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El desafío de profundizar el desarrollo industrial

Se conmemora hoy en todo el país el Día de la Industria, una fecha que evoca aquella lejana jornada de septiembre de 1587 cuando se concretó la primera exportación de un producto nacional con la salida, desde una zona que en la actualidad forma parte del conurbano sur de Buenos Aires, de una embarcación ligera que transportaba sombreros, frazadas, lienzos y lana con destino a Brasil.

Según algunos historiadores, la nave zarpó del fondeadero del Riachuelo que oficiaba en aquellos años como puerto de Buenos Aires con un cargamento fletado por el obispo del Tucumán, Fray Francisco de Vitoria. Algunas versiones indican que la embarcación donde se transportó el cargamento fue la carabela San Antonio y que en sus bodegas llevaba, además de los tejidos, sacos de harina producidos en Santiago del Estero. Más de tres siglos después, en 1941, el por entonces presidente Ramón S. Castillo estableció el 2 de septiembre como Día de la Industria, una fecha que, en la actualidad, sirve para reflexionar sobre la importancia fundamental que tiene la industria en la economía del país.

La elección de esa fecha y de ese acontecimiento por parte del presidente Castillo para celebrar el Día de la Industria, sin embargo, tuvo durante mucho tiempo objeciones por parte de estudiosos de la historia argentina, por considerar que, en rigor, esa primera exportación no fue una operación comercial que merecía tomarse como referencia ya que se trató nada más ni nada menos que un contrabando de oro y plata que iban escondidos en los sacos de harina. Al menos eso fue lo que denunció en su momento el gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, que hizo llegar una carta al rey Felipe II donde informó al monarca de la maniobra de Vitoria. “Lo que se ha podido averiguar del oro y la plata que el obispo envió al Brasil son los mil y quince marcos de plata blanca y 39 marcos de oro de ocho onzas más trescientos setenta pesos de oro de 22 quilates y dos cadenas que pesaron ciento y noventa y cinco pesos (oro) y quince marcos de plata labrada que envió en dicho navío a Manuel Téllez Barreto, gobernador de Bahía”, reveló el gobernador.

Según relatan los historiadores, en el viaje de regreso la carabela fue asaltada por el corsario inglés Thomas Cavendish, quien se apropió de la embarcación y de todo lo que había a bordo, entre los que se encontraban esclavos que estaban siendo trasladados para realizar trabajos forzados en las minas de Potosí. El pirata inglés asestó así un duro golpe para la aventura comercial del fraile Francisco de Vitoria, más tarde separado de su diócesis.

Varios siglos tuvieron que pasar desde ese día de septiembre de 1587 para que la industria argentina pudiera afirmarse y llegar a ser lo que es hoy. En la actualidad, algunos historiadores como Felipe Pigna proponen dejar de lado la fecha del 2 de septiembre por recordar un acto de comercio ilegal y, en su lugar, celebrar el Día de la Industria el 3 de junio, día del nacimiento de Manuel Belgrano, verdadero precursor de la industria nacional. Más allá del debate que puede generarse a partir de esta cuestión, es importante que no se pierda de vista el ideario económico del creador de la Bandera. “Ni la agricultura ni el comercio serían en ningún caso suficientes para establecer la felicidad del pueblo si no entrase a su socorro la auspiciosa industria”, sostuvo ya en 1796, pero recién en el siglo XX el país logró contar con sectores industriales más consolidados a pesar de los duros golpes que tuvo que padecer la actividad industrial con gobiernos partidarios de la primarización de la economía.

Según el último informe de actualidad industrial de la Unión Industrial Argentina, durante junio la producción industrial presentó un aumento interanual del 6,4% y un alza del 1,7% en la medición desestacionalizada respecto de mayo. Sin embargo, este trabajo advierte que producto de la caída de la industria durante los primeros cuatro meses, el primer semestre de 2017 cerró con una caída acumulada del 0,6%. Es necesario que las economías regionales profundicen el desarrollo industrial con la participación activa de pequeñas y medianas empresas del sector que, a pesar de todos los contratiempos, tienen un enorme potencial para desarrollar cadenas de valor.

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