“Soy argentina pero mi corazón siempre será africano”
Hace dos años que Brenda Uria cambió Resistencia por la sudafricana Bethlehem como parte de un proyecto personal que se integra a una obra benéfica mundial.

En contacto con CHAQUEÑA narró algunas distancias culturales, aunque también encontró semejanzas y de su mirada ‘errada’ sobre ese continente. En una nota de Leo Yezze para Chaco TV había mencionado antes otros valores argentinos: “Somos un país privilegiado por tener una educación pública que permite estudiar hasta la universidad y por tener centros de salud y hospitales públicos, algo que ni en Mozambique ni en Sudáfrica existe”.
A los 30 años hizo a un lado el título de diseñadora gráfica para dedicarse de lleno al voluntariado acompaña a las jóvenes con principios bíblicos. La organización cristiana a la que pertenece tiene mucho trabajo: da comida a familias necesitadas u organiza visitas a pacientes oncológicos, con sida o que atraviesan una internación en hospitales.
En una experiencia reciente con poblaciones que habitan la selva de Mozambique Brenda participó de actividades recreativas con niños, a ofrecer asistencia a viudas y ancianos, por ejemplo, limpiando casas y construyendo baños prefabricados.
¿Cómo describirías a la cultura de ese lugar?, ¿qué aspectos te parecieron interesantes o te hicieron reflexionar sobre lo que conocías?
-África es como un mundo aparte, un mundo con muchas caras donde todo se mezcla, lo viejo y lo nuevo, lo blanco y lo negro. Es a mi parecer como una gran ensalada de culturas idiomas y tradiciones, en un sólo país pueden hablar más de 15 idiomas. Aquí en Bethlehem una pequeña ciudad (como Fontana o Barranqueras) hablan tres idiomas. Donde miras ves algo diferente, siempre hay algo nuevo que descubrir o aprender, una canción, una danza, palabras extrañas, costumbres diferentes, miradas y gestos. Uno nunca podrá aburrirse aquí. Cuando llegué tenía una idea errada sobre África, es la idea que la mayoría tiene, pobreza, tristeza, desolación. Y no es ni parecido a la realidad. Mucho color, risas, fiestas. No digo que no haya necesidad, porque la hay y muchísima, pero ver su realidad con sus ojos cambió mi cosmovisión sobre África, ahora veo todo como ellos la ven, hermosa, deslumbrante, divertida, desafiante, soñadora. Aprendí que la realidad cambia dependiendo con los ojos con los que miramos esa realidad. Aprendí a ver el corazón del africano con una mirada más profunda, no ver su necesidad, ver sus sueños y sus deseos. Que aquí es lo más importante, uno pude darle un plato de comida, pero si no lo acompaña con un abrazo o una mirada gentil, una sonrisa, el plato de comida no hace la diferencia. Lo que toca el corazón es lo que transmitimos sin las palabras. Eso trae transformación he impacto en la vida de alguien. Y no podemos dar amor si primero no lo recibimos y que mejor fuente para recibir amor sino Dios, quien hizo la mayor prueba de amor por el ser humano.

¿Con qué frecuencia venís a Resistencia y cuándo es volvés?
-El pasaje es caro así que no puedo ir a Resistencia con tanta frecuencia. Llegué aquí en septiembre del año pasado y aún no he vuelto. Mi idea es volver en febrero o marzo del año que viene.
¿Cómo o por qué elegiste hacer ese trabajo?
-Siempre me gusto ayudar a los demás en lo que podía, todo lo que estaba a mi alcance trataba de hacerlo. Cuando tenía 15 años vi un vídeo sobre África, sobre la necesidad que había, y no sólo necesidad de comida sino también de afecto, esperanza, necesidad de ser armados, de sentirse importantes para alguien, de compasión, etcétera. Y gracias a Dios de eso recibí mucho, así que le dije a Él que yo quería ir a esos lugares para dar todo aquello que me dio a mí primero. Porque he aprendido que no podemos dar de lo que no tenemos. Desde ese momento empecé a capacitarme en todo lo que podía, hice cursos, talleres, primeros auxilios, arte y pintura, leí libros, en fin de todo un poco. Traté de obtener todas las herramientas que tenía a mi alcance y que podrían llegar a ser de ayuda. Mi mente siempre estuvo enfocada en eso, todo lo que hacía era con visión para poder implementarlo aquí. Inclusive mi carrera de diseñadora gráfica, que ha sido una gran herramienta para mí este tiempo. Dios fue y será muy bueno abriendo las puertas para mí. Desde mi experiencia la perseverancia y la confianza en Él es lo más importante para lograr los sueños que ha puesto en nosotros.

¿Por cuánto tiempo más seguís allá?
-Aún no lo tengo definido. Hice un compromiso por año y medio pero me gustaría quedarme más tiempo.
¿Qué sigue después de este proyecto?
-Después de este proyecto ir tal vez a otro país de África, no estoy muy segura aún. Pero de lo que sí estoy segura es que África es mi lugar, soy argentina pero mi corazón siempre será africano.

Distancias culturales
El estilo de vida es muy similar al de Resistencia y por eso asegura que no le fue difícil adaptarse.
Uno de los aspectos más singulares es la distribución de la población en la ciudad según el color de su piel: un sector para los blancos, otro para las negras y un tercero para las ‘calas’ o mixtas. Una división heredada de los tiempos del apartheid.
En Bethlehem se hablan tres idiomas (inglés, africans y sutu) y el español es un habla poco frecuente. “Por lo demás, hay muchas semejanzas con otras ciudades de Argentina”, señala al referirse a las características y a los servicios urbanos estándar.

Si bien no se considera hincha de un equipo de fútbol, dice que ‘por herencia’ es de Boca. “Tampoco tengo una banda favorita, me gustan todas las expresiones musicales, clásica, pop, románticas, reggae, etcétera. Siempre y cuando la letra no sea desubicada o vulgar”. Su trabajo consiste -justamente- en asesorar a las adolescentes en temas de educación sexual, especialmente a las más jóvenes o que han pasado por una situación de abuso. Más diferencias Conducir un automóvil con el volante a la derecha o saludar chocando hombros -no con un beso en la mejilla-, son algunas de las diferencias cotidianas. La gastronomía también es de otro mundo: comer al estilo sutu implica reemplazar los cubiertos por unas delgadas tortillas.
Brenda confiesa que en los dos años que lleva ahí extraña platos sudamericanos que allá no tienen semejanza: un típico asado argentino, un choripán o empanadas. Sí celebra haber llevado suficiente yerba como para prepararse unos mate y hasta un tereré cuando hace calor.










