EEUU cierra sus puertas al biodiésel argentino
El gobierno de los Estados Unidos oficializó, finalmente, el arancel de hasta el 72,3 por ciento al biodiésel que Argentina exporta a ese país. Se trata de una medida de neto corte proteccionista de la administración Trump que asesta un duro golpe a las exportaciones nacionales, ya que el norteamericano era el principal mercado del biocombustible argentino con exportaciones del orden de los 1.200 millones de dólares.
A través de la publicación en el boletín oficial de EEUU, el gobierno norteamericano dejó firme la imposición de gravámenes sobre el biodiésel argentino, pese a las gestiones comerciales y políticas que realizaran las autoridades de nuestro país para que no se llegara a esta instancia. El año pasado, funcionarios del gobierno argentino solicitaron al secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross, que destrabe la exportación de biodiésel, pero el pedido no tuvo una respuesta favorable. Según trascendió en ese momento, hubo una contraoferta norteamericana que consistió en obligar a la Argentina a imponer un impuesto del 15 por ciento a los exportadores, lo que fue rechazado por la comitiva argentina. La oficialización del arancel que se conoció esta semana significa que el combustible producido en nuestro país ya no podrá ingresar al mercado norteamericano. El gobierno de Trump argumentó que la producción argentina de biodiésel recibe subsidios, afirmación que fue rechazada por las empresas argentinas que exportan ese combustible. En ese sentido, debe remarcarse que no sólo es falso que el biodiésel argentino reciba subsidios, sino que se trata de una industria que una de las más competitivas que tiene la Argentina. Lo que sucede es que se está nuevamente ante una práctica proteccionista que es muy frecuente en los países industrializados y ricos que recomiendan a las naciones de la periferia aplicar medidas económicas de libre mercado, una receta que ellos nunca utilizan cuando no les conviene. Esa postura revela, de alguna manera, la ingenuidad —por llamarlo de alguna manera— de los que en nuestro país abogan por “una mayor apertura al mundo”, cuando no es ningún secreto que tanto varios países de la Unión Europea como las sucesivas administraciones de los Estados Unidos apelan sin ningún tipo de remordimiento a las trabas comerciales para defender sus industrias.
En este caso en particular, al gobierno estadounidense no dudó en dejar de lado los postulados del libre comercio para aplicar altos aranceles que en la práctica representan una barrera imposible de sortear, argumentando que su industria se veía perjudicada por las importaciones supuestamente subsidiadas del biocombustible argentino. Los grandes productores argentinos del combustible deberán ahora conformarse con las casi 500 mil toneladas de biodiésel que espera exportar a la Unión Europea en 2018 (a EEUU se exportaba el triple), luego de que ese bloque comercial se viera obligado por la Organización Mundial del Comercio a reducir un elevado arancel que aplicaba al biocombustible argentino, ante un reclamo que nuestro país presentó ante esa organización internacional.
Un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario explica que la industria de biodiésel en Argentina cuenta con 37 fábricas, las que conforman un complejo industrial de gran relevancia para el país, ya que en 2016 generó divisas por 1.175 millones de dólares. Según el documento de la entidad, en Estados Unidos hay una mayor atomización con pequeñas fábricas de productores de biodiésel que solo atienden el mercado doméstico. En Argentina, en cambio, producen para el mercado exportador ya que la capacidad instalada excede largamente la demanda del consumo de los argentinos. Este solo dato confirma el nivel de competitividad logrado por la producción nacional, pero que no es suficiente ante las barreras infranqueables que imponen los países centrales cada vez que advierten que una genuina competencia amenaza sus industrias.










