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El peligro de un malentendido entre EEUU y Corea del Norte

Cuando en el Congreso de los Estados Unidos preguntaron al secretario de Defensa, el general James Mattis, sobre qué pasaría si se desata un conflicto armado con Corea del Norte, el veterano militar explicó que las fuerzas norteamericanas están en condiciones de ganar la guerra contra ese pequeño pero poderoso enemigo, aunque advirtió que sería una guerra con un nivel tan alto de crueldad y de violencia que superaría a todo lo que la comunidad internacional estaría dispuesta a aceptar.

La pregunta fue planteada en momentos en que una escalada de tensiones se produce entre EEUU y Corea del Norte ante la fuerte sospecha de que el régimen de Kim Jong-un está cada vez más cerca de lograr su objetivo de tener al territorio continental estadounidense dentro del alcance de una de sus armas nucleares.

A la luz de estas declaraciones del general Mattis y teniendo en cuenta que el equipo de Defensa de la administración Trump está integrado en su mayoría por militares veteranos que tienen posturas conservadoras respecto de un hipotético conflicto, a lo que podría sumarse el hecho de que las dimensiones de los contendientes son extremadamente asimétricas (EEUU tiene 1800 misiles balísticos con cabezas nucleares, mientras que Corea del Norte tal vez recién el año que viene logre combinar un misil balístico con una ojiva nuclear), la lógica indica que esta escalada de tensiones no tendría como final una guerra termonuclear. Pero hay un detalle: tanto Donald Trump como el líder norcoreano Kim Jong-un han dado sobradas muestras de carecer de un modo de pensar y de actuar sensato, con sentido común. Ambos son impredecibles; y es por eso que algunos especialistas en geopolítica global advierten que las confusas señales que cada tanto emite la administración Trump aumentan el riesgo de que malinterpreten esas señales en el régimen norcoreano. Dicho de otro modo, un malentendido o un error de cálculo podría encender la mecha y las consecuencias serían gravísimas para todo el mundo.

Algunos catedráticos europeos que siguen de cerca la evolución del régimen norcoreano sostienen que Kim Jong-un demostró que está dispuesto a subir las apuestas y jugar al límite, con ensayos para ostentar su poderío nuclear; pero creen que no está tan loco como para llevar a su pequeño país al suicidio. Lo que busca, aseguran, es que admitan a Corea del Norte en la mesa de negociaciones en la que participan las potencias nucleares. Siguiendo ese razonamiento, si logra combinar un misil balístico con una cabeza nuclear (probablemente el año que viene) no tendría sentido que utilice su única arma nuclear disponible sobre la isla de Guam, el enclave militar estadounidense en el Pacífico, porque EEUU frente a un ataque nuclear de estas características respondería en forma contundente contra Pyongyang. Pero los historiadores advierten que el siglo XX estuvo plagado de conflictos que comenzaron por un error de cálculo, y el escenario que se presenta por estos días en torno a la península coreana tiene todos los condimentos que podrían llevar a un malentendido. El comportamiento histriónico de Kim Jong-un se suma peligrosamente al temperamento impetuoso del actual presidente norteamericano que sufre de una incontinencia verbal que se hace patente cada vez que publica explosivas opiniones por Twitter. Para colmo, Corea del Norte insiste en redoblar sus apuestas con el anuncio de haber probado con éxito una bomba de hidrógeno capaz de ser montada en sus misiles de largo alcance, noticia que llegó luego de que lanzara un misil balístico que sobrevoló Japón.

El mundo se enfrenta al enorme peligro que significa que las riendas de un conflicto nuclear estén en manos de dos líderes imprevisibles. Es de esperar que la presión de la comunidad internacional haga prevalecer la cordura frente a los fantasmas de irracionalidad que comienzan a agitarse ante un posible ataque preventivo de la Casa Blanca al régimen norcoreano.

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