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Fundación Conin Barranqueras

La nutrición de la primera infancia como bandera

En nuestra provincia funciona un centro de una idea gestada en Chile para erradicar los problemas de alimentación en niños menores de cuatro años.

Texto de Claudia V. Araujo - Fotos de Miguel Ángel Romero

Noelia Ávalos amamanta a Melisa, de un mes, mientras el hermanito de un año, Mauricio, jueg cerca de las dos en la sala de espera. La bebita nació con bajo peso y además del pecho, necesita leche enriquecida ‘para reforzar’. Con 28 años Noelia tiene dos hijas más: Naomi, que va al jardín, y Yamila, de nueve. “Hace rato que vengo, desde la primera, que ahora ya está grande”, cuenta. La mayor de sus chicos también tenía deficiencias nutricionales al nacer y de ahí su relación prolongada con la institución. La joven madre es analfabeta y hasta llegar a Conin tenía muchas otras necesidades: a los cinco les faltaba DNI y la asistente social de la fundación ayudó a tramitarlos junto con una asignación universal. 

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Unos 75 grupos familiares como el de Noelia reciben atención pediátrica, talleres y una bolsa con alimentos, entre otros servicios en la fundación Conin de Barranqueras. La entrega de esos productos está vinculada a chequeos para ver la evolución sanitaria de los chicos y entrevistas con un adulto responsable, generalmente la mamá.

La atención, las prioridades

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“La desnutrición nos convocó y nos entregamos a un proyecto que también incluye a lo que la rodea: la buena cara de la mamá cuando alza a su bebé y la buena cara del resto de la familia a la mamá”, ejemplifica Adolfo Andreotti.

El médico mendocino Abel Albino ‘importó’ en 1993 el exitoso modelo chileno, ideado por Fernando Mönckeberg, y que logró revertir índices de desnutrición infantil y lograr que sea el más bajo de Latinoamérica.

El modelo original contemplaba centros de tratamiento para niños y en la Argentina se complementó con centros de prevención de desnutrición infantil y promoción humana, como el que funciona en Barranqueras.

Como la prioridad es la atención en consultorios, durante los tiempos de espera se organizan actividades (para pacientes y hermanitos y sus progenitores).

En el centro de avenida 9 de Julio 5.360 acuden 75 grupos familiares -que incluyen a unos 80 niños de hasta cuatro años- y la atención se distribuye en varios días de la semana.

La situación de cada niño es única va cambiando cada día, cada semana y en la institución se evalúa mensualmente.

Están los bebés prematuros o con bajo peso cuyo proceso de desarrollo es único: “Puede ser más lento de lo que se espera y a veces aunque los números fríos indiquen que no está bien, el examen clínico permite valorar otros aspectos”,  explica Adolfo Andreotti. Él, junto a otras dos médicas, está ‘casado’ con la causa Conin desde el comienzo, en 2006, cuando comenzaron a soñar con ella hasta que en 2007 adquirieron el nombre como fundación.

Así como su mentor (Abel Albino) habla del estímulo como parte de la nutrición, Andreotti menciona que ya en los libros de medicina pediátrica, con orígenes europeos pero adaptados a Latinoamérica, había autores que afirmaban que el peor problema que tiene la humanidad es la mal nutrición de los niños.  

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Otra fuente de crecimiento

“La desnutrición nos convocó y nos entregamos a un proyecto que incluye a lo que la rodea: también está la buena cara de la mamá cuando alza a su bebé y la buena cara que le pone el resto de la familia a la mamá”, ejemplifica. 

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El médico habla de la importancia de los estímulos para un cerebro que se alimenta también de vínculos: cuando un bebé se despierta y recibe el abrazo de la mamá o percibe la mirada tierna durante el momento de amamantar, con el canto susurrado o la voz de un hermanito mientras le cambian el pañal, son parte de lo mismo. “Para todo eso no se necesita dinero, se necesita conocimiento, haber tenido una buena niñez y querer darle lo mismo a los hijos”, apunta. 

Se considera que un bebé necesita abrazos y besos al menos seis veces al día. “Hay que mirarlo a los ojos, que los hermanitos estén cerca sonriéndole. Todo eso hace una buena nutrición, a una buena crianza. Y a conformar una sociedad que sin dudas va a ir hacia adelante para provocar un mejora”, remarca.

 

 

El alimento ante todo


Si bien es sabido que para un ser humano no hay mejor sustituto alimentario que la leche materna, hay ocasiones en las que la mamá no tiene posibilidades de lactar y en esos casos se ayuda con provisión del banco de leche (en el Hospital Perrando) y leches de fórmula.

A la par del crecimiento de un lactante, están los requerimientos nutricionales que acompañen su desarrollo hasta los cuatro años y a su grupo familiar, especialmente a la madre. Para eso Conin entrega bolsas con unos diez productos no perecederos (leche, azúcar, aceite, polenta, fideos, arroz o lentejas) y frescos (huevos, frutas y verduras). 

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“La problemática de la desnutrición se da en todo el país; sobre todo donde hay pobreza”, dice Maua Ruiz, la coordinadora del centro en Barranqueras.

