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El dirigente ruralista Oscar Muchutti amplía datos sobre el auge delictivo

“Hay productores a los que les roban hasta la cosecha”

Machagai (Enviada especial) - El intento de asalto seguido del homicidio a Carlos Santiago Castelán en Makallé reinstaló un viejo debate: quién protege a los productores rurales de ataques desproporcionados. “Se roban maquinaria, herramientas y hasta lo que se cosecha”, advierte el presidente de la Sociedad Rural del Centro Chaqueño, Oscar Muchutti.

En una entrevista con NORTE dirigente describe algunos de los delitos y perjuicios más frecuentes. Además contra el concepto de la oligarquía ganadera sostiene que sus representados distan de una cultura de riqueza y convoca a crecer y fortalecerse: “Necesitamos un mayor compromiso del productor para organizarnos”. 

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Muchutti conduce la Sociedad Rural de Machagai y representa a “un sector que dista mucho de la oligarquía ganadera”, sostiene.

Desde el desmantelamiento de viviendas hasta la pérdida de enseres y pertenencias son perjuicios económicos que además del costo de reposición conlleva interrumpir o descuidar la productividad. Por citar un caso menciona que en el oeste provincial el robo de cereales e insumos es ‘lo más común’.

¿Se roban lo acopiado?

-Sí, se llevan lo que está cosechado o listo para cosecharse. Hace diez días a un productor que había cortado alfalfa, se las quitaron. Tenía 15 hectáreas, que no es poco. La alfalfa una vez cortada hay que esperar 48 horas para que se oree. Para recoger la producción usaron máquinas, enfardaron y transportaron todo en un camión.

Requiere una logística y varias personas

-Sí, y también hay actores que facilitan. Lamentablemente el impresionante éxodo de los últimos 40 años dejó muy poca gente en el campo. Entonces un propietario no puede tener personal que cuide y viva en el lugar.

Por ahí se llevan hasta un silo bolsa, tienen equipos para mover grandes cargamentos en una noche. Y están los que se llevan chasis, jaulas, son negocios grandes, que involucran a otro tipo de gente y también existe.

¿Hace cuánto que se dedica a la ganadería y qué lo llevó a conducir el sector?

-Toda mi vida, provengo de una familia dedicada a esto. En una etapa fui empleado bancario y me retiré antes de jubilarme. No tengo un terreno ganadero grande sino una unidad económica. Hace quince que presido la Sociedad, no hay otro (bromea). Hoy tenemos 250 socios, aunque en total hay 900 productores. Al margen de un porcentaje de los pequeños, tenemos unos 600 que sí pueden asociarse. Es una lástima que en nuestra Sociedad Rural sean pocos porque las entidades son fuertes en la medida que tengan socios. Y cuando hay beneficios también es a través de las entidades. Este es uno de los problemas del individualismo que tenemos inserto en nuestro país.

Además nuestros socios son genuinos porque lo hacen voluntariamente, a diferencia de sectores que asocian la vacunación de animales obligatoria.

Es un problema cultural

- En los últimos años logramos que se asocien más pero todavía cuesta mucho. Trabajamos, mejoramos, demostramos que saneamos cuentas, acá nadie cobra sueldo ni viáticos. Todo es voluntario.

Además en la sociedad está instalado el concepto de la oligarquía ganadera, cuando en esta zona está el pilinchaje. Acá ganaderos grandes no hay. Puede haber dos o tres que tal vez tengan 5.000 hectáreas, compuestos por cuatro o cinco familias. Las grandes empresas tienen otras actividades a diferencia del ganadero tradicional.

En eventos de remates se ven emprendimientos fabulosos, como uno con campos en Formosa y Machagai, que además tiene una petrolera, más otra empresa dedicada al gas. Para ellos ven el capital tierra más como una inversión pero no viven de su producción.

Tengo 900 hectáreas, que a algunos les podrá parecer mucho pero no se comparan con las dimensiones de la agricultura porque las tierras para ganadería tienen cañadas y menos receptividad. Voy a reuniones con otros ganaderos de 20.000 a 40.000 hectáreas, muchos de ellos no son de acá, las compraron, y en comparación uno es un piojo.

Un “negocio” muy rentable 

El abigeato es el otro delito con mayor despliegue y dinero en juego. “Es un negocio cada vez más grande”, advierte antes de adentrarse en cifras y detalles.

Muchutti describe que en el pasado al abigeato se lo solía llamar hurto famélico porque a veces alguien de escasos recursos mataba un animal y repartía la carne entre cuatro o cinco familias. Aunque desde el punto de vista social tiene alguna justificación, plantea que tampoco es tan así y que sigue siendo un delito.

En la actualidad el robo de animales forma parte de una práctica sistemática que provee carne a un circuito urbano. “Este es un tema para hablar por horas”, adelanta.

En números

Un animal para faena demanda tiempo y dinero. Están los nueve meses de gestación, más 8 a 9 meses después de nacido. En la zona central de la provincia predomina la cría de terneros. Uno con buen peso y buena genética vale unos 6000 a 7000 pesos.

El mercado de reproductores es diferente y tiene otras características. En general se venden ‘más grandes’, con dos a tres años de edad. Mientras que las hembras, para que sean ‘útiles’, también es importante que tengan al menos 24 meses. Los ganaderos que se dedican a esa actividad son minoría entre los representados por Muchutti.

Un animal para faena requiere un peso mínimo de unos 300 kilos (vivo). Una vez procesado, el rendimiento promedio es de un 50% y según el tipo de cortes se reparten costos y ganancias.

Un kilo de novillito criado en feed lot vale unos $65, de acuerdo con valores de proveedores locales. Con ese parámetro, 150 kilos representan unos $9.000. Hay abastecedoras con matarifes que se ahorran un eslabón de la cadena, lo que debería trasladarse en el precio final, al consumidor, y sin embargo no sucede.

-Eso explica lo “rentable” que es el abigeato

-Claro, pero en la sociedad también hay mucha indiferencia, no se entiende que un kilo de carne para milanesa se venda a $70 y sin embargo haya lugares en que esté a $50. O que un asado de ternera -que vale $120 a $130- se comercialice a $70.

Por otra parte existe una ley federal de carnes que reglamenta el sistema de comercialización y que está vigente pero no se aplica, porque permite la faena solamente en frigoríficos. Como muchas decisiones están aparejadas con nuestra realidad social, se tienen en cuenta distancias, sistemas y varios factores más, se permite faenar en mataderos de excepción, donde no hay un control directo de Senasa sino de las municipalidades y a veces de nadie. Esto permite que haya más posibilidades de comercializar carne no controlada y trae aparejado un problema sanitario. Hasta ahora tuvimos suerte, porque podría producirse un desastre por algún contagio.

Otro tema que le compete al Estado son las áreas de bromatología y la necesidad de que haya más controles. Existe un descontrol en la venta de alimentos. Hay municipalidades que ni siquiera tienen detectada la cantidad de lugares donde se vende carne, ni de los comercios en general.

Se hacen allanamientos al local comercial y algunos carniceros tienen la vivienda al lado sin que los alcancen esos controles.

Y también está el que compra mirando su conveniencia económica y pagando barato algo que no es bienhabido. Esa indiferencia es la misma que lleva a comprar un celular a $300.

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