Vuelven a las aulas las pruebas Aprender
Dentro de exactamente una semana, es decir el próximo martes, más de un millón de alumnos de 5º y 6º año de escuelas secundarias y de 6º grado de primarias de todo el país participarán de la evaluación nacional “Aprender” que organiza el Ministerio de Educación de la Nación. Es la segunda edición de esta prueba que se lleva a cabo para medir los conocimientos de los estudiantes en lengua y matemática, en el nivel medio, y en ciencias naturales y ciencias sociales, en el primario.
En esa misma jornada, además, del total de la población estudiantil del nivel primario se tomará una muestra de 7.000 alumnos de 4º grado para evaluar su capacidad para producir un texto escrito. Según informaron las autoridades de la cartera educativa nacional, a diferencia del año pasado, el resto de los alumnos de las 31.300 escuelas de todo el país que no participan de estas evaluaciones tendrán que asistir a clase con normalidad. En total, participan de esta prueba 1.210.620 estudiantes, que serán evaluados por 92.730 docentes de escuelas públicas y privadas de todo el país. Se espera que los resultados se conozcan a partir de marzo del año que viene, en forma gradual y progresiva.
Los resultados de la edición anterior de esta evaluación no fueron para nada alentadores: quedó demostrado que siete de cada diez alumnos que están a punto de terminar sus estudios secundarios no tienen conocimientos básicos de matemática y quienes egresan -que es sólo la mitad de quienes ingresaron al nivel medio- tienen serias dificultades para entender los textos que leen. Con la evaluación que se tomará este año a los alumnos de 4º grado de escuelas primarias, la cartera educativa nacional se propone observar cuál es la capacidad de los chicos para elaborar textos y conocer el nivel de dominio de la ortografía, la puntuación y legibilidad, entre otros aspectos. Este monitoreo periódico del sistema educativo permite tener una idea más aproximada de cómo marcha el proceso de enseñanza aprendizaje en todo el país y qué tan lejos o cerca de está de lo que se considera un nivel de calidad aceptable en la educación.
Claro que, como todo instrumento de medición en un área tan sensible como la educación, las pruebas “Aprender” tampoco están exentas de controversias. En ese sentido, debe señalarse que algunos gremios docentes nacionales plantearon objeciones a la evaluación por considerar que no hubo un debate previo con la participación de las organizaciones que representan a los trabajadores de la educación.
Pero en algo están de acuerdo todos actores del sistema educativo: la escuela debe ser cada vez más inclusiva y generadora de oportunidades para los niños, adolescentes y jóvenes de todos los rincones del país. Como objetivo, este enunciado suena más que ambicioso, pero la experiencia demuestra que se necesitan varios años, decisión política en el más alto nivel, consensos y constancia para generar las transformaciones de fondo que necesita la educación argentina para ser de calidad. No se puede negar que, en pleno siglo XXI, las evaluaciones son un instrumento indispensable para mejorar al sistema educativo y para valorar el impacto de las políticas públicas en el sector. Pero no debe olvidarse que el sistema educativo argentino tiene una enorme complejidad, y que varía de acuerdo a la zona del extenso territorio nacional donde un alumno vive el proceso de enseñanza aprendizaje. No es lo mismo estudiar en una escuela de algunas de las zonas más ricas del país, que asistir a clases en algunas de las miles de escuelas rurales que pueblan el interior. El desafío pasa por acortar la brecha abismal que separa la experiencia educativa entre unas y otras.
Es de esperar que los resultados que arroje esta evaluación sean leídos con una perspectiva federal y con interés por solucionar los problemas más acuciantes que padecen muchos establecimientos educativos del interior profundo del país que , entre otras cosas, carecen de una infraestructura edilicia mínima que permita garantizar el derecho a la educación.










