En los servicios más importantes, comprometerse se vuelve un problema
María Escobar ya conoció el infierno del peor de los dolores. En junio de 1999 falleció su hijo Sergio, a los 19 años, víctima de una enfermedad inmunológica que padecían menos de diez personas en todo el mundo. Cuando, siendo todavía un bebé, los médicos detectaron cuál era el mal que padecía, le pronosticaron una sobrevida de poco tiempo más. Pero el formidable batallar de María y las ganas de vivir de Sergio llevaron los límites mucho más lejos.

Tras la muerte del muchacho, María sintió que su mundo se derrumbaba. Sin embargo, su ímpetu y sus ganas de ayudar la rescataron del abismo. Fundó la asociación Apostando a la Vida, para trabajar desde allí ayudando a familias que como la suya- debían lidiar con las burocracias de todos los estamentos para poder atender cuadros sanitarios críticos de seres queridos.
Más cerca en el tiempo, María comenzó a trabajar como personal del Hospital Perrando, y allí también no tardó en destacarse su pasión por la ayuda al prójimo. Sobre todo se fue dedicando a la situación de las mujeres que dan a luz en el principal centro sanitario estatal de la provincia.
Muchas de esas mamás llegan al hospital con historias personales muy duras, marcadas por la pobreza. Ni siquiera tienen dinero como para comprar las primeras ropitas de los hijos que darán a luz. La oenegé de María, frente a eso, realizó innumerables campañas para recibir prendas y pañales donados.
Pero en nuestro país, comprometerse tanto con las personas que pasan por los servicios más sensibles del Estado puede convertirse en un problema. Y es lo que le pasó a María Escobar.
Mejor esconder
La desgracia de María comenzó a gestarse cuando posó su mirada inquieta sobre la situación de las madres que pasan meses viviendo en el hospital porque sus bebés permanecen internados en el nosocomio. Se trata, en general, de mujeres que residen en el interior y que deben permanecer en el Perrando porque dieron a luz hijos muy prematuros, que por esa circunstancia deben estar en la sala de neonatología dentro de incubadoras o bajo el sistema de “mamás canguro” hasta lograr el desarrollo mínimo necesario que permita darles el alta médica.
Para alojarlas, las autoridades autorizaron que se convirtiera en albergue a lo que había sido la morgue del viejo hospital, una edificación de cien años. Prácticamente lo único que se hizo para “adaptar” esas instalaciones fue colocar camas dentro de ellas. Por lo demás, el sitio mantuvo su aspecto lúgubre y su brutal degradación.
María le cambió la cara y el alma a ese lugar. Encaró una campaña solidaria para conseguir todo lo necesario para pintar y reparar el edificio. Incluso logró que un artista orientara a las mamás para que ellas mismas pintaran un mural en su nuevo hogar obligado. Cuando NORTE acudió a ese sitio para retratar los cambios, ellas se veían felices, e infinitamente agradecidas con María.
Es que ella también les consiguió una máquina de coser para que hagan ropitas para sus bebés, telas, e incluso algo de comida, porque la que les sirven en el hospital la misma que padecen los pacientes internados en los distintos pabellones- es directamente intragable.
Pero por supuesto que eso irritó a las autoridades del hospital y del Ministerio de Salud. En el Chaco siempre es mejor esconder que mostrar, negar que reconocer, tapar que mejorar, censurar que cambiar.
Mundo del revés
El resultado fue que María fue convocada por sus superiores para ponerla al tanto de que sería trasladada a otro lugar por alterar la calma perfecta del hospital. Todo el sistema de salud de la provincia hoy es así. Hace unas semanas la asociación benéfica Achasodia denunció que no se está cumpliendo con la provisión de insulina a diabéticos, algo confirmado por decenas de testimonios de pacientes perjudicados, pero lo único que ganó la entidad fue una respuesta destemplada del ministerio que conduce Mariel Crespo.
En el caso de las mamás que se ven obligadas a vivir en el Perrando, el problema no es que la comida que les dan sea horripilante ni que esas personas ni siquiera sean provistas de elementos básicos de higiene como jabón o papel de baño, el problema es que María, cuando busca eso en la solidaridad comunitaria, lo deja expuesto. Es decir: el problema no es que algo funcione mal, sino que se sepa.
María Escobar está internada actualmente. Tuvo un pico de hipertensión que la puso al borde de un ACV. Los médicos siguen sin poder controlar su presión arterial. Su voz suena grave y apagada. Sus problemas crónicos de salud se agravaron.
Quizás ahora ella aprenda la lección. Quizás María aprenda que en esta provincia nuestra tan llena de funcionarios brillantes, tener un corazón no le juega nada, pero nada, a su favor.










