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Los discos rígidos pueden ser micrófonos ocultos

Fue un francés, León Scott, quien realizó la primera prueba de grabación de la que se tenga constancia, en 1860. El investigador buscaba captar las ondas sonoras de la voz humana y capturarlas en forma visual sobre papel ahumado. La pretensión de Scott no era grabar el sonido en sí, sino estudiar las ondas en el papel, ver una representación gráfica del audio.

La ciencia superó la ficción cuando en el año 2008 las grabaciones de Scott que se guardaban como gráficos interesantes en un museo, fueron escuchadas por primera vez gracias a un complejo programa informático desarrollado por la Biblioteca del Congreso de los EEUU. Esta milagrosa restauración obtuvo 10 segundos de una vieja melodía francesa interpretada por una mujer, “Au claire de la lune, Pierrot respondit” (A la luz de la luna, Pierrot respondió). 

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Con equipos al alcance de cualquier aficionado es posible decodificar impercetibles muestras magnéticas que deja el sonido ambiente sobre el material de un disco rígido. Sólo hay que saber dónde buscar.

El proceso cobró vigencia nuevamente con la “arqueoacústica”, rama de la ciencia que propone con bastante asidero que es muy probable que -de alguna manera- hayan quedado registrados sonidos en la alfarería antigua fabricada en tornos giratorios.

Esta idea se remonta a 1888, cuando Thomas Edison logró plasmar sonidos en una lámina de estaño y posteriormente en cilindros de cera. Son muchos los científicos que están convencidos de que la arcilla húmeda prehistórica guarda sonidos aunque -como en el caso de Scott- tal vez haya que esperar a que la ciencia supere a la ficción hallando un método de lectura.

La “loca idea” de inmediato ganó la curiosidad del mundo informático, ya que es muy posible que muchos de nuestros soportes magnéticos de información estén haciendo registros de todo lo que “oyen” sin proponérselo. Ante esta posibilidad se desarrollaron varios experimentos alrededor del mundo con resultados que se guardan como secreto de estado. Un reciente trabajo del investigador Alfredo Ortega presentado en la última edición de la conferencia Ekoparty realizada en Buenos Aires, demostró que una computadora puede compartir algunos detalles de su entorno, convirtiendo a los cabezales del disco duro en “púas” capaces de registrar el sonido en el material magnético o actuar como micrófonos ocultos.  

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Con electrónica básica y mucho conocimiento es posible recuperar datos grabados aleatoriamente en discos rígidos mecánicos.

Un disco que sabe demasiado

Muchos componentes de las computadoras fueron diseñados sin considerar el factor de seguridad. Para citar un ejemplo, el creador del primer teclado inalámbrico ni se imaginó que existe la posibilidad de interceptar los datos ingresados. Sin embargo, hoy es una realidad que sólo requiere la pieza exacta de código, y 15 o 20 dólares en equipos que se compran en cualquier casa de electrónica.

Todo cambió en seguridad. Ahora hay expertos de muy alto nivel que pueden “hacer hablar” a computadoras quemadas, borradas y rotas y a sus accesorios. La técnica SPEAKE(a)R de la Universidad Ben-Gurion de Tel Aviv, transforma altavoces y auriculares en micrófonos que pueden grabar su entorno, almacenarlo y enviarlo por Internet.

Eso ya existe, pero ¿qué pasa con aquellos que por desconfianza desconectaron todos los parlantes y micrófonos de la PC?, ¿acaso ellos también estén expuestos? Ortega demostró en un documento (publicado en la red) que existe un método para convertir a un disco duro en micrófono.

De acuerdo con la descripción, los sistemas operativos habilitan temporizadores (timers) de muy alta precisión sin solicitar privilegios elevados. Esto permite medir el tiempo de respuesta de una tecla o una pieza de programa, como la del cabezal de un disco duro durante una operación de lectura. Ese cabezal es muy sensible a vibraciones y son estas las que quedan “marcadas” en el material magnético y pueden ser reveladas e interpretadas con la ayuda de la tecnología necesaria. Por tanto, es posible reconstruir hasta cierto punto los sonidos que un disco duro recibe.

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La demostración hecha por Ortega en Buenos Aires reveló nuevas vulnerabilidades de seguridad de las computadoras.

Ortega también demostró que con la frecuencia de resonancia correcta se puede “noquear” al disco duro (usualmente a 130 Herzios). Linux desconecta por completo un procesador si su disco duro es sometido a esta frecuencia por más de 120 segundos. Hay en la red demostraciones de estudiantes gritándoles a los discos duros de un servidor como antiguamente las cantantes de ópera lo hacían a las copas de cristal, pero en vez de romperlos inducen latencia por confusión al disco rígido, y son capaces de volver extremadamente lento el sistema.

Lo revelador de Ortega es que se maneja con elementos que podrían definirse como “caseros” en el mundo informático, pero es una alerta significativa que ya es estudiada por las empresas más grandes que no quieren venderle un “espía en casa” a sus clientes, entre los que están gobiernos y agencias de seguridad.

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