Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

Un museo escondido en el corazón de Humanidades

Por Juan Monzón Gramajo - A pocos metros de atravesar el ingreso de Humanidades, hacia la derecha, tras una puerta como tantas otras en ese pasillo interminable, se abre un espacio que desde 1979 cobija piezas y colecciones de gran importancia histórica y cultural de la región.

guarino.jpg
Graciela Guarino dirige el museo Martinet, un centro académico de características singulares. Foto de Amelia Presman.

Con muy poca señalética identificatoria, que lo hace pasar desapercibido, allí funciona el Museo Regional de Antropología “Juan Alfredo Martinet”. Sus vitrinas y anaqueles dejan a la vista de sus visitantes unas 300 piezas y colecciones recuperadas por sus investigadores en el Kilómetro 75, primera y única ciudad colonial en la región del Chaco a fines del siglo XVI, hoy conocida como Concepción del Bermejo.

El museo es una sección del Instituto de Historia de la Facultad y está vinculado a la cátedra de Antropología. Graciela Guarino es su directora.

El origen

El enriquecimiento continúa con piezas extraídas en trabajos de campo. Las últimas excavaciones de 2005 y 2008 permitieron recuperar fragmentos de vasijas que conforman un conjunto interesante de cerámica indígena. Antes de una exposición los materiales se someten a un protocolo que se cumple a pesar de no contar con suficiente personal. El proceso es el siguiente: luego de ser depositados en el Instituto de Historia, se los limpia, clasifica y registra para finalmente exponerlos o guardarlos en el depósito. “Sólo las piezas más representativas se exhiben, el resto se guarda y está allí para consultas de investigadores, docentes y alumnos”, explica Guarino.

Valor patrimonial

La denominada cerámica local, confeccionada por originarios, está compuesta por elementos de uso utilitario, doméstico, como recipientes, ollas, contenedores para el agua, pipas para fumar tabaco modeladas en arcilla. Este centro antropológico de características particulares es poco conocido más allá de los actores académicos que lo utilizan cotidianamente.

A pesar de esta baja visibilidad, la función de extensión que lleva adelante el museo se cumple de manera prolífica. Con la ayuda de becarios, se realizan visitas guiadas a alumnos de colegios secundarios e inclusive de jardines de infantes. Los recorridos se pautan con anticipación.

En un proyecto de un equipo de profesionales del área de educación inicial con madres cuidadoras de la comunidad qom, el museo puso a disposición el material disponible.

En la región

Junto al aporte bibliográfico de la biblioteca del Instituto de Historia, el Martinet es un centro académico de características particulares: es universitario, porque nace en el seno de una institución de educación superior, en base a colecciones que se logran por investigaciones que organiza y ejecuta la UNNE. Es regional porque abarca la región del Gran Chaco, entendido no sólo como espacio geográfico sino también como espacio sociohistórico. Y es antropológico, por especificación del área de estudio e incumbencia.

En el traspaso de las fronteras de la nación y más allá de los límites jurídicos, la perspectiva regional favorece la idea de trabajar sobre la historicidad de un espacio, los diferentes procesos que le dieron origen, cuáles fueron las claves de su desarrollo y sus transformaciones.

Pieza mayor

museo  .jpg
Una vasija que demuestra el contacto con la cultura española y su influencia en la alfarería originaria. Foto de Amelia Presman.

El objeto de mayor valor antropológico que hoy posee el museo es una vasija o cántaro, que perteneció a la colección Martinet, y fue encontrada en el sitio colonial cuando se estaba trazando la ruta 9. Es la única pieza entera y en muy buen estado que se extrajo del yacimiento, y su forma y decoración son un claro exponente del contacto cultural hispano-indígena. Se observa una simbología, con pintura bicolor blanca sobre fondo rojo, de motivos naturalistas. Corazones con adornos florales, o atravesados por flechas y puñales, acompañan escenas de caza de ciervos. 

La exhibición

museo 2.jpg
En el lugar se pueden apreciar objetos de uso cotidiano por las comunidades originarias del Gran Chaco. Foto de Amelia Presman.

El espacio del museo está organizado en dos secciones: Arqueología histórica, con vestigios extraídos del yacimiento, y Etnografía, con objetos de la vida cotidiana de comunidades de la región del Gran Chaco, los toba (qom), moqoit, mataco (wichí), y los chiriguanó chané (afiliados lingüísticamente a los guaraníes). Se pueden encontrar bolsas tejidas en fibra de chaguar de diferente tamaño y función utilizadas por mujeres para recolección de frutos del monte. Cestería de comunidades toba (qom), típicas cesteras hacedoras de la clásica estera, el abanico para apantallar el fuego y pequeños juguetes.

La materia prima habitual es la hoja de palma y la totora. El comienzo En las investigaciones arqueológicas en el sitio del Kilómetro 75 lo recolectado se depositaba en el Instituto de Historia para su estudio, preservación y posterior exhibición. Con el tiempo estos materiales fueron ocupando un espacio significativo, que derivó en la necesidad de un museo, que al crearse el Instituto de Historia (en 1969) dependió de él. Una vez organizado, con objetivos, funciones, personal y actividades, se creó oficialmente en septiembre de 1979. El nombre de Juan Alfredo Martinet reconoce al pionero de la arqueología en el Chaco y descubridor de las ruinas del sitio del Kilómetro75 (1585-1632).

Te puede interesar