Unánime condena a barbarie terrorista que golpea a España
Jefes de Estado y líderes de todo el mundo condenaron los ataques terroristas que sufrió España en Barcelona y Cambrils, los más graves ocurridos en suelo español desde los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid cuando estallaron bombas en cuatro trenes que circulaban entre Alcalá de Henares y Madrid. Son ocho los atentados de este tipo sufridos por Europa en el último año, todos reivindicados por el grupo Estado Islámico.
Esta vez, los blancos elegidos por los grupos fundamentalistas fueron dos: el corazón de Barcelona donde alrededor de las cinco de la tarde (hora local) una furgoneta se lanzó contra cientos de personas que caminaban por el paseo de Las Ramblas de la capital de Cataluña, dejando un saldo de al menos 13 muertos y un centenar de heridos; y más tarde en el municipio de Cambrils, en la costa de Tarragona, donde un segundo ataque dejó varios heridos y cinco terroristas muertos.
Ambas acciones criminales, reivindicadas por la organización Estado Islámico, también conocida como ISIS por sus siglas en inglés, generaron un inmediato repudio de la comunidad internacional y a menos de 24 horas del atentado miles de personas se congregaron en la céntrica Plaza de Cataluña para rendir un homenaje a las víctimas de los atentados. Según informó el cónsul argentino en Barcelona, entre los heridos en el primer ataque ocurrido en Las Ramblas figuran dos argentinos, una mujer de 67 años y un hombre de 37, aunque sus heridas no revisten gravedad.
Estos atentados volvieron a encender las luces de alerta en las principales capitales de Europa ante un fenómeno que se perfila como una nueva modalidad de ataque de grupos fundamentalistas, que buscan sembrar terror en la población civil. Los expertos en la lucha antiterrorista advierten que en los últimos años ha cambiado la modalidad de ataques de estos grupos terroristas, que alientan a sus fanáticos a emplear, entre otros métodos, vehículos para lanzarlos en plena vía pública contra personas desprevenidas. Esa misma modalidad utilizaron los que el 14 de julio del año pasado, lanzaron un camión de gran porte contra ciudadanos que caminaban por el paseo marítimo de Niza, celebrando en esa ciudad el Día Nacional de Francia, con un saldo de 86 muertos. Después en diciembre de 2016, con un patrón similar, la barbarie terrorista golpeó en Berlín con un camión que se dirigió a toda velocidad contra personas que paseaban en un mercado navideño. Doce muertos y más de 50 heridos fue el saldo de ese irracional accionar de los atacantes.
En rigor, el grupo yihadista Estado Islámico lleva más de tres años arengando a sus fanáticos seguidores a emplear este método, es decir vehículos de todo tipo y tamaño, para provocar el mayor daño posible. Los objetivos ya no son objetivos militares, sino la población civil. En marzo de este año una camioneta todoterreno embistió en Londres a peatones que circulaban en la zona del puente de Westminster, en las inmediaciones del Parlamento Británico, matando a cinco personas. La alerta antiterrorista volvió a elevarse al máximo en el Reino Unido el 22 de mayo pasado cuando un suicida hizo explotar su chaleco bomba en el estadio Manchester Arena, al finalizar un concierto de la cantante pop Ariana Grande, provocando 22 muertos y al menos 59 heridos. Luego, el 3 de junio una furgoneta arrolló a peatones que pasaban por el Puente de Londres. Tras cometer este ataque los tres terroristas continuaron a bordo del vehículo varias cuadras, descendieron y apuñalaron a varias personas, pero luego fueron abatidos por la policía londinense. El atentado dejó un saldo de ocho muertos y más de 40 heridos. Otra de las características de esta nueva ola de ataques es que los grupos violentos apelan a fanáticos solitarios cuyos movimientos no son fáciles de detectar por las fuerzas de seguridad y los organismos de inteligencia.
Es necesario que los gobiernos de los distintos países que sufren estos ataques y también el resto de la comunidad internacional coordinen acciones de prevención para poner fin a esta creciente ola de violencia de los promotores del terrorismo fundamentalista, que ya no se proponen atacar objetivos militares sino a civiles inocentes, sin importarles si entre las víctimas hay niños, como ocurrió este jueves en Barcelona.










