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La energía: fuerza que impulsa al mundo

La energía impulsa y condiciona nuestro diario vivir, mueve nuestro mundo cotidiano. El hombre, a través de la historia, ha buscado incansablemente fuentes de energía de las que pueda sacar algún provecho; exploración que tal vez comenzó en la prehistoria, cuando la humanidad descubrió la utilidad del fuego para calentarse y cocer los alimentos, pasando por la Edad Media en la que construía molinos de viento para moler el trigo o se valía de norias o malacates movidos por caballos para extraer agua, hasta la época moderna en la que para ver la televisión, hacer funcionar electrodomésticos o computadoras, se puede conseguir energía eléctrica fisionando el átomo o aprovechando los rayos solares captados por paneles especiales.

Por Juan Antonio Alberto

Origen variado, futuro incierto Las fuentes de energía son procesos o elementos naturales más o menos complejos de los que los grupos humanos pueden extraer energía para desarrollar un trabajo específico o conseguir alguna aplicación.

Las fuentes de energía se pueden clasificar según su capacidad de regeneración en:

• Renovables o permanentes

• No renovables o temporales

En principio, las fuentes renovables o permanentes son las que tienen origen solar, efectivamente todos sabemos que el Sol permanecerá por más tiempo que la especie humana. No obstante, el concepto de renovabilidad resulta de la escala de tiempo que se utilice y del ritmo de uso de los recursos. Asimismo, los combustibles fósiles se califican como fuentes no renovables ya que la tasa de consumo es muy superior al ritmo de formación del propio recurso. 

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Las energías renovables

Se denominan “energías renovables” o “limpias” a aquellas fuentes energéticas fundadas en la empleo del sol, el viento, el agua o la biomasa vegetal o animal -entre otras-. Se distinguen por no utilizar combustibles fósiles –como sucede con las energías convencionales o no renovables-, sino recursos capaces de renovarse ilimitadamente. Su impacto ambiental es de menor magnitud ya que además de no usar recursos finitos, no originan contaminantes. Sus ventajas van desde la variación de la matriz energética de un país hasta el estímulo a la industria nacional; y desde el desarrollo de las economías regionales hasta el impulso al turismo. Las energías renovables son aquellas que llegan en forma continua a la Tierra y que a escalas de tiempo real se consideran inagotables. Las podemos discriminar en:

• Energía Hidráulica

• Energía Solar

• Energía Eólica

• Energía de Biomasa

• Energía Mareomotriz

Las energías no renovables

Son las que proceden de fuentes primarias, recursos del subsuelo que extraídos y transformados constituyen bases energéticas con características específicas para su consumo final. Se las considera no renovables ya que la formación de sus yacimientos ha insumido a la naturaleza millones de años que escapan a la escala de vida y apetencia humanas. 

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Son fuentes de energía no renovables:

• Los combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y derivados (gas licuado de petróleo, gasolinas-naftas, querosenos, diesel), y el gas natural, que suministran energía térmica de su combustión.

• Los minerales radioactivos, que experimentan un proceso de desintegración de sus núcleos atómicos (fisión), como el uranio y que permiten obtener energía térmica de la combustión

Energía, luces y sombras: un poco de historia…

Las fuentes de energía primordialmente empleadas, desde la Revolución Industrial hasta el presente, han sido los combustibles fósiles; por un lado el carbón para mover las máquinas de vapor industriales y de tracción como el ferrocarril e igualmente las calefacciones, y por otro, el petróleo y sus derivados en la industria y el transporte (principalmente el automóvil). Fuentes tradicionales que a partir de las postguerras, y muy especialmente con la crisis energética de los hidrocarburos en 1973, han comenzado a compartir su sitial de honor con otras como la energía eólica, hidráulica, solar, geotérmica, bioenergías, etc. Aunque, obviamente, con explotaciones a menor escala, debido a intereses propios de las grandes empresas petroleras y sus asociaciones. 

Cabe recordar que el consumo de energía está estrechamente unido al desarrollo industrial. Por eso, el nivel de consumo energético es uno de los mejores indicadores del desarrollo económico de un país. Desde el advenimiento de la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII, el aumento de la exigencia de energía, ha sido exorbitante. Además, los recursos energéticos se hallan desigualmente repartidos y, corrientemente, las principales zonas consumidoras de energía no concuerdan con las zonas productoras. Con todo esto, este modelo de desarrollo, está cercano al agotamiento de los recursos fósiles, sin posibilidad de regeneración ya que serían necesarios períodos de millones de años para su nueva formación.

