Colas interminables: sigue el martirio de jubilados
Los argentinos sabemos que nuestras vidas incluyen un ítem que es parte del folclore nacional: hacer filas. Y, generalmente, filas que son interminables. Para cobrar, para pagar, para preguntar, para responder. Para poder hacer luego otra fila. Para todo.

Ese verdadero mal nacional carece de por sí de toda gracia, pero mucho más cuando quienes deben practicar el deporte argentino por excelencia son los adultos mayores, los jubilados a los que los discursos oficiales siempre les agradecen “todo lo que hicieron por el país”.
Hoy, en Sáenz Peña, una señora que llevaba dos horas haciendo cola en la Anses local se desmayó, cayó pesadamente al piso y causó angustia en quienes la rodeaban, hasta que un servicio médico acudió para llevarla a un centro de atención.
Según algunas personas que estaban allí, la mujer había pedido unos momentos antes que la dejasen entrar al edificio oficial (estaba haciendo la fila en la vereda), porque ya no se sentía bien, pero le denegaron esa posibilidad. Luego no tardó en descompensarse. Recién allí la llevaron adentro hasta la llegada de la ambulancia. Una verdadera vergüenza.










