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Ayotzinapa: tres años sin respuestas

Se conmemora otro aniversario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes mexicanos sin que el Gobierno haya esclarecido el caso.

   Ciudad de México, 26 (AFP-NA) – A México se le acumulan las tragedias sin resolver. Una semana después del terremoto de magnitud 7.1 que sacudió el centro del país y se llevó por delante la vida de al menos 331 personas, sigue sin respuesta la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Este grave suceso de la historia del país abrió profundas heridas, oscureció la imagen del Gobierno mexicano y lo puso en el punto de mira internacional. Otro aniversario llegó sin una sola sentencia condenatoria por lo ocurrido y con la misma incertidumbre sobre qué pasó y dónde están los jóvenes desaparecidos.  

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   La investigación fue desde el comienzo muy enredada, y la información al respecto es abrumadora. Hay tantas versiones, muchas veces contradictorias, que se volvió laberíntico resolver cuándo ocurrió tal cosa, cómo y dónde. Hasta la fecha el gobierno detuvo a más de 120 sospechosos, pero no se emitió una sola sentencia condenatoria. Sólo cuatro están acusados de homicidio o tentativa de homicidio y ninguno por desaparición forzosa. Se identificaron los restos de sólo uno de los estudiantes; de los otros 42, no se sabe dónde están ni qué les ocurrió.

   La teoría oficial fue desde el primer momento que los estudiantes fueron asesinados por narcos de Iguala, ciudad del estado de Guerrero, y quemados en un basurero. Ante el carácter extremadamente dudoso de la hipótesis, especialistas extranjeros designados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes), analizó las pruebas e hizo su propia investigación. Concluyó que la versión oficial no se sostenía con hechos y que dependía de confesiones de detenidos que pudieron haber testificado bajo tortura.

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   Durante un año los expertos internacionales recabaron testimonios, revisaron documentos y videos de lo ocurrido en 2014. Su posición respecto de temas polémicos, como el papel del Ejército —acusado de haber “liberado la zona” durante la cacería contra los estudiantes— incomodaron al Gobierno. En el informe final de abril de 2016, el GIEI señaló las dilaciones, obstrucciones y bloqueos del Gobierno mexicano contra su realizado.

   Gobierno y expertos ni siquiera coincidieron en la causa de la masacre. La versión oficial dice que la noche del 26 al 27 de septiembre, la policía local de Iguala se lanzó en feroz persecución de los autobuses de los estudiantes. Tras la cacería aparecieron seis cadáveres y desaparecieron 43 alumnos. El Gobierno asegura que el alcalde, jefe mafioso del municipio, dio orden de escarmiento contra los jóvenes. La policía los detuvo, los entregó a los narcos y estos los mataron, quemaron y tiraron sus cenizas a un río.

  El GIEI negó que los cuerpos de los estudiantes hubieran sido quemados en el basurero y resaltó que el batallón militar vio la persecución y detención de los estudiantes. Rechazó la teoría de la “orden del alcalde” y planteó que uno de los autobuses que los estudiantes tomaron para viajar a Iguala habría llevado en su bodega un paquete de heroína sin que ellos lo supieran.

   Los señores de la droga no quisieron perder la carga y castigaron con ira el desvío, sin que las fuerzas de seguridad hicieran nada para impedirlo. Los expertos pidieron entrevistar a los soldados, pero nunca se lo permitieron. “En el aparato del Estado hay fuerzas que no quieren que se sepa la verdad. Son fuerzas estructurales”, afirmó el español Carlos Beristáin, del GIEI.

   La mayoría de los ciudadanos encuestados respondieron en este nuevo aniversario que consideran que en Ayotzinapa prevaleció una alianza de facto entre grupos de mafiosos narcos, instituciones estatales y partidos de gobierno. Señalaron casi por igual al PRI (gobierno nacional), al PRD (Partido de la Revolución Democrática) que gobernaba el estado de Guerrero donde se produjeron las desapariciones, y también al disidente López Obrador, en cuyas filas revistaba el alcalde de Iguala.

   La indignación, que por mucho tiempo alimentó la movilización de todos los sectores del pueblo, encabezados por los estudiantes, fue decayendo. Este martes, aún con el eco de la conmoción y la destrucción del reciente sismo, un nutrido grupo se dio cita para reiterar el reclamo “vivos se los llevaron, vivos los queremos” en la Ciudad de México.

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