En la actualidad, el agotamiento de los recursos, el derroche energético y la agresión al medio ambiente, como consecuencia de la producción energética, son los problemas que más preocupan a las autoridades como administradoras de los recursos, y a la sociedad en su conjunto como usuaria, directa o indirecta, de dicho recurso.

Esencial como el agua y el aire

Es imposible pensar la vida sin agua y sin aire, tampoco sin energía, más aún si nos remitimos a la tecnología y sus adelantos basados pues en el uso de diferentes tipos y fuentes energéticas. Cualquier actividad humana exige un determinado consumo de energía, que responde a los fines requeridos y por ello se vale un determinado tipo de recurso. El hombre ha utilizado a través de la historia diferentes tipos de energía tradicionales (fuerza humana, fuerza animal, madera, agua y viento), las que fueron siendo reemplazadas por otras más beneficiosas por facilidad de obtención, costos o rendimiento; se puede afirmar que las fuentes de energía modernas han variado a lo largo el desarrollo humano respondiendo a factores como:

• El encarecimiento de determinado recurso.

• Mayor aptitud de unas energías respecto de otras.

• Hallazgo de nuevos recursos.

• Agotamiento de las fuentes de energía.

• Menor impacto sobre el medio ambiente. La búsqueda de fuentes de energía inagotables así como el empeño de los países industrializados por consolidar sus economías nacionales moderando su atadura a los combustibles fósiles, hoy centralizados en territorios extranjeros tras la explotación y casi agotamiento de los recursos propios, los llevó al fomento de la energía nuclear y en aquellos con suficientes recursos hídricos, al aprovechamiento hidroeléctrico intensivo de sus cursos de agua.

En las últimas décadas del siglo XX se comenzó a cuestionar el modelo energético vigente, desde lo político y económico por el valor monetario y geoestratégico de estos recursos, que generan una fuerte especulación bursátil de implicancia mundial y, a su vez, son disparadores de conflictos internacionales entre países consumidores y regiones productoras, vale de ejemplo para unos y otros los Estados Unidos de Norteamérica y los países del Cercano Oriente.

Por otro lado, desde lo ambiental es objetable por dos razones; una, los problemas ambientales ocasionados por la quema de combustibles fósiles, como por ejemplos las ocurrencias de smog en las grandes urbes como Londres o Los Ángeles, o el calentamiento global del planeta según los más firmes opositores. La otra, los riesgos del uso de la energía nuclear, palpables en accidentes como el de Chernóbil, en la ex U.R.S.S.

Frente a estos riesgos se sugiere entonces el uso de energías limpias, es decir, aquellas que disminuyen fuertemente los impactos ambientales derivados, entre las que cabe citar la energía solar, energía eólica, energía mareomotriz, energía geotérmica, energías verdes como el etanol y el biodiesel, aunque estas últimas generan otras dificultades, ya que no son del todo limpias (suponen la quema de combustibles de origen vegetal), así como también ponen en el tapete el problema del hambre en el mundo y la quema o el aumento de precio de esos recursos (soja, maíz, caña de azúcar, etc.), los que podrían paliar este acuciante conflicto humano. 

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Para un futuro mejor…

Es necesario pues tomar conciencia sobre la necesidad de consumir menos energía. El progreso de nuestra sociedad puede proseguir aún disminuyendo la cantidad de energía que ocupamos para nuestras actividades. Para conseguir este propósito es ineludible impedir los derroches de energía en los hogares, en la escuela, en las fábricas y en los comercios. Entre algunas de las soluciones que pueden tomarse está la construcción de edificios sustentados en un uso más eficiente de la energía, la instalación de lámparas de bajo consumo para la iluminación, promoción de los medios de transporte públicos, el empleo más frecuente de la bicicleta o caminatas para tramos cortos, etc.

Como cierre valga el siguiente juicio: la administración de las fuentes energéticas aumenta el dominio de determinados grupos de poder en las estructuras sociales. Impidamos la supremacía sin conciencia, a veces patente, a veces encubierta, pero siempre injusta, sobre los recursos naturales. Pensemos que la puerta del futuro energético del planeta se debe abrir con tres llaves:

Ahorro.

Eficiencia.

Energías limpias.

Fuentes de imágenes:
http://www.energia.gob.ar/contenidos/verpagina.php?idpagina=3877
http://www.larutadelaenergia.org/index.asp
http://www.oni.escuelas.edu.ar/2002/SANTIAGO_DEL_ESTERO/madre-fertil/energia.htm

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