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Chile: se reaviva el eterno conflicto con los mapuche

Más de doscientos camiones y decenas de templos religiosos quemados en los últimos cuatro años. El sur de Chile arde en medio de los reclamos nunca resueltos de los mapuche, que cuando reclaman sus derechos son duramente reprimidos y acusados de montar “acciones terroristas”.

Santiago, 30 (AFP-NA) - Unas 18 máquinas de una empresa forestal ardieron hace 10 días en la Araucanía, en ataques reivindicados por “Weichan Auka Mapu”, o “lucha del territorio rebelde”, agrupación radical aparecida recientemente y que se reivindica mapuche. 

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Veintinueve camiones forestales fueron incendiados la madrugada de este lunes en dependencias de Sotraser, del grupo Bethia, que entre otros negocios es el operador de la principal empresa de transporte terrestre de Chile. Empresarios y autoridades adjudicaron el hecho a un grupo mapuche.

Mientras las asociaciones empresariales hablan de “terrorismo” -209 camiones fueron quemados en la zona desde 2013-, los mapuche reivindican la restitución de tierras que reclaman suyas, de las que fueron expulsados hace tiempo o recientemente, y que hoy están en manos de empresas forestales.

“Siempre está latente la problemática y cada cierto tiempo la gente se manifiesta contra estas empresas”, dice el lonko (jefe mapuche) Juan Pichun. Las forestales “Llegaron arrasando con todo, y dentro de la cosmovisión mapuche eso alteró temas como el uso de las hierbas medicinales y el accesos a los lugares sagrados y a la tierra misma. Hoy día está el tema de la falta de agua y el cambio climático que generan las  forestales con el monocultivo de pino”, agregó.

Los empresarios, por su parte, se apoyan en la intervención del gobierno, al que presionan con el llamado a un lockout empresario nacional. “Emplazamos nuevamente al Gobierno a utilizar todas las herramientas que tenga a mano para terminar con el flagelo del terrorismo en el sur de Chile”, alertó el presidente de la  Multigremial de la Araucanía, Luciano Rivas.

Gente de la tierra  

Los mapuche, “gente de la tierra” en su lengua nativa, fueron los primeros habitantes de la Patagonia chilena y argentina. Dieron fiera lucha a los conquistadores españoles, hasta que a fines del siglo XIX fueron sometidos por el Ejército chileno en la llamada “Pacificación de la Araucanía”, y por el Ejército argentino en la llamada “Conquista del Desierto”. Reducidos a unas 700.000 personas en Chile, y a unos 200.000 en la Argentina, en su mayoría habitan en pequeñas comunidades en las regiones de la Araucanía, y en las provincias de Chubut y Río Negro.

Si bien en los últimos años la pobreza en pueblos originarios disminuyó de 23,4% a 18,3%, sigue siendo más alta que la del resto de la población chilena (11%), según datos oficiales. En cuanto a las tierras, menos del 15% del suelo de la región de la Araucanía está en manos de comunidades mapuche, mientras el 20% pertenece a empresas forestales, en su mayoría multinacionales. Unas 100.000 personas, casi todas mapuche, carecen de agua para uso básico en las zonas rurales debido al impacto de los monocultivos forestales y al cambio climático, según denunció la Red de Defensa de los territorios.

Hace dos meses, al presentar un Plan Integral para la región de la Araucanía, la presidenta Michelle Bachelet reconoció que “el país le ha fallado al pueblo mapuche” y le pidió perdón “por los errores y horrores cometidos”, en un intento de comenzar a saldar una vieja deuda con la mayor etnia chilena. El plan incluye la creación de un Ministerio y de un Consejo de Pueblos Indígenas, además de oficializar el uso de la lengua mapuche (mapudungún), en Araucanía, y establecer el Día Nacional de los  Pueblos Originarios el 24 de junio.

En cuanto a la restitución de tierras, un comité interministerial actualizará el catastro y aguas indígenas. En los últimos 25 años se compraron, subsidiaron o regularizaron casi 200.000 hectáreas de tierras al pueblo mapuche, dueños de buena parte del territorio chileno hasta la llegada de los españoles.

Pero esto no es suficiente para los mapuche. “Mientras no exista reconocimiento y responsabilidad por los daños que causan las forestales, va a haber indignación no sólo de los mapuche, sino de la población en general”, advierte el lonko Pichún. También aspiran a ser reconocidos finalmente como pueblo en la Constitución política del país, una vieja deuda no saldada en tres décadas de democracia.

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