La paradoja del hambre en un mundo de abundancia
Tras un descenso prolongado registrado en la última década, el drama del hambre parece estar aumentando de nuevo en el mundo. Así lo advierte el informe titulado “El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2017” que acaba de ser publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el organismo especializado de la ONU que promueve actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre.
Este valioso trabajo de recopilación de datos que refleja el grave problema del hambre a nivel global fue realizado con la colaboración de expertos de la FAO y de otras cuatro organizaciones de las Naciones Unidas -el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS)-, dando como resultado un voluminoso y detallado informe de 144 páginas. Según este estudio, el número de personas subnutridas aumentó a 815 millones en 2016, en comparación con los 777 millones de 2015. Los expertos señalan que gran parte de este aumento de la inseguridad alimentaria puede atribuirse al mayor número de conflictos en distintas partes del mundo, que en muchos casos se han visto agravados por fen ómenos vinculados con el cambio climático. El informe advierte que, lamentablemente, la seguridad alimentaria también empeoró en algunos países donde no se registran conflictos armados debido a que la desaceleración económica dificulta el acceso de las familias más pobres a los alimentos.
Por otra parte, se observa que esta preocupante tendencia de la subalimentación todavía no se refleja en los niveles de desnutrición infantil crónica (retraso del crecimiento), que siguen disminuyendo, aunque a un ritmo más lento en varias regiones. A pesar de su disminución, en 2016 la desnutrición infantil crónica aún afectaba a uno de cada cuatro niños menores de cinco años, esto es, 155 millones de niños. En algunas regiones, el retraso del crecimiento afecta a una tercera parte de ellos. De esta manera, la desnutrición infantil aguda continúa siendo una amenaza para la vida de casi 52 millones de niños en todo el mundo.
El estudio revela también que casi una tercera parte (33%) de las mujeres en edad fértil en todo el mundo sufren de anemia, lo que también pone en peligro la nutrición y la salud de muchos niños. Además, el sobrepeso en niños y la obesidad en adultos están aumentando en todo el mundo, incluso en los países de ingresos bajos y medianos; a lo que debe agregarse que hay distintas formas de malnutrición que coexisten, y países que registran simultáneamente elevadas tasas de desnutrición infantil y obesidad en adultos.
Es una gran paradoja que millones de familias no puedan acceder a un plato de comida diario en un mundo que, como nunca antes en la historia de la humanidad, genera suficiente cantidad de nutrientes para alimentar a toda la población del planeta. Tanto es así que un tercio de toda la comida que se produce en el mundo y que todavía es apta para el consumo humano va a parar a la basura. Parece que la falta de conciencia y el desinterés por solucionar este grave problema no tiene fronteras y es por eso que los principales eslabones de la cadena agroalimentaria desperdician toneladas de alimentos en buen estado en lugar de redistribuirlos entre las personas que más lo necesitan, permitiendo de esa manera que el despilfarro gane la batalla contra el hambre.
Se está frente a un drama global al que tampoco escapa la Argentina: se estima que en nuestro país se tiran a la basura cerca de 16 millones de toneladas por año, de las cuales se considera a un 90 por ciento como pérdidas y un 10 por ciento como desperdicio. Así se desprende del informe titulado “Hacia la reducción de pérdidas y desperdicio de alimentos en Argentina” elaborado por Agroindustria de la Nación. Debe coincidirse con el representante de la FAO para América Latina, Julio Berdegué, cuando sostiene que los países de la región solo podrán ganar la batalla contra el hambre si la ciudadanía toma conciencia de que tener poblaciones hambrientas es una afrenta a la dignidad humana y una marca vergonzante para nuestras sociedades en pleno siglo XXI.










