Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°
Crimen organizado con caracteres globales

Las nuevas mafias que proliferan en Italia

“El capitalismo es una mafia legal y la mafia es un capitalismo ilegal”, afirman Darío Betancourt y Marta García en su trabajo “Los cinco focos de la mafia colombiana”. La definición sirve de hilo para echar un vistazo al laberinto del nuevo fenómeno mafioso italiano, que reúne la tradicional actividad de asociaciones criminales peninsulares con protagonistas globalizados provenientes de los cinco continentes.

   En la Italia de fines del siglo XIX la recién nacida nación capitalista se asociaba con el feudalismo meridional para unificar a sangre y fuego su territorio de explotación. Desde mucho antes, las “mafias” originales surgieron como asociaciones que propendían a la autodefensa mediante el ejercicio autónomo de la ley. Con esa práctica y esa base de recursos, se adaptaron a la nueva situación, derivando hacia el crimen organizado. Los asociados se llamaban a sí mismos “mafiosos”, hombres de honor, donde “honor” refería al hecho de honrar un código de deberes y prácticas comunes.

Multinacionales

   Roberto Scarpinato, procurador general de la Corte de Apelaciones de Caltanissetta, en el corazón de Sicilia, presentó recientemente al Parlamento europeo un trabajo titulado “Hacia una estrategia europea para combatir el crimen organizado trasnacional”. Afirma que “Uno de los principales obstáculos para el desarrollo de una estrategia eficaz contra la propagación de la criminalidad organizada a nivel mundial está constituido por los prejuicios culturales que continúan dominando a la opinión pública y a los políticos de muchos países”.

   “El primer prejuicio cultural ─sostiene Scarpinato─ es creer que el crimen organizado, aunque constituye un peligro a tener en cuenta, todavía es algo propio de pequeñas minorías de individuos que trabajan en los sórdidos submundos de la mala vida, en un mundo separado, diferente de aquel en el que nosotros, honestos ciudadanos, vivimos todos los días”.  

Retroalimentación

   Y declara, contundente: “El mundo de la delincuencia transnacional y el de la gente normal son dos caras de la misma moneda” que “se alimentan mutuamente. Aquello que creemos combatir fuera de nosotros está dentro de nosotros, en nuestra vida cotidiana. (…) basta con considerar que el crimen organizado ofrece una variedad de bienes y servicios ilegales a los consumidores que lo consienten. Proporciona drogas, seres humanos para la prostitución, la esclavitud y la explotación laboral, las armas y la pornografía infantil”.

   Dicho esto, se comprende que al igual que las empresas legales, las mafias evolucionan y se adaptan a los cambios de la economía formal, a la que parasitan y al mismo tiempo retroalimentan con sus inversiones. Un reciente cable de la agencia de noticias Ansa, titulado “Pentacamorra, il nuovo ordine” (Pentacamorra, el nuevo oden) relata un fenómeno conocido desde hace años por la policía italiana: el ecosistema mafioso peninsular es más complejo y se nutre cada vez más de bandas importadas.

Multicultural

   Las nuevas mafias descriptas en el reporte vienen del extranjero: cultistas nigerianos, criminales georgianos, mafiosos chinos, bandas latinas, patotas albanesas. De exportador de mafias, Italia se ha vuelto importador de delincuentes organizados. Así como las grandes empresas del capital trasnacional llevan décadas tercerizando sus actividades, las cuatro grandes mafias italianas –la siciliana Cosa Nostra, la napolitana Camorra, la calabresa ‘Ndrangheta y la pugliese Sacra Corona Unita- optaron por mecanismos similares.

   Los objetivos de mafiosos y empresarios persiguen fines esencialmente idénticos: ahorrar costos operativos y, sobre todo, eludir problemas: con los sindicatos, con los marcos regulatorios, con la policía, con la mano de obra, con la Justicia. Las mafias tradicionales italianas están desde siempre plenamente integradas en los principales sectores de la economía formal. Participan en las grandes licitaciones e invierten en negocios legales de todo tipo, y acuerdan con otros grupos criminales (como la Cosa Nostra con los cultistas nigerianos) la distribución de sus drogas.

Evolución (?)

   En otros casos, si no colaboran directamente, convienen la distribución y uso de sus territorios. Las viejas mafias no abandonaron completamente las tradicionales actividades mafiosas, pero evolucionaron: condicionadas y al mismo tiempo aprovechando las dinámicas del capital globalizado, las corrientes migratorias y las políticas públicas aperturistas, adaptan sus formas de obtener y blanquear ingresos. A continuación, una breve descripción de las principales bandas mafiosas en auge en la península itálica.

Societá Foggiana

   Domina la Apulia (región del “taco” de la bota italiana), y sus actividades principales son el narcotráfico, la extorsión a constructoras, y asaltos a camiones blindados. Se formó a partir de los clanes de la Camorra que en los 70 expandieron operaciones desde la Campania hacia Apulia. La Societá Foggiana, que se ha beneficiado de la diáspora de la Sacra Corona Unita, combina nuevas formas empresariales con atávicas reglas de omertá y venganza.

 Aunque concentra su actividad en su región de origen, recientemente se han documentado varias incursiones en el rico norte italiano, donde asaltan bancos y empresas para retornar luego a su feudo sureño. Aunque se distingue de las mafias extranjeras por su profunda implantación en el territorio y por su control directo sin depender de otros grupos mafiosos, cada vez amplía más sus pactos operativos con bandas foráneas. Mantienen relaciones fluidas con la mafia albanesa para el tráfico de drogas y de armas, desde y hacia el Este.

