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El compromiso hacia los más necesitados

En su mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres, los obispos que integran la Conferencia Episcopal Argentina advirtieron que buena parte de la población de nuestro país sufre los condicionamientos de la pobreza y exhortaron a realizar “opciones concretas de justicia y solidaridad” para comenzar a revertir las situaciones de marginación económica, política y social de muchos argentinos.

En un documento difundido con motivo de la I Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco, que se celebrará el próximo 19 de noviembre, los obispos remarcaron que “una gran parte de nuestro pueblo es pobre”. En ese sentido, observaron que las situaciones de carencias afectan a familias que viven tanto en el interior del país como en el cinturón de los mayores conglomerados urbanos. La advertencia de los prelados adquiere particular significación para el nordeste argentino, que es la única región donde la pobreza aumentó según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). En efecto, el instituto de estadísticas reveló que si bien los índices de pobreza mostraron una sensible reducción en casi todo el país, eso no ocurrió en el NEA. De todos modos, más allá de los fríos números, solo basta recorrer las zonas periféricas de las principales ciudades de la provincia, la región y el país para comprobar que la desigualdad sigue ganando la batalla en muchos frentes. La lucha contra la pobreza es un desafío enorme que requiere respuestas prácticas y novedosas que apunten a erradicar las causas que provocan la postergación de amplios sectores de la población. Es necesario, entre otras cosas, que el Estado fortalezca la participación de la ciudadanía y brinde especial atención a mujeres y niños de los sectores más vulnerables con políticas públicas orientadas a promover la inclusión social garantizando el acceso a servicios fundamentales como la educación y la salud. No menos importante serán todas aquellas medidas que se adopten para lograr una mayor igualdad en la distribución de los ingresos y el desarrollo de las personas en situación de pobreza.

Las acciones en favor de la justicia social, entendida esta como el principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, siempre serán bienvenidas, porque en la medida que se logre avanzar en el complejo proceso de construcción de una sociedad más justa, habrá más y mejores oportunidades de desarrollo para cada ciudadano. Vale recordar que un trabajo de investigación realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, que fue presentado recientemente en la sede que la Organización de las Naciones Unidas tiene en la ciudad de Buenos Aires, advierte que los argentinos que sufren las consecuencias de vivir en una situación de pobreza estructural se sienten cada vez más deprimidos y consideran que no tienen posibilidades de cambiar el difícil e injusto entorno que los rodea. El estudio en cuestión, titulado “Tiempo de balances: pobreza, exclusión y desigualdad en la Argentina urbana (2010-2016)”, fue elaborado por especialistas del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), quienes en las conclusiones del informe hacen notar que el drama de vivir en la pobreza también tiene consecuencias psicológicas para las personas que padecen este flagelo, fundamentalmente porque el desaliento se profundiza ante la creencia de que no se tiene un proyecto de futuro en el horizonte. El problema no es menor para una sociedad que, según la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, tiene 13,3 millones de personas viviendo por debajo del nivel de pobreza, con todo lo que eso significa, por el impacto que tiene sobre todo en la salud de las personas que es el bien más preciado del ser humano. En ese sentido, debe remarcarse la imperiosa necesidad de generar mejores condiciones sociales y ambientales en todos los sectores de la población, pero fundamentalmente en los sectores más postergados, a fin tener una comunidad más saludable. El recordado médico Ramón Carrillo --a cargo del Ministerio de Salud de la Nación entre los años 1946 y 1952-- dijo alguna vez que “frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios como causa de enfermedad son pobres causas”. Y esas palabras deben hacer reflexionar sobre el compromiso de luchar contra la pobreza, ayudando a las familias más vulnerables a salir de la injusticia que significa vivir en situaciones de extrema vulnerabilidad.

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