Huracanes y cambio climático
Muchos científicos insisten con que detrás de la descomunal magnitud de los huracanes Harvey e Irma está el cambio climático pero, técnicamente, no pueden ser totalmente contundentes. Los elementos de prueba están: subida del nivel del mar, “boom” de temperaturas oceánicas, cambios atmosféricos, modelos informáticos que confirman la tendencia... Pero falta un dato concluyente para la ciencia del clima: la observación de ciclones durante un periodo suficientemente largo.
París, 12 (AFP-NA) - Dann Mitchell, especialista en circulación atmosférica de la Universidad de Bristol, Gran Bretaña, dice que “En resumen, es como si todos los elementos apuntaran al acusado de un crimen, pero faltaran sus huellas sobre el arma. Todavía no podemos decir con 100% de certeza que lo que reforzó la intensidad de Irma fue el cambio climático, mientras que para otros fenómenos, como las canículas, ya podemos”.

El calor, la fuente de energía
“La física es muy clara: los huracanes alimentan su energía destructora con el calor del océano”, subraya Anders Levermann, profesor de la Universidad de Potsdam, en Alemania, que recuerda que las temperaturas del planeta aumentan debido a “las emisiones de gases de efecto invernadero ligadas a la combustión del carbón, el petróleo y el gas”. James Elsner, profesor de ciencia atmosférica en la Universidad de Florida, argumenta que “a nivel mundial, vemos que en estos últimos 30 años las tormentas más fuertes se reforzaron por el calentamiento de los océanos”.
Los expertos hacen también un seguimiento a nivel mundial de océanos, cuyo nivel aumentó en promedio 20 cm desde 1880 y el inicio de la Revolución industrial. “Sabemos que el nivel del mar sube y que seguirá subiendo con el cambio climático”, asevera Chris Holloway, especialista en huracanes de la Universidad de Reading. Esta alza agudiza la capacidad destructora de los huracanes, al reforzar las olas que penetran en tierra, agravando inundaciones.
Hacia los polos
Todos estos argumentos son pruebas razonables, pero no medidas directas sobre los huracanes, por lo que los científicos no pueden ser aún tajantes. “La mayor intensidad de las tormentas es consecuencia esperada del cambio climático, pero es muy temprano para decir que este huracán en particular fue reforzado por este fenómeno”, dijo Mitchell en referencia a Irma. Los científicos no disponen de suficientes datos porque los superhuracanes -de categoría 4 o 5- son menos habituales que las canículas o las sequías.
Una muestra demasiado pequeña impide establecer tendencias, sobre todo teniendo en cuenta que los datos sobre los huracanes se remontan a sólo unas décadas. Además, se trata de “fenómenos ruidosos”: “Hay que poder diferenciar entre el ‘ruido’ de las fluctuaciones meteorológicas naturales y los signos del cambio climático. Es como tratar de escuchar a alguien que está sentado a tu lado, mientras suena a todo volumen una música de fondo”, ilustra Sally Brown, de la Universidad de Sothampton (Gran Bretaña). “Habría que pedirle que repitiera varias veces lo que dice para estar seguros de haberla entendido”.
Pese a estas limitaciones, los científicos lograron medir tendencias, como el destacado trabajo de Jim Kossin, investigador de la Agencia Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA). En 2014 demostró irrefutablemente que, desde hace al menos 30 años, todos los ciclones tropicales del mundo avanzan más hacia los polos, a unos 50 a 60 km por década. “Esto sólo puede deberse al cambio climático. Los datos históricos son escasos, la mayoría limitados al Atlántico, y no son muy buenos”, resume Kerry Emanuel, del MIT de Boston. “La genialidad de Kossin consistió en descubrir que la latitud de las tormentas en su punto crítico era fácilmente detectable”.










