Charata le dice adiós al periodista Juan Carlos Cimbaro Canella
CHARATA (Por Alfredo Daniel Alegre) En la mañana de este miércoles aproximadamente a las 10, después de sufrir una larga enfermedad dejo de existir Juan Carlos Cimbaro Canella, "El periodista de Charata". Tenía 75 años de los cuales la mayoría de ellos los volcó al periodismo escrito, donde desarrolló una tarea de docencia y conciencia en la ciudadanía del oeste Chaqueño.

Su periodismo de investigación lo llevo a mantener a los lectores de diario NORTE, donde se desempeñó, muy atentos a sus novedosas notas desde lo policial, lo social, deportivo y hasta científico.
Si bien sus notas sobre los Meteoritos de Campo del Cielo, pasarán a la historia porque despertaron la atención de la comunidad internacional, no son menos valiosas las notas a un Serafín Ricci inspirado por su "Perla del Oeste"; o las policiales que día a día como en varios episodios desgranaba en sus páginas. Como la del "Cura trucho de Hermoso Campo", o las andanzas de los bandoleros que mataron un policía en Villa Ángela; los suplementos especiales para la Virgen del Mesón, y así muchas pero muchas notas que el tiempo seguramente dirá que fueron trascendentes en el periodismo escrito y que serán dignas de estudio para nuestros jóvenes.
Nació en Resistencia el 9 de octubre de 1941. Se casó en Charata con Yolanda Gonzales, con quien tuvo dos hijos: Lorena y Juan Carlos. También tenía cuatro nietos: Nicolás, Martín, Juan Pablo y Fiorella. Desembarcó en Charata como docente en los años 70 y desde entonces, formando una buena dupla con Serafín Ricci, armaron un pueblo con Rama y Barro justo al Oeste del Cielo Chaqueño. Y fue el andamiaje de este Charata Labriego, al decir de Serafin, que hoy llora su partida.

Escríbeme pronto
(Para Juan Carlos, amigo siempre.)
Todavía me desbordan los ojos los veranos
Aquellos
Y, deshabitado, vuelvo a los días del pan, los
Largos días
De tu pueblo, hermano de la distancia.
No sé nada de vos ni de Goty ni de las rosas tristes,
Nada se de las desdichas del trigo ni de los lapachos
Que llueven de rojo el cielo enronquecido de tu pueblo…
Aquí las garzas pasan como el eco blanco del rio,
Y las manos del otoño se han llevado los colores
Y las fábulas
Pero allí, hermano que pasa con la hondura del
fuego y sus círculos mansos.
Con los duendes que caían de golpe por las noches
Y con aquel remoto adiós que aún me persigue.
Contame de las puertas cerradas y de los
Abrazos urgentes,
De todos los amigos que busco entre la tierra
que vuela alucinada.
De la plaza que ame, de los rostros lejanos
Y de las campanas que se fueron un día de
Enero.
Decime si hay sol en los barrios
Y luna en los aljibes;
Si lo vieron a Pancho volando como un ángel
gris por los aserraderos.
Háblame de la ruta, del tren que no pasa, de la
Esperanza
Tan cansada en las alcantarillas de tu pueblo.
Tu pueblo… que tal vez es el mío todavía.
Decime cómo está. Escríbeme pronto
Serafín Ricci










