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Charla de NORTE con Raúl Barboza

“La música es la expresión del espíritu”

El viernes 22 Raúl Barboza llegará al Complejo Cultural Guido Miranda con su espectáculo Universo Chamamé. El músico llegó días atrás al país y ya comenzó a recorrer distintos puntos de la geografía argentina. Antes de arribar a Resistencia advirtió que siempre busca hacer una presentación con mucho cuidado y reserva. “Yo no hago distinción para la gente que toco. Yo toco para la vida y para la gente esté donde esté. Cuando usted habla y dice la palabra amor significa una sola cosa en cualquier idioma. Cuando toco trato de que la música lleve cosas buenas y lindas al corazón de cada uno. No importa el idioma, la música no tiene idioma, la música habla con un lenguaje universal”, resalta.

Esta visita de Barboza se realiza en el marco del mes del Chamamé que se recuerda el 19 de septiembre por el paso a la eternidad de Mario del Tránsito Cocomarola. En este ocasión Música sin Etiquetas, con el auspicio del Festival del Chamamé de Puerto Tirol, el Instituto de Cultura, la Municipalidad de Resistencia y diversas instituciones locales aunaron esfuerzos para la llegada de Raúl Barboza a Resistencia.

“El concierto consiste en ejecutar los temas que venimos haciendo en nuestro repertorio con las variantes propias del momento. Siempre le doy colores distintos a la misma melodía y eso hace que cada presentación sea distinta la una de la otra”, expresa. 

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“Quiero que la música llegue al corazón de ese hombre o de esa mujer, del niño o del joven que vaya a escucharme”, desliza Raúl Barboza.

El músico horada el tiempo y el espacio con su voz, con su música, con sus conceptos. La charla telefónica se extiende y abordamos diferentes aspectos. Cuando planteamos que no lo hemos oído manifestarse sobre temas políticos señala que los políticos no hablan de música. “Cuando los políticos hablen de músico podremos hablar de político. De igual modo creo que el día que encuentro un alto funcionario pobre podremos sentarnos hablar de igual a igual. El hombre que tiene mucho mucho nada sabe de aquel hombre que no tiene nada”, desliza y el silencio de uno y otro lado del teléfono penetra muy hondo. “El hombre que tiene mucho nada sabe de aquel hombre que no tiene nada”, queda resonando como eco.

“Expreso alegrías y dolores de la gente”

A lo largo de sus casi 70 años como músico Barboza fue tejiendo melodías como Cherógape, Tren Expreso, Chamamé para mi tristeza, Al compás de tu sueño, Chamamé baile, Noches de canto y fogón, Los saltos del Guayra, entre otros.

Barboza se permite jugar, explica que la música es un diálogo. “La música de los grandes referentes chamameceros quedó grabada y eso es inamovible. Lo que grabaron Montiel, Cocomarola, Isaco, esa música está grabada y es inamovible, eso es como una cicatriz. Pero Isaco era un improvisador. Isaco no era paisano correntino, él era judío y por lo tanto los intervalos que él usaba para tocar era de cuarta, quinta, quinta aumentada. Estas cuestiones musicales están lejos de la forma de tocar de Cocomarola quien era de origen italiano. Montiel en cambio era correntino de pura cepa pero nació en la costa del Brasil, sus influencias vienen de esa tierra. De Tarragó cabe señalar que su origen era hispánico de la tierra de Tarragona, por eso su nombre era Tarragó. Hay que saber además que Mauricio Valenzuela quien creó La Caú era negro, de origen africano y así podría seguir con las cosas que hay que saber de nuestros músicos. Quizás lo más importante que deben saber las nuevas generaciones es que Isaco Abitbol jamás tocó igual la Calandria, siempre tocaba diferente. Debemos ser contemporáneos de nuestro tiempo”, subraya.

“A mí me gusta mucho la naturaleza. Por ejemplo, yo nunca vi que un pájaro haga el mismo recorrido, siempre hace caminos distintos. Entonces yo imito al pájaro y hago caminos diferentes. Volviendo a Isaco. Isaco creó una melodía y eso fue escrito y grabado. Hoy los chicos escuchan la grabación y cometen el error de querer imitar eso y hacer hasta la última nota que hizo Isaco. Pero insisto con esto, Isaco nunca tocó igual y eso es lo importante”.

“No se puede tocar las mismas notas que hacía Isaco. Isaco utiliza el conocimiento de la música de jazz, porque los acordes que hace son acordes incompletos que se usan en el jazz, los acordes que usaba Oscar Peterson. Isaco era un improvisador, Cocomarola cuando tocaba solo también nunca tocaba igual”.

“Cuando yo toco Merceditas la gente sabe que yo estoy tocando Merceditas. La música es una conversación. Soy un improvisador y le doy una cosa nueva a cada interpretación. Es un error copiar o imitar. El chamamé se ha fijado de una manera tal que se sigue tocando de una manera siempre igual. Eso es lo que yo nunca quise desde que era niño y sigo pensando igual. Por eso es que mi música no es muy comprendida en nuestro país pero es comprendida por los jóvenes. Los que son conservadores no podrían comprender. El pensamiento de un chico de ocho años o de diez años hoy en el año 2017 no puede ser igual al del niño que nació en 1910, no puede. Por lo tanto seamos auténticos y contemporáneos de nuestra vida. No tratemos de copiar la contemporaneidad de quien nació hace cien años”, resalta.

Cuando se le consulta sobre la música que escucha Barboza vuelve a hacer una pausa, va rumiando algo hasta que finalmente desliza. “Yo escuché jazz no para aprender a tocar como ellos, yo escucho música y eso es lo único que le digo a la gente. Yo escucho a Oscar Peterson en piano, también escuché a un qom tocando un violín hecho con lata haciendo su música. Esa música es la expresión de su espíritu. Para mí la música es eso, es la expresión del espíritu. La espiritualidad sale del corazón y de la mentalidad del hombre. El instrumento se convierte en un traductor de emociones, cuando subo al escenario yo no quiero tocar como nadie sino que quiero tocar como yo sé, cómo aprendí y cómo me sale. En un concierto estoy expresando mis sentimientos a la gente”.

En la charla los maestros o referentes del chamamé vuelven una y otra vez. “Yo respeto la música como la respetaron mis maestros. No seré nunca como ellos pero aprendí muchas cosas de ellos. Yo intento que mi personalidad sea para darle alegría y paz a quien venga a escucharme. No quiero que vengan y que se vayan diciendo “qué bárbaro cómo toca ese tipo”. Eso lo que menos me importa. Pero si se van contentos y me dicen “Barboza, su música me hizo acordar a mi padre”, eso es mejor. Quiero que la música le llegué al corazón de ese hombre o de esa mujer, del niño o del joven que vaya a escucharme”.

Por último advierte que su música expresa la alegría y los dolores de la gente. “Me expreso a través del chamamé. La melodía está ligada al sentimiento propio de cada ser humano. Voy a tocar a la China y se paran y aman la música que hago es porque les ha llegado al corazón igual que a un paisano del litoral. Ocho veces me fui a Japón y fui a tocar chamamé. La música es el reflejo de lo que se vive y del momento en que se está viviendo las cosas. La música es eso. Yo estoy acá con ganas de mostrar lo que la vida me permitió en estos 80 años y todavía sigo andando, no me pienso jubilar y tengo ganas de seguir viviendo”, concluye.

Para este espectáculo titulado Universo Chamamé con su cuarteto y el violinista Ramiro Gallo como invitado especial ya se pueden adquirir las entradas en la boletería del Guido Miranda, Colón 164, teléfono 0362 4425442.

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