Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

La injusticia del hambre

Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hubo un aumento en la cantidad de personas que sufren hambre en los países latinoamericanos. Así lo sostiene el estudio titulado “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe”, recientemente publicado, que contiene las conclusiones del trabajo de campo realizado por la FAO con la colaboración de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

El sondeo advierte que en la región 42 millones de personas, es decir dos millones más que en 2015, no tienen asegurado un plato diario de alimentos. Lo más grave es que el problema, según esta investigación, no radica en la falta de alimentos sino en las dificultades que tienen las familias para acceder a ellos. Expertos en la lucha contra el hambre observan que esta falta de acceso está directamente relacionada con el modelo de negocios que se impuso en los últimos años en la agricultura de la región de la mano de las grandes multinacionales del agro que impulsan el empleo de los transgénicos. Frente a este sombrío panorama, la propia FAO plantea la necesidad de generar nuevos vínculos entre los alimentos, el medio ambiente y la agricultura. Dicho de otro modo, la organización internacional considera que es necesario cambiar la forma en que se producen los alimentos de modo tal que se garantice el acceso a las familias más vulnerables, apoyando más a los pequeños y medianos agricultores.

Por otra parte, el estudio revela que en el año 2016 en Sudamérica el hambre ya afectaba al 5,6 por ciento de la población (11,6 millones de personas), mientras que en el Caribe al 17,7 por ciento. Llama la atención que en países como Brasil, Cuba y Uruguay, en tanto, se presente una “prevalencia de subalimentación” inferior al 2,5 por ciento; mientras que Argentina, Barbados, Chile, México y Trinidad y Tobago estén bajo el 5 por ciento, siempre según este estudio de la FAO y la OPS. Otro dato que da cuenta de la dolorosa situación que viven muchas familias es el que revela que el 11 por ciento de los niños menores de cinco años padece desnutrición crónica.

El informe advierte también que el sobrepeso y la obesidad afectan a todos los grupos de edad en hombres y mujeres, y constituye un problema de salud pública en todos los países de la región. El 7,4 por ciento (2,5 millones) de los niños menores de cinco años en Sudamérica sufre de sobrepeso y obesidad. En ese sentido, el informe observa que “el consumo de productos ultra-procesados está directamente relacionado con el incremento del sobrepeso y obesidad”. Al opinar sobre este problema, el representante regional de la FAO, Julio Berdegué, dijo que los países de la región no deberían actuar con pasividad frente a los preocupantes niveles actuales de hambre y obesidad, “ya que paralizará a toda una generación de latinoamericanos y caribeños”. Para Berdegué, la principal causa del hambre está relacionada con los obstáculos que tienen las personas de menores recursos para comprar o producir los alimentos que necesitan.

Es cada vez más evidente que, en un mundo que posee la tecnología adecuada y produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial de más de 7 mil millones de personas, la solución al flagelo del hambre se demora por la falta de voluntades en los más altos niveles de decisión para luchar a fondo contra las injusticias que hacen que las personas que viven en la extrema pobreza no puedan disponer de los recursos mínimos para comprar un plato diario de comida. Además, los niños que crecen en esos entornos están condenados a sufrir desnutrición crónica, sin poder salir del círculo vicioso que hace que los pobres sufran hambre y, al mismo tiempo, que sea el hambre el lo que los mantiene en la trampa de la pobreza. En nuestro país, el desafío es enorme porque, como señaló hace poco la Conferencia Episcopal Argentina, buena parte de la población sufre los condicionamientos de la pobreza y por eso resulta imperioso que se trabaje sin pausas para comenzar a revertir las situaciones de marginación de muchos argentinos.

Te puede interesar