Una caja de leche de 750 gramos permite alimentar a un niño durante 15 días. En las primeras campañas el énfasis estaba puesto en ese producto. Más adelante recibían alimentos no perecederos que dieron origen a las bolsas actuales.

De manual

“Todo forma parte de una metodología, no es que nosotros lo inventamos; tenemos un manual de procedimiento”, agrega la coordinadora María Luisa ‘Maua’ Ruiz. 

Cada área (nutrición, asistencia social, pediatría, fichas) tiene lineamientos previstos por Conin Mendoza, el primero de los centros en el país con casi 25 años de experiencia.

Una agenda de encuentros nacionales, regionales y por especializaciones (por áreas) les permite analizar avances, dificultades o desafíos. No obstante a medida que cada centro crece organiza sus actividades en función de sus recursos.

“Nosotros fuimos creciendo paulatinamente; empezamos con diez niños, ahora atendemos a unos 80 y nuestro objetivo es llegar a 108”, resume la Maua. 

Las admisiones

Lo habitual es que la mamá ingresa con un turno pasa por una consulta con el pediatra, un nutricionista y con una asistente social. El estado del niño y los riesgos a los que está expuesta su salud determinan si requiere atención. Por riesgo se consideran todas las condiciones (económicas, sociales y habitacionales) de la familia que impidan un desarrollo esperable para la edad y etapa de crecimiento. De allí que la asistencia es integral y ofrece charlas y capacitaciones a los adultos responsables del cuidado de los chicos.

Con los demás servicios del Estado trabajan en red: “Si una mamá necesita una derivación a un centro de mayor complejidad se acompaña, por ejemplo en problemas auditivos o neurológicos. Y también llegan a través de los centros de salud y el hospital”, advierte la coordinadora. 

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Suma de voluntades

En el terreno que donó el municipio de Barranqueras (Alicia Azula) se construyó el edificio con recursos de la Fundación Renault, que suele impulsar a la mayoría de los centros del país. Luego se compraron materiales con más donaciones de empresas del medio.

El armado de los bolsos por ejemplo lo hace Romina, una de las jóvenes que aportan su trabajo en forma voluntaria, aunque hace poco la fundación firmó un convenio para que se les reconozca una remuneración, apunta.

Al principio se manejaban únicamente con donaciones, en la actualidad una suma de manos les permiten administrar recursos y ampliar objetivos.

Maua es maestra jardinera y dice que ‘entró’ en la cruzada a partir de la invitación de una amiga, que es sicocopedagoga. “Desde que vine a conocer me quedé. Siempre me gustó el voluntariado y cuando tuve que hacer las prácticas profesionales por una semana en Casa Cuna me quedé todo el año; creo que algunas personas tenemos cierta predisposición para este tipo de trabajo”, opina. Recuerda que las primeras actividades de Conin se organizaban a pulmón, en dos salones que les prestaba la capilla San José.

En la conversación con CHAQUEÑA celebra que hace un par de semanas los vistó un grupo de artistas del mosaiquismo e inauguraron un mural. En la despedida invita a conocerlos y a colaborar el 16 de septiembre, cuando se organice una cena que les permitirá reunir fondos para seguir ayudando todo el año. 

 

Las instalaciones

Según el caso, las visitas periódicas pueden ser semanales, quincenales o mensuales. Los servicios específicos incluyen estimulación temprana y fonoaudiología. En una recorrida que CHAQUEÑA hizo por el centro en un día de semana se observa la actividad a pleno. Mientras los niños jugaban en el patio con una docente de nivel inicial, algunas mamás estaban en clase con un maestro. 

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Un espacio acondicionado especialmente para bañar y cambiar a los bebés y niños pequeños (con termotanque para que el agua esté a una temperatura adecuada) sirve de muestra para entender cómo se pensó y diseñó la obra. La sala de nivel inicial está divida en dos sectores: ambulantes y para dos a cuatro años, con su respectivo sanitario adaptado, sector de juguetes, cunas, iluminación.

Los adultos concurren además a una variedad de talleres (cocina, repostería, alfabetización, peluquería, manicura) en temáticas acordes con los voluntarios disponibles. Además tienen un ropero comunitario que es administrado por una mamá. 

 

Qué y dónde donar

El segundo sábado de cada mes se recolecta leche, alimentos no perecederos y pañales en dos plazas de Resistencia: la central y 12 de Octubre. En promedio logran unas 150 cajas de leche en polvo. Para esas colectas el producto más demandado -por lo costoso y específico- es la leche maternizada, que vale unos $500 la lata y que se suele dar a los lactantes con bajo peso. Hay diversidad de marcas y todas son bienvenidas.  

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Después están las donaciones sistemáticas o esporádicas.

Por ejemplo el sindicato de Correos les dona un bono que les permite adquirir productos frescos en supermercados para las bolsas solidarias y para los talleres de cocina.

Una promoción de la Escuela Normal les donó una cantidad importante de leche. También hay particulares como Carlos Alabe que pidió a sus amigos donar leche a Conin en lugar de enviarle regalos por su cumpleaños. El gesto permitió reunir 150 kilos de leche.  

 “Aunque llueva nada se pierde porque hay personas que guardan y después traen personalmente a la sede”, apunta Maua.