La dureza comercial de EEUU con Argentina
En forma unilateral, el gobierno de los Estados Unidos resolvió castigar el ingreso de biodiésel argentino a suelo estadounidense aplicando fuertes aranceles de entre 50,3 y 64,1 por ciento y con carácter retroactivo a mayo. La decisión, en la práctica, debe ser interpretada como una prohibición. Representa también una fuerte intervención estatal dispuesta por la administración Trump, que deja descolocado al gobierno de Cambiemos que ingenuamente celebró con bombos y platillos la apertura del mercado estadounidense a limones argentinos por 50 millones de dólares, pero que ahora se quedará sin poder exportar biodiésel por más 1.100 millones en moneda norteamericana.
Es tan desproporcionada la suba de aranceles que aplica la Secretaría de Comercio de Estados Unidos al biocombustible argentino, que las empresas productoras argentinas resolvieron dejar sin efecto los embarques que estaban programados hacia el país del norte, ya que con esas tasas resultan totalmente inviables las operaciones. Así lo confirmó la Cámara de Biocombustibles de la Argentina (Carbio), tras advertir que la sorpresiva medida de la administración Trump paralizará “en forma inmediata” las ventas a ese mercado, donde Argentina colocó 716.485 toneladas solo en la primera mitad de este año, lo que equivale al 96 por ciento de biodiésel argentino que se vende al exterior. El año pasado, las exportaciones nacionales de este biocombustible a EEUU fueron del orden de 1.240 millones de dólares, pero que ahora las políticas que aplica la administración Trump, de neto corte proteccionista, borrarán de un plumazo. La polémica medida pone al descubierto, por un lado, la dureza que siempre caracterizó a Estados Unidos en las relaciones comerciales con países de América Latina, y también saca a la luz la enorme contradicción que significa que el principal abanderado que aboga por las políticas de librecambio en todo el mundo no dude en aplicar políticas proteccionistas que muy lejos están de lo que establece la Organización Mundial de Comercio.
El gobierno estadounidense alegó que el biodiésel argentino recibía subsidios locales, lo que es absolutamente falso, ya que la industria del biodiésel es una de las más competitivas que tiene la Argentina. Pero lo que más llama la atención es que la restricción se conoció a pocas horas de que el Gobierno de Donald Trump habilitara el ingreso de limones argentinos al mercado norteamericano (por un monto mucho menor al que ahora se pierde por las restricciones al biodiésel) y, como contrapartida, el presidente Macri permitiera la importación al país de cerdos desde los Estados Unidos, a pesar de que la carne porcina norteamericana proviene de zonas donde se detectaron enfermedades que afectan a los animales, razón por la cual su ingreso a la Argentina estaba prohibida desde la década del 90.
La decisión de la Casa Blanca, que se tomó bajo el eufemismo de “derechos compensatorios”, asesta un duro golpe a los productores argentinos de biodiésel y también a toda la cadena de producción de la soja, poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo. Pone de relieve, además, la ingenuidad con la que Argentina maneja el comercio bilateral con una potencia mundial, hoy en manos de un controvertido mandatario como Donald Trump, que exhibe sin tapujos la vieja práctica norteamericana de priorizar siempre sus intereses.
Este lamentable capítulo de la relación comercial con EEUU debe servir para aprender de estos errores, porque no se puede entender que la potencia del norte demore 15 años para abrir sus puertas a los limones argentinos, y que Argentina en menos de 24 horas le regale el mercado local de carne porcina, sumando riesgos sanitarios, y encima acepte sin chistar un proteccionismo que frena en forma injustificada y abrupta el comercio de biodiésel, que es la principal exportación desde la Argentina al país del norte.










