Esta noche conversaciones de novela con Osvaldo Mazal
Hoy a partir de las 21 el destacado escritor misionero Osvaldo Mazal hablará sobre su novela Darwin Poeta. La cita es en el Fogón de los Arrieros. Este ciclo de Conversaciones de Novela es una rueda literaria donde se encuentran un entrevistado, un entrevistador y el público lector.
“Es un placer poder llegar a Resistencia y develar los caminos que me han llevado a escribir esta novela”, adelantó Mazal en comunicación telefónica con este diario.
¿Cómo se cocina la historia en la cabeza del escritor? ¿Por qué se escribe una novela histórica? ¿Cuándo una novela es histórica, qué requisitos debe reunir? ¿Cuándo un hecho histórico se convierte en el sustento y trama de una novela? ¿Qué efectos o defectos causa la ficción en la historia? ¿Hasta cuándo y hasta donde se puede ficcionar? ¿Existe la novela histórica? Estos son algunos de los interrogantes que se descorren esta noche sobre la novela Darwin poeta de Mazal. De esta iniciativa participaran Juan Mario Basterra en carácter de invitado, cabe recordar que por este ciclo ya pasaron los escritores Luis Argañaraz y Orlando Van Bredam.
Destellos de un cielo literario
La novela de Osvaldo Mazal es un tejido entramado y según el propio autor una vertiente de varias aristas. Esta novela obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes correspondiente al Concurso Régimen de Fomento a la Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editorial en el 2014. El libro fue editado por Aurelia Rivera Libros y es distribuido por Galerna.

“El premio fue en ese momento un gran impulso. Venía medio bajoneado con la escritura y no era tan importante el premio sino como la consideración del jurado. El jurado estaba integrado por los escritores Washington Cucurto, Iosi Havilio y Gabriela Cabezón Cámara. “Darwin poeta” es una novela inclasificable, al mejor estilo de un Macedonio Fernández de esta época. El autor mezcla distintos procedimientos y lenguajes, géneros y discursos para brindar al lector un mundo nuevo, donde la historia, la política y los preconceptos sexuales que hay en todo lo que hacemos, marcan un alto momento metafórico. Mezcla de ciencia ficción, de un moderado “estalinismo presoviético”, esta novela está destinada a quedar dando vueltas en la memoria del lector, emitiendo como una máquina descompuesta, lucecitas de todos los colores que funcionan como grandes interrogantes nunca develados”, dictaminó el jurado.
La punta fue un cuento
“Ahora antes de viajar a Resistencia estaba repasando cómo arrancó esta novela”, revela el escritor en comunicación telefónica con este diario. “En estos días encontré que la primera versión de la novela fue un cuento. Fui reconstruyendo lo que había escrito, los correos, los borradores. Entre la computadora y los papeles hallé que la novela comenzó en el 2002 con ese primer borrador del cuento”.
“Ahora veo como si fueran fotos del pasado donde aparecen el borrador de algunos capítulos que después desaparecieron y donde otros quedaron. Vi las dificultades que aparecían y las distintas líneas que se empezaban a esbozar. El cuento fue el germen de la novela y ahí estaba la idea central de Darwin poeta”, subraya.
En la novela revolotean los aires borgeanos y también aparece Artl a través de Erdosain con las pinceladas del policial. “Algunos asesinatos y proyectos delirantes le dan una dimensión policial arteliano”, explica Mazal.
“La novela empezó con esa ida de Darwin recorriendo la Argentina y que se enamora de la hija de un indio. Darwin escribe poesía y tiene una relación con esta chica. Esta relación tiene una incidencia en su escritura y aquí Darwin aparece como un escritor. Su gran proyecto era escribir una novela del mundo. Una novela del mundo que relevara la realidad del mundo desde el punto de vista geológico, animal, vegetal. Era un proyecto muy ambicioso. Esta es una línea de la novela”, advierte.
Las líneas o las vertientes de la novela de bifurcan por los teóricos formalistas rusos. Aquí aparecen como estudiosos de las ciencias naturales y también como escritores teóricos literarios. Ellos espían a Darwin. Después hay otra línea del narrador que investiga sobre esta cuestión, sobre el libro verde ruso. El propio Osvaldo Mazal se entusiasma con los detalles de la novela y por momentos abre al entrevistado toda la novela.
Lo novela al igual que todo texto literario se completa con el lector. “Vasta un lector y la novela está completa”, decía Juan José Saer. Mazal coincide al tiempo que agrega que la lectura de los otros aporte al texto final. La novela se completa con la construcción que hace el lector y que “muchas veces escapa a la intencionalidad que buscó el escritor”. Por último Osvaldo Mazal cuenta que ya se encuentra en la etapa final de su segunda novela y que una tercera ya viene patoteando en su mente.
“El texto inclasificable y magnífico”
El escritor Gabriel Ceballos escribió sobre esta novela: El misionero (posadeño) Osvaldo Mazal corre el riesgo. Y en extremo. Y con éxito. Su novela “Darwin poeta”, publicada este año tras obtener el primer premio del Fondo Nacional de las Artes 2014, es un claro ejemplo de que se puede explotar la veta lúdica que ofrece el arte de narrar sin sufrir ningún derrumbe. Desde luego, el autor cumple con el doble requisito fundamental para la aventura: a) una lucidez que a través de la estética impide que se rompa la complicidad del lector; b) un sólido conocimiento de la materia que utiliza.
Respecto a esta última, consignemos que la obra se desarrolla en tres –digamos– planos argumentales muy amplios y distantes entre sí, tanto en el tiempo como en el espacio: 1) el plano de las travesuras intelectuales y eróticas de Charles Darwin, desde su mocedad hasta su madurez (y bastante más: en ultratumba); 2) el plano del narrador y sus recuerdos, en especial los de la relación con el padre y 3) el plano articulador de los míticos formalistas rusos, una de cuyas figuras más ilustres, Víktor Sklovski, se propone defender en la Academia Lenin de Ciencias Naturales una teoría inadmisible para la intelitgenzia stalinista: que Charles Darwin fue un poeta que, con el producto de sus investigaciones, se proponía escribir una imposible “Novela del Mundo”, de la cual “El origen de las especies” resultaría un flaco resumen.
Por el primero y el tercero de esos planos, ya dimensionamos las dificultades que, a priori, entrañaba para el autor su proyecto literario: las de jugar (pero jugar a fondo, hasta el desparpajo) con semejantes densidades. Sin embargo, a posteriori, de la lectura de estas 466 páginas, surge claramente la explicación del triunfo obtenido sobre las mencionadas dificultades: la erudición de Mazal en los temas que aborda, temas muy variopintos, históricos –por supuesto–, científicos, artísticos (en particular literarios y musicales), etc. El autor hasta se vale de una leyenda mapuche para encontrarle a Darwin la amante inolvidable que pide la historia, y lo hace con la resolución y el premio de los que no tocan de oído.
En la novela hallamos todos o casi todos los condimentos que podemos pretender como veteranos consumidores del género.
Así escribe. Fragmento de la novela.
Fragmento: Capítulo “Dios y el diablo, el candomblé”

La rubia que lo mira insistente mientras samba y sacude sus pechos inmensos como dos bolsas que vuelven del mercado repletas de fruta, no entra obviamente en esa categoría de inconquistable, al menos no lo parece. Earle se le arrima con la botella en la mano, como para sondear las posibilidades de no irse sin compañía femenina del terreiro y estar seguro esa noche de conquistar al menos lo conquistable. Pero la mujer se le va literalmente de las manos porque Exú diablo se anticipa a Earle y se mete adentro de la rubia (que no parece brasilera sino más bien polaca de Wroclaw o de Cracovia) no como hacemos los hombres para entrar en las mujeres, seleccionando alguna vía más o menos franca de ingreso, sino como hacen los diablos, por todos los poros, y ella en cuanto queda embebida de diablo acelera los movimientos y sube el volumen de su canto y se va sacando a los tirones la ropa que le queda, suelta así y desparrama sus frutas colgantes y todos los otros la imitan, así que pasa a verse en la rueda una gran variedad de peras y mamones oscilantes, bananas y bananitas, toronjas y toronjitas, incluso ciruelas y hasta alguna pasa de uva, aunque ellos y ellas, a diferencia de la polaca, sigan siendo ellos y ellas, y así quedan todos desnudos y con sus frutas al aire, a la luz de las velas, gritando y saltando alrededor de la mujer rubia que ya no es la mujer rubia porque es a medias Exú. Nadie sabe bien por qué el coro de confundidos ahora grita: “¡Ar-chim-boldo! ¡Ar-chim-boldo!”.
De pronto la Rubia-Exú-Nada cae redonda en el medio de la sala y allí queda dura, paralizada. La vieja feticheira hace un rezo, desnuda también ella y al son del atabaque de Pixinginha y del entrechocar de sus propios collares, que rebotan y se pierden entre la frutería avasallante de esos pechos que le cuelgan pletóricos de volumen pero algo agrietados y desinflados, balanceándose hasta llegar más abajo de la cintura, en un vaivén que no acompaña exactamente el ritmo de la percusión porque en general la inercia juega malas pasadas y desfasa la frecuencia de oscilación de las tetas y la de los compases del atabaque. Los inmensos pechos, además de adquirir movimiento propio, asumen para los espectadores una especie de sofisticada belleza, quizá debido a la expectativa que crea el balanceo de cada uno de esos dos péndulos ovoides y enloquecidos, que terminan de todos modos volviendo siempre al punto de equilibrio tras dibujar arriesgadas circunvoluciones parecidas a las de los planetas en toda la trayectoria del samba de tía Ciata alrededor de la polaca, que está gozando de sus cinco minutos de fama porque es el sol del sistema del terreiro por unos instantes. Si alguno supuso que esos pechos en el momento de mayor frenesí exagerarían su inercia y autonomía y se liberarían definitivamente de la tía Ciata después de un molinete final a modo de saludo y de postrer impulso tras lo que saldrían a volar juntos como una inmensa y fláccida boleadora, se equivoca, ahí se quedaron, atados a ella y expuestos nada más que a las leyes de la física en sus arriesgados movimientos, como cualquier otro objeto ya sea pequeño o grande de este mundo, pero siempre retornando al dulce hogar, el plexo de la tía Ciata. Minutos más tarde la polaca se levanta y la tía continúa su baile con ella, que ahora ya es un poco más exú que mujer, y que enseguida queda otra vez en el centro, sobre la alfombra, ahora gimiendo y largando espuma por la boca mientras todos se acercan a adorarla y tocarla y besarle el cuerpo empapado en un sudor que sabe tanto a cachaça que algunos lamen y otros hasta beben de los surcos que se forman en ciertos pliegues de su cuerpo. No se sabe bien a esta altura si la rubia tan frenéticamente manoseada y revolcada y chupada y lamida y bebida y a veces hasta mordida por todos grita por endiablada o por satisfecha, quizá porque la diferencia es minúscula.










