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Se queja de maltrato, abuso y robo por parte de agentes policiales

Denuncia que al llevar a su esposa al médico, tras un incidente de tránsito lo detuvieron violentamente y un agente le sustrajo una importante suma de dinero.

El caso comenzó en la tarde del sábado, cuando la esposa de Valentín Caballero (DNI 14717882) se sintió descompuesta y su hijo mayor decidió, junto su hermano menor, a llevarla al sanatorio donde es atendida habitualmente, en Marconi y calle 6. Tras salir de su domicilio, un vehículo que circulaba muy lentamente les impedía el paso, por lo que el hijo que transportaba a su madre comenzó a tocar bocina con insistencia, buscando el apartamiento del obstáculo. Como no lo consiguió, hubo un conato de discusión con quien manejaba el otro vehículo, lo que dio lugar a la intervención de policías motorizados que circulaban por la zona, en motocicletas y un auto patrulla. 

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El hijo del denunciante muestra las huellas del maltrato policial.

 Estos comenzaron por aprehender al hermano del conductor, menor de edad. En medio de discusiones, Caballero fue llamado por teléfono, por lo que inmediatamente concurrió al lugar en su camioneta. Allí solicitó a los policías que lo dejaran llevar a su esposa al sanatorio -a esta altura más alterada que cuando salieron-, ofreciéndoles que uno de ellos fuera con él, o que lo siguieran con sus motos. Ante la negativa cerrada, desesperado, optó por subirse al vehículo donde estaba su señora, y en contramano por Santa María de Oro dobló en Julio A. Roca, en Alberdi, y por esta fue hasta la avenida Alvear, donde tomó en dirección a Hernandarias, todo el tiempo perseguido por un par de motociclistas.

Al llegar a la intersección con Belgrano y disminuir la velocidad, desde una de las motos, el acompañante le astilló el parabrisas de un culatazo, por lo que Caballero detuvo la marcha. Entonces abrieron la puerta de su vehículo, y tomándolo del brazo de ese lado y del cuello, intentaron sacarlo. Como tenía puesto el cinturón de seguridad, no pudieron, por lo que uno de los agentes metió la mano entre ambos asientos, buscando la traba del cinturón. En ese trámite, Caballero dice que el agente tocó su bolsillo, donde llevaba $ 15.000, y le sacó el dinero. Luego desabrochó el cinturón y lo trasladaron al patrullero.

 Caballero relata que su esposa también sufrió maltrato e incluso manoseos cuando la bajaron del auto para llevarla a Sanidad de la Policía. Allí la tuvieron dos horas, hasta que, entre fuertes discusiones de los policías con los familiares, concluyeron que sería mejor trasladarla a la guardia del Hospital Perrando, donde también se vio sometida a una espera considerable. Así fue que una de las hijas de Caballero, en diálogo con la jefa de la guardia, acordó que no tenía sentido que retuvieran allí a una persona con delicados problemas cardíacos, entre heridos y descompuestos y sin los elementos necesarios para tratarla, por lo que la llevó al sanatorio Güemes, donde fue internada en terapia intensiva. 

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La esposa de Caballero terminó internada en terapia intensiva.

 A todo esto, Caballero quedó detenido por “conducción peligrosa”, “desacato y resistencia a la autoridad”, “portación de arma blanca” -lo que niega terminantemente-y otros cargos. Pasó lo que quedaba del sábado y el domingo en la comisaría. El lunes lo llevaron al juzgado, donde debió esperar largas horas a que “trajeran las actuaciones policiales” que debieron haber hecho los mismos que lo tenían cautivo. Los papeles nunca llegaron, por lo que debió volver a su lugar de detención, todo el lunes y el martes, hasta que este miércoles cerca del mediodía fue liberado.

 Por consejo de su abogado, Caballero firmó el sumario donde se lo acusa de varios hechos que asegura que no cometió, con el fin de salir en libertad y preparar una demanda contra los agentes policiales y la institución que los emplea. El hombre hace notar que el fin que llevó a su hijo primero y luego a él mismo -trasladar con urgencia a su esposa al médico-no amerita que ninguna persona normal se metiera en semejantes problemas. Y concluye que la causa principal de lo sucedido estriba en servidores públicos que no están suficientemente instruidos para tratar con los ciudadanos y menos con problemas de tránsito urbano.

 Según el relato de Caballero, lejos de facilitar la circulación general, los agentes aumentaron el caos, haciendo oídos sordos a alguien que en su desesperación necesitaba llegar rápidamente a un médico. Recuenta que agravaron su salud hasta límites que pudieron resultar fatales, maltrataron a su familia y lo detuvieron a él mismo, como si fuera poco, robándolo. Caballero, él mismo expolicía, considera que tales agentes, lejos de proteger y servir al ciudadano, actuaron más bien como elementos de inseguridad y delito, cosas que supuestamente deben combatir.

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