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Catalina, la madre de los milagros

Miles de feligreses de Córdoba y de todos los rincones del país se preparan para celebrar la beatificación de la religiosa Catalina de María Rodríguez, conocida popularmente como Madre Catalina, en una ceremonia que se realizará el 25 del mes próximo en la capital de la provincia mediterránea. Luego de analizar pormenorizadamente la vida y la obra de la monja, el Vaticano reconoció oficialmente como milagro la sorprendente recuperación de una mujer que había sufrido muerte súbita en el año 1997 y cuyos familiares habían rogado por la intercesión de la fundadora de la Congregación Esclavas del Corazón de Jesús.

El milagro que se atribuye a la Madre Catalina tuvo como protagonista a Sofía Acosta, una tucumana que hace 20 años sufrió un ataque cardíaco cuando estaba en su casa y que a pesar de los esfuerzos de su familia para trasladarla sin demoras a una clínica, llegó sin vida al centro de atención médica. Según consta en los informes médicos de la época, Acosta había estado cerca de 20 minutos sin que su corazón latiera y sin que llegara oxígeno al cerebro. Ante esa situación, el personal de la clínica comunicó a la familia que no había nada más que hacer, pero Eugenia Valdez, la hija de Acosta, pidió a los médicos que insistieran con las maniobras de reanimación, a la vez que rogaba a Catalina para que salvara a su madre. Según el relato de Valdez, que por estos días vuelve a evocar aquellos difíciles momentos, inexplicablemente el corazón de Sofía comenzó a latir de nuevo y aunque el pronóstico de sobrevida era mínimo, en solo 24 horas logró una increíble recuperación. La protagonista del milagro hoy tiene 78 años y vive en forma saludable sin ninguna secuela de aquel traumático episodio en el que los médicos la declararon muerta.

Sin una explicación lógica que permita entender cómo fue posible la recuperación, el caso de Sofía Acosta llegó hace unos años hasta la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano, el organismo encargado de estudiar minuciosamente toda la documentación que la Iglesia Católica exige para que una persona pueda ser beatificada o declarada santa por el Papa. Allí, un equipo de teólogos y especialistas evaluó los informes y testimonios para luego dar el veredicto positivo que abrió las puertas al proceso de beatificación.

La Madre Catalina tiene, como se dijo, miles de devotos. La mayoría de los creyentes que invocan su figura viven en Córdoba. En esa provincia nació la religiosa en 1823, en una época donde la educación y el protagonismo en la vida de la comunidad estaban reservados exclusivamente para los varones. Pero a pesar de esos impedimentos, Catalina logró destacarse y a los 17 años descubre su vocación de consagrar su vida a Dios. En ese momento no puede canalizar esa aspiración porque en Argentina y sus alrededores solo había conventos de clausura. A los 29 años se casa con el Coronel Zavalía, viudo con dos hijos. Su marido fue nombrado edecán del presidente Derqui y se van a vivir a Paraná, donde tienen una hija que muere al nacer. Regresan a Córdoba y tiempo más tarde Catalina queda viuda. Allí, a los 42 años renace su primera vocación y comienza a tomar forma su idea de formar una comunidad al servicio de las mujeres más vulnerables para catequizarlas, enseñarles a trabajar y vivir con ellas. Luego, el 29 de septiembre de 1872 en nacen la congregación Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, la primera comunidad de vida apostólica de la Argentina.

Esta semana, el arzobispo emérito de Mendoza y delegado en nuestro país para las Causas de los Santos, monseñor José María Arancibia, explicó que se reconoce a una persona como santa o beata “cuando ha practicado las virtudes cristianas con un gran esfuerzo, superando dificultades, superando el tiempo y la adversidad o los obstáculos que le ha podido traer la vida”. Por eso, para beatificar a una persona, el Vaticano realiza un análisis detallado de su persona, su entorno, sus actos, sus dichos, sus escritos, la opinión de la gente con la que convivió. “Ese es el estudio que se hace para presentar a una persona diciendo: su vida fue realmente virtuosa en grado supremo‘, agrega Arancibia.

En un mundo que parece cada día más alejado de los actos heroicos, figuras cercanas al pueblo argentino como la Madre Catalina o el cura Brochero, son un ejemplo para quienes creen que es posible construir, con esfuerzo y dedicación, comunidades más justas y solidarias.

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