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Respetar los derechos de los adultos mayores

Gracias a los avances médicos, científicos y a la mejora, en términos generales, de las condiciones en las que se vive en casi todas las comunidades, la mayoría de las personas tienen hoy una esperanza de vida más prolongada que hace 50 años. Argentina, en tanto, es uno de los países de América Latina que posee una elevada tasa de envejecimiento, ya que según el último censo de población la proporción de mayores de 60 años representa el 14,2 por ciento de la población.

Este fenómeno, el del envejecimiento de la población, por supuesto no es exclusivo de nuestro país. La ONU observa que la mayoría de las naciones del mundo están experimentando un aumento en el número de personas mayores, de manera que además de ser una de las transformaciones sociales más significativas de las últimas décadas, se ha convertido en un factor que impacta con fuerza en el mundo del trabajo, la protección social, las cajas previsionales y la demanda de bienes y servicios.

Según las proyecciones que se vuelcan en el último informe “Perspectivas de la Población Mundial”, se espera que el número de personas mayores, es decir, aquellas de 60 años o más, se duplique para 2050 y triplique para 2100 en todo el planeta: pasará de 962 millones en 2017 a 2100 millones en 2050 y 3100 millones en 2100. Un dato a tener en cuenta es que a nivel mundial, este grupo de población crece más rápidamente que los de personas más jóvenes.

Se calcula que hasta el año pasado había 962 millones de personas con 60 años o más en el mundo, es decir, un 13 por ciento de la población global. Según los expertos, este grupo de población tiene una tasa de crecimiento anual del tres por ciento, siendo Europa la región con más personas pertenecientes a este grupo, aproximadamente un 25 por ciento. Distintos estudios proyectan que ese grado de envejecimiento de la población también llegará a otras partes del mundo para 2050, con excepción de África, y se estima que para 2030 el número de personas de edad avanzada llegará a 1.400 millones.

En relación con las personas que superan los 80 años, se calcula que se triplicará en poco más de 30 años y se multiplicará por siete en poco más de siete décadas: de 137 millones en 2017 pasarán a 425 millones en 2050 y a 3100 millones en 2100. Frente a este nuevo escenario, la ONU plantea la necesidad de impulsar políticas públicas que consideren a las personas mayores como ciudadanos capaces de contribuir al desarrollo, con habilidades suficientes para mejorarse a sí mismos y a la sociedad. La organización internacional advierte, por otra parte, que en las próximas décadas, muchos países se verán sometidos a presiones fiscales y políticas debido a las necesidades de asistencia sanitaria, pensiones y protecciones sociales de este grupo de población que viene en constante aumento.

El problema es que en casi todos los países tanto la capacidad productiva como la juventud son promocionadas como valores positivos, y se deja en un segundo plano el valioso aporte que pueden realizar a la sociedad los que pasaron la barrera de los 60 años. Por eso adquiere gran importancia el debate sobre el significado que tiene hoy la vejez y sobre los modos de ver, tratar, valorar e incluir al adulto mayor en la comunidad. Es necesario luchar contra los prejuicios y estereotipos que impiden ver la importancia de la inserción social y el pleno respeto por los derechos de los adultos mayores.

Vale recordar que la Constitución Nacional, en su artículo 75 inciso 23 establece que se debe “legislar y promover medidas de acción positivas que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad”. Sin embargo, en nuestro país muchos adultos mayores sufren maltratos y abusos, a partir de una concepción errónea que se tiene sobre esta etapa de la vida que se vincula a la pasividad o, peor aún, a lo descartable. Es importante que se promueva una visión de esta etapa del ciclo vital del hombre y la mujer, la vejez, como una etapa natural de la vida que debe vivirse con plenitud.

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