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La Página del Lunes

Voces que el viento lleva

A seis días de un nuevo acto eleccionario los ciudadanos hemos comprobado que nuestros políticos siguen atrasando y confirmando aquello de que el pueblo será quien los obligue a cambiar para que la política sea lo que debe ser, una actividad al servicio de todos.

Las campañas que siguen haciendo e intensificarán en estos días —desmesuradas para elegir apenas cuatro legisladores nacionales— mostraron muchos actos partidarios en los que solo participaron aquellos que tienen el voto cautivo por alguna prebenda o que son de ese color político desde la cuna. Así, cada partido se junta con gran despliegue de cotillón, pero está lejos de ofrecer alternativas para una vida mejor.

Los que sólo tienen puesta la camiseta argentina o del Chaco, no la de algún partido, no tienen quien los aliente, más allá de las generalidades como “vamos a defender el federalismo”, “vamos a trabajar en favor de los más necesitados”, “nuestras prioridades serán la educación y la salud”. Y los que todos quieren escuchar son cosas concretas que les ayuden a avanzar en la vida diaria y en el bienestar de las familias.

De lo que no se habla

Estas estupendas verdades de justicia, equidad, federalismo, salud y educación para todos tienen concreciones todos los días y de eso no hablan los candidatos. Por ejemplo la gente quiere saber qué va a pasar con los precios de los artículos de la canasta familiar, de los alimentos que se ponen todos los días en la mesa y que necesitan, sobre todo, los niños y los ancianos. De eso no se habla. Tanto a nivel nacional como provincial ese es un tema que no se toca y en el que los empresarios hacen su santa voluntad. Los tibios intentos de “precios cuidados” han quedado en el olvido y ya nadie habla de ellos. Es más, la anarquía es tan grande que un mismo producto, de la misma marca, con el mismo contenido, tiene diferencias abismales de precios con distancia de dos o tres cuadras, según el comercio.

 “Nosotros no perdemos plata, ganamos y bien” decía el cajero de un negocio al hacérsele notar cómo la gente aprovechaba la oferta de un producto cuyo valor era la mitad de lo que otros cobraban. Eso se repite a cada paso y explica aquella “engaña pichanga” del 3x2 o 4x2 o 2x1. Nadie es benefactor de la humanidad y menos los comerciantes. Y dentro de estos productos de la canasta familiar, el precio de la carne ha trepado alturas imprevisibles dejando en el olvido el asado semanal.

En la salud y Educación

“A veces no sé qué recetar”, lamentaba días atrás un experimentado médico. “El precio de los remedios está por las nubes, aún con los descuentos de las obras sociales y esto es peor para la jubilados, sobre todo del PAMI. Uno constata que muchos han dejado de adquirir las medicinas que le son necesarias para sus dolencias”. A esto se suma que la farmacia de la obra social de la provincia (InSSSeP) esta casi desabastecida y que en los hospitales y servicios públicos, se carece de los más elementales insumos, como lo comentan profesionales y empleados. Y como si esto fuera poco, los empleados de salud pública viven de paro en paro y quiérase o no, la atención se resiente ya que eso de que se cumplen con las guardias y se atienden las urgencias hay que tomarlo con pinzas.

¿Puede hablarse de calidad educativa, de prioridad para la Educación, de garantizar los servicios escolares cuando el cincuenta por ciento de los días del calendario escolar han sido de paro y que de 180 días de clases prometidos sólo se hayan tenido 90, en medio de la anarquía que significa de algunos docentes dicten clases y otros se adhieran a las medidas de fuerza? Y que el diálogo con los gremios sea poco menos que inexistente.

El voto en la urna

Y de todo esto, los precios de los alimentos fundamentales sobre todo los de la canasta familiar, el valor de los medicamentos y la atención de la salud y del dictado de clases no se escucha, ni se han escuchado nada de parte de los candidatos y de los que los apoyan, más allá de generalidades. Y no vale escudarse en los gobiernos nacionales y provinciales. Allí donde uno vive necesita del apoyo de aquellos que tienen el poder porque se lo dio el voto de la gente. Sí hay ganas, intención y vocación política, siempre se puede hacer algo. Si no que dejen el lugar a otro, aunque ese lugar sea una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, como en este caso.

Por todo esto (y mucho más) las campañas basadas en los tradicionales conceptos que no se traducen en acciones concretas para el bienestar diario de los ciudadanos son voces que el viento lleva, por más carteles que se peguen en las calles y pasacalles que se cuelguen en uno y otro lado. Queremos propuestas concretas para solucionar estos problemas, gestiones, encuentros, no solo actos por un par de meses para despedirse por cuatro años, cuando se le termine el mandato. Esto es lo que muchos tendrán en cuenta cuando llegue el momento de poner, el domingo, el voto en la urna.

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