Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Nuevo invento: semanas de dos o tres días

A veces se dice que “ya está todo inventado” . Pero no es así, siempre se puede sorprender con una nueva creación. Aquí, en el Chaco y en el sector educativo han aparecido las semanas de dos y tres días. Desde que se inició el año escolar, el 6 de marzo , en ninguna de las 16 semanas hasta ahora se dictaron clases en los cinco días hábiles. En todas ellas hubo uno o varios gremios que llevaron adelante medidas de fuerza.

De un total de posibles 79 días hábiles (hasta el viernes 23 de junio) huboen los que se dictaron clases y cinco feria 40 días calendario con paros, 34 en los que se dictaron clases y cinco feriados o asuetos. Que alguien diga que si con este panorama se puede llevar a cabo un trabajo educativo serio en los chaqueños del mañana. Tiene razón el profesor Carlos Silva, comentarista educativo de NORTE cuando se pregunta “¿a quién le importa la educación?”.

Anarquía

Es cierto que no todos los docentes están agremiados, que de los que lo están, no todos adhieren a las medidas de fuerza y que no todos los sindicatos coinciden en el paro, pero justamente por eso se conforma un panorama de generalizada anarquