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El impacto del tarifazo

La decisión del gobierno nacional de aplicar una nueva suba en las tarifas de luz y gas hará crujir nuevamente los bolsillos de los argentinos. El ministro nacional de Energía, Juan José Aranguren, fue el encargado de anunciar que, a partir de ahora, estos dos servicios esenciales serán más caros, porque el incremento en el gas será del 58 por ciento, mientras que la suba en la luz superará el 70 por ciento en dos etapas.

Se trata, por cierto, de un fuerte golpe a la maltrecha economía de millones de hogares que ya vienen lidiando con una inflación que, en forma lenta pero sostenida, corroe los ingresos de quienes tienen ingresos fijos, es decir la mayoría de la población. Según se informó desde la cartera nacional de Energía, el aumento para el consumo de luz será de hasta un 47 por ciento ahora y hasta un 28 por ciento adicional en febrero. El dato no es menor para los usuarios del Chaco y las provincias de la región, ya que el incremento se presenta en una temporada de muy alto consumo de energía impulsado por las altas temperaturas que obligan a un uso intensivo de equipos de refrigeración.

Este segundo aumento que pone en marcha la administración del presidente Mauricio Macri tiene, según explicaron fuentes oficiales, el doble objetivo de eliminar los subsidios que beneficiaban a muchos usuarios y, a la vez, compensar la ecuación económica de las empresas prestadoras de estos servicios para que (en teoría) mejoren la calidad del servicio. La historia enseña que en nuestro país muy pocas veces un aumento de tarifas estuvo acompañado de una mejora notable en los servicios. ¿Esta vez será la excepción? Solo con el paso del tiempo se podrá observar si el cambio es para bien de todos. Es de esperar que así sea, pero mientras tanto la mayoría de los argentinos tendrá que ajustarse el cinturón en una economía que no apuesta al consumo interno, sino a la llegada de inversiones.

El ministro Aranguren justificó los nuevos aumentos señalando que son necesarios porque si no se avanza en ese sentido no se podrá entrar en un esquema de generación eléctrica y de gas sustentables a mediano y largo plazo. La idea, explicó el titular de Energía, es lograr una importante reducción de la dependencia del país de la importación. Por otra parte, las autoridades del área aclararon que tanto para el consumo de luz como para el de gas continuará el beneficio de la tarifa social con subsidios para los sectores de menores recursos. También señalaron que otro de los objetivos es tener precios cada vez más bajos de la energía, para lo cual se espera que se generen más inversiones en las áreas hidrocarburíferas, dejando en claro que todo dependerá del interés que muestren los inversores en los próximos años. Según el Ministerio de Energía, el aumento que recibirá un usuario de todo el país, con excepción del que reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires, será de 19 por ciento promedio ponderado a partir de diciembre, y del 12 por ciento a partir de febrero, con un acumulado del 34 por ciento en total. Pero para entender la verdadera presión que sufre el bolsillo del ciudadano de a pie, se tienen que agregar los aumentos que ya rigen para los servicios de medicina prepaga y de combustibles. En el caso de las prepagas, vale recordar que en octubre pasado el gobierno nacional dio luz verde a las empresas del sector para que apliquen un aumento de hasta el 6 por ciento en sus cuotas a partir de este mes, en lo que será la quinta suba en 2017, con lo que acumulan un incremento del 28 por ciento en lo que va del año.

Se estima que este aumento impacta en los bolsillos de unos 5 millones de usuarios de todo el país, pero son muchos más los ciudadanos que hace ya varios meses sienten en carne propia el enfriamiento del consumo y el aumento de las tarifas y precios de productos de primera necesidad. Se trata, en el fondo, de una licuación de los salarios que, lamentablemente, siguen perdiendo todas las batallas contra la inflación y los tarifazos.

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