Miguel Ángel Liva y sus 50 años con la fotografía
Texto de Héctor Pedro Lópe z- Una historia de esfuerzo y trabajo identifica a Miguel Ángel Liva; Miguelo para amigos y familiares. De niño acarreaba agua unos 50 metros con baldes para la latona de su madre, que lavaba ropa ajena en la casa familiar y a domicilio.

Su padre era un sacrificado minifundista. Liva es un apellido muy vinculado a los pioneros de El Zapallar, hoy General José de San Martín. “Lo que soy se lo debo a la fotografía, a la que la amo profundamente”, expresó el sanmartiniano hoy radicado en Barranqueras.
Para él la fotografía es un arte cuyo objetivo es inmortalizar y eternizar acontecimientos como parte de un orden lógico del universo. A aquel niño que acarreaba agua a su madre, que hacía mandados a los vecinos, que trabajó en el bar de la vieja terminal de ómnibus y que fue asistente de un odontólogo, entre otras cosas, se le despertó la pasión por la fotografía con la llegada de José Britto Kolzer, que abrió un negocio con el nombre de Foto Vida. Su madre lavaba la ropa del fotógrafo y de la esposa, Lucrecia. La mujer se enteró que Kolzer necesitaba un cadete y el puesto fue para Miguelo. Después fue ayudante del cuarto oscuro donde se revelaban las películas y se hacían las copias: “Todo en blanco y negro, había mucho trabajo porque era muy reconocida la calidad de las fotos de Foto Vida”.
Cada día aprendía más el secreto de la profesión, acompañaba a su patrón en casamientos y cumpleaños de 15 hasta que comenzó con cámaras que exigían todo: la apertura del diafragma, la velocidad, la sensibilidad de la película y otros requisitos. El avance vertiginoso, acelerado y hasta fulminante de la tecnología hace que hoy las cámaras digitales reemplacen muchas de esas condiciones.
Una profesión sociable
Para Miguel la suya es una profesión sociable: “Con la única autoridad y respaldo que me otorgan estas bodas de oro con mi trabajo me tomo el atrevimiento a exhortar a los nuevos fotógrafos, a los jóvenes que se inclinan por esta tarea a que prioricen calidad en el trabajo y respeto al cliente. En todo evento el fotógrafo debe realizar su trabajo sin molestar a nadie, debe ser sencillo, modesto y amable”, reflexionó. Apenas culminó con el servicio militar le dijo a su padre que se quería independizar. Con entusiasmo abrió su primer local comercial en avenida San Martin 78. Entrar en un circuito comercial de fiestas y acontecimientos muy importantes lo hizo sentirse fotógrafo profesional. Era todo un desafío para un veinteañero recién dado de baja de la colimba. Confió en su capacidad, en su esmero de superación y en la honestidad y en otros valores que le transmitieron sus padres. Por un tiempo cumplió una función de perito para la policía para tomar imágenes de accidentes viales y de otros hechos policiales. En ese contexto y cumpliendo medio siglo inmortalizando recuerdos dijo: “Parece que fue ayer, pero el tiempo pasa en forma inexorable, no digo que sea la perfección en este trabajo pero lo que sí puedo asegurar es que hasta el último minuto de mi vida agradeceré a la fotografía, no me arrepiento haber hecho de este trabajo mi medio de vida, gracias a esta hermosa profesión he recorrido más de medio país y sin ser pedante dijo que siento orgullo que mis trabajos viajaron por varios lugares del mundo por diferentes circunstancias”.

El fotógrafo sobrevivirá Miguelo recuerda además a Luciano Clemente Fernández, el padre de Miguel, el director de NORTE: “Don Luciano era un hombre callado y respetuoso, fue el corresponsal de El Territorio y de La Nación de Buenos Aires. Pedía una foto para las 12.30 porque tenía que enviar con el colectivo de las 14, y cuando llegaba él estaba escribiendo lo que iba a mandar. Doña Encarnación, su esposa, le decía que ya estaba el almuerzo; ‘ya termino’, respondía”. Hoy se siente muy afortunado por su trabajo, lo más excitante de su vida. Ante la proliferación de cámaras insertas en los celulares sostiene que “el buen fotógrafo sobrevivirá, porque es imposible que algo tan extraordinario y tan profundo como la profesión de fotógrafo se muera. Por un lado, la sociedad necesita del fotógrafo, y por otro, la tecnología no podrá acumular todos los secretos de esta profesión”.

En el contexto actual como en el pasado siempre se presentan desafíos. “Siempre hay que agudizar el ingenio en un medio altamente exigente, competitivo y digitalizado. En muchos rubros del mundo laboral independiente se está tratando de sobrevivir lo mejor posible”. “La profesión me dio una temprana adultez”-dice-“seguramente eso me lleva a pensar que siempre sobrevivirá porque nos tiene conectados con algo que va mucho más allá del tiempo, la fotografía nos enlaza con algo abrumadoramente hermoso como son los recuerdos”.