Bandas Latinas

   Operan principalmente en barrios periféricos de grandes ciudades, como Milán, Génova, Roma o Perugia, donde dominan la venta de droga, los robos y la extorsión. Desde 2015 los medios italianos registran delitos cometidos en esos ámbitos por miembros de la salvadoreña Mara Salvatrucha (MS13). No es extraña la presencia de esta banda en un país que tiene la comunidad salvadoreña más numerosa en Europa, unas 40.000 personas. La policía calcula que los pandilleros podrían ser de 2.000 a 2.500, contando a los salvadoreños y también a los ecuatorianos de las bandas Barrio 18, Latin Kings, los Ñetas y los Trinitarios.

   Estas bandas están por ahora limitadas a sus lugares de residencia, donde actúan como “agentes de venta” de sus matrices americanas, de las que imitan los rituales de iniciación para aspirantes y las rivalidades brutales entre grupos. Aún no representan problemas de seguridad pública más allá de sus barrios, sobre todo por sus dimensiones reducidas en comparación con el gran capital ilegal y los contactos políticos y judiciales que tienen otras mafias. Son las hermanitas pobres de los grandes grupos criminales.

Mafia Georgiana

 Opera en todo el territorio italiano, especialmente en el Lazio, dominando toda la costa portuaria romana, y en la Apulia. Se especializan en robos domiciliarios, tráfico de drogas y ciberdelincuencia. Su expansión internacional creció exponencialmente desde 2004, cuando el nuevo gobierno de Mikheil Saakashvili usó a estas mafias como apoyo para su asalto al poder en esa exrepública soviética. Su dinámica operativa está marcada por las numerosas conexiones transnacionales que han tejido. En 2016, una operación contra la mafia georgiana en España terminó con una orden de detención contra su líder, residente en Italia.

   Las autoridades italianas consideran que la implantación de esta mafia en la península es casi exclusivamente operativa, recogiendo ingresos para remitirlos a fondos de inversión de cada clan (los obschak). Envían lo recaudado a Georgia y a Rusia, donde tienen redes de blanqueo que incluyen a empresas y bancos de todo el antiguo espacio soviético, ahora penetrado por la actividad capitalista. Se registraron acuerdos de los georgianos con la ‘Ndrangheta para asaltar mansiones con técnicas de blitzkrieg. También capturan páginas web de comercios para exigir rescate a cambio de su “liberación”.

Mafias chinas

   Sus actividades se extienden por el centro-norte (Lazio, Toscana, Lombardia, Emilia-Romagna) y Sicilia, y se diversifican en la extorsión, la trata de personas, la prostitución, el narcotráfico, la falsificación comercial y el juego. Aparecieron hace unas dos décadas, de la mano de las etiquetas falsas “Made in Italy” en textiles baratos importados de China, con los que inundaron el antiguo emporio industrial textil de Prato, en la periferia florentina. Actualmente, los chinos residentes en la ciudad son unos 50.000, 30% del total de habitantes.

   Las condiciones de trabajo en las textiles chinas de la ciudad rozan en muchos casos la esclavitud, lo que delata la “extrema tolerancia” de las autoridades de aplicación del derecho laboral italiano. El modelo se ha reproducido exitosamente en otras regiones: en 2016 se registraban en toda Italia unas 49.000 empresas de propietarios chinos, sobre todo en Toscana, Lombardía y Véneto.

   Las mafias chinas, las Triadas, originalmente dedicadas a la extorsión de sus compatriotas en Italia, con el tiempo han controlado gran variedad de negocios, de fachada legal, con los que blanquean dinero. Rápidamente contactaron con la Camorra napolitana para expandir velozmente la importación desde China de productos falsificados, o no. Su rango de actividades aumentó: prostitución, casinos ilegales y producción y venta de drogas sintéticas. Los investigadores detectaron que la mayoría de los ingresos se transfieren a China, donde se reinvierten en industrias legales, aprovechando su política liberal para la radicación de capitales. El sitio preferido para sus grandes operaciones de lavado de dinero es el país de San Marino, definido como “agujero negro” en la jurisdicción italiana.

Cultistas Nigerianos

   Se dedican centralmente a prostitución, drogas, estafas online y extorsiones en Piamonte, Lazio, Puglia y Sicilia. Se los llama así por los rituales, entre ellos el vudú, que realizan sus miembros y las prostitutas callejeras a las que explotan. En Palermo, hace pocos meses, se realizó una gran operaciones contra el grupo Black Axe (Hacha negra), que estaba subcontratado por la Cosa Nostra para controlar el menudeo de droga en las calles de esa y otras ciudades sicilianas.

   Las autoridades documentaron en esa ocasión actos de extrema violencia usando hachas, botellas rotas o barras de hierro, porque su acuerdo con la Cosa Nostra establecía que no debían usar armas de fuego en su territorio. Su último acuerdo comercial con esa vieja mafia incluye la gestión comercial del tráfico de personas que llegan a las costas italianas. Se calcula que explotan entre 14 y 18 mil prostitutas en toda Italia, aunque precisamente el acuerdo de trata de personas con la Cosa Nostra aumenta día a día esos números en forma exponencial.

Te puede interesar