar y admitir -sobre todo en un país que dice ser cristiano- que el amor a Dios, a la Patria y al prójimo debe ser puesto en práctica, para poner freno al caos y la confusión.










