Elecciones en Venezuela con clima de creciente tensión
En un clima de creciente tensión política, se llevan a cabo hoy en Venezuela los comicios para elegir a los integrantes de la Asamblea Constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro. Lejos de disiparse, la fuerte confrontación entre el gobierno y la oposición sumó en las últimas horas más motivos para un peligroso conflicto que ya dejó un saldo de más de un centenar de muertos.
La coalición opositora, nucleada en la denominada Mesa de Unidad Democrática (MUD), redobló su apuesta con un llamado a la población para mantener las protestas con cortes de calles en Caracas y otras ciudades del país, incluso hasta este domingo, como una forma de boicotear la elección. De esa forma, los adversarios de Maduro quieren dar una clara señal de que están dispuestos a desafiar la expresa prohibición de realizar reuniones y manifestaciones públicas en todo el país, anunciada el jueves por el ministro de Interior, Néstor Reverol, quien advirtió que quienes participen de las protestas contra la jornada electoral podrían ser sancionados con penas de presión que van de cinco a diez años de detención. En un país polarizado y con una ciudadanía que sufre en carne propia el impacto de una fuerte inflación y la escasez de alimentos y remedios, el llamado a la elección de la Asamblea Constituyente no hizo más que potenciar las protestas de los grupos opositores que pidieron públicamente al gobierno que suspenda el proceso electoral. Representantes de la Mesa de Unidad Democrática aseguraron que ante la decisión del presidente Maduro de seguir adelante con los comicios, están dispuestos a profundizar el conflicto, lo que hace temer que se genere más caos y violencia en las calles.
En ese marco, el Departamento de Estado de Estados Unidos ordenó el jueves la inmediata salida del país de los familiares de su personal que se desempeña en la embajada de Caracas, ante la posibilidad de que recrudezcan los enfrentamientos y su sede diplomática sufra el ataque de simpatizantes del gobierno de Maduro. La convocatoria de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Carta Magna que reemplace la del año 1999, fue anunciada en mayo pasado por el presidente Maduro. El gobierno dijo entonces que con esa iniciativa propone dar rango constitucional al control de precios y la distribución de alimentos subsidiados, dos medidas con las que espera encauzar una economía que enfrenta severas dificultades y que golpea con dureza a la mayoría de los venezolanos. Desde el mismo momento en que se hizo el anuncio de los comicios para elegir a los integrantes de la Constituyente, la oposición expresó su firme rechazo a la intención oficial, señalando que detrás de esta convocatoria para redactar una nueva Carta Magna se esconde el verdadero objetivo del gobierno que es perpetuarse en el poder. A la vez decidió no participar de la contienda electoral para no legitimar un proceso que, asegura, estuvo viciado desde un principio. En los últimos meses, también dentro de las filas del chavismo hubo fuertes cuestionamientos al camino que eligió el gobierno de Maduro para sortear la crisis, e incluso algunos analistas políticos observan que hubo una clara fractura cuando la fiscal general, Luisa Ortega, que asumió ese cargo clave con el aval del entonces presidente Hugo Chávez, criticó con dureza a los poderes Ejecutivo y Judicial a los que acusó de estar perpetrando un golpe de Estado peor que el fallido intento que protagonizó en 2002 el empresario Pedro Carmona contra el bolivariano.
La voz de la fiscal Ortega no es la única disidente dentro del chavismo. El general retirado, Miguel Rodríguez; el ex ministro de Educación, Héctor Navarro; y la ex ministra de Ambiente, Ana Elisa Osorio, entre otras figuras, forman parte del llamado “chavismo crítico” que toma distancia del gobierno de Maduro sin sumarse a la intransigencia de la coalición opositora MUD. Queda por ver si esa disconformidad logra transformarse, para bien de todos los venezolanos que anhelan el cese de la violencia, en una opción política que supere la incapacidad de diálogo que han demostrado hasta ahora tanto los seguidores de Maduro como las figuras más visibles de la oposición.










