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El mal endémico de la economía

La decisión del gobierno nacional de cambiar las metas que se había fijado para la inflación de los próximos años vuelve a mostrar que la dinámica de la variación de precios no es un problema tan fácil de resolver como lo había asegurado el ahora presidente Mauricio Macri en plena campaña electoral cuando pocos creían que tenía chances de llegar a la Casa Rosada.

Un repaso por la historia reciente de la economía del país, más precisamente desde el regreso de los gobiernos democráticos a la fecha, demuestra que todos los gobiernos elegidos por la voluntad popular han tenido que lidiar en algún momento con esta variable rebelde de la economía que se mantiene en niveles muy altos afectando, fundamentalmente, a los eslabones más vulnerables del sistema: los trabajadores, las pequeñas y medianas empresas, los micro emprendedores y a todos aquellos que tienen ingresos fijos.

Por estas horas el problema irresuelto de la inflación vuelve a ser motivo de preocupación para la mayoría de los argentinos. Sobre todo porque el anuncio que acaba de hacer el gobierno nacional revela las serias dificultades que tiene el equipo económico de Cambiemos para poder encauzar una economía que no termina de arrancar, y porque las expectativas del electorado que votó el cambio de rumbo eran muy altas, por aquello de que a partir de diciembre de 2015 el país quedaba en manos del “mejor equipo de los últimos 50 años”. A mitad de su mandato, la administración Macri se encuentra con que persisten desequilibrios que atentan contra la reactivación de la economía, como el déficit comercial, el atraso cambiario y el déficit de turismo (los argentinos gastan más en el exterior que los que los dólares que turistas extranjeros dejan en el país), a lo que debe agregarse el aumento de la dólar-dependencia del país en los dos últimos años.

Los cambios en las metas de inflación anunciados generaron, como era de esperar, una corrida cambiaria con un sensible aumento del dólar, y ahora se teme -con razón- que ese incremento de la moneda estadounidense empuje otras subas de precios en productos y servicios que impactarán como un misil en el sufrido bolsillo de los sectores medios y bajos que ya venían golpeados por la suba de tarifas. El anuncio oficial de “recalibrar” las metas de inflación es, en rigor, un reconocimiento del error cometido por los técnicos del gobierno nacional al calcular el techo inflacionario fijado para este año y lo que más llama la atención es que se postergó la meta de bajar un dígito la inflación (al 5 por ciento) para el año 2020, cuando la actual gestión finaliza en 2019.

Es evidente que el gobierno nacional tiene serias dificultades para contener los aumentos sostenidos de precios, con los graves efectos sociales que esos incrementos tienen en los sectores de ingresos fijos, es decir los históricos perdedores de los procesos inflacionarios en la Argentina. Es que el problema de la inflación va más allá de una cuestión meramente técnica, y debe ser abordado como una cuestión política. En realidad, la economía de un país está estrechamente ligada a las decisiones políticas que se toman en los más altos niveles de decisión donde se resuelve qué piezas se moverán en un tablero donde no existe un orden natural. En el escenario global actual con predominio de desequilibrios casi siempre a favor de las economías más fuertes, es ingenuo pensar que la realidad económica es el resultado de una ecuación matemática. Las matemáticas, en todo caso, se emplean en estos casos para ver cuántos recursos hay que obtener para alcanzar un razonable equilibrio, pero la decisión de dónde se obtendrán esos recursos responde a un proyecto político con objetivos muy claros. Economistas que impulsaron el Plan Fénix, plantearon que “la inflación ha sido la forma con que la Argentina históricamente procesó los conflictos distributivos”. Podría decirse también que la inflación es un mal endémico que vuelve a demorar el crecimiento de la Argentina y que es de esperar que el cambio en las reglas de juego anunciado por el equipo económico del gobierno nacional no conduzca al país a un nuevo escenario de estancamiento.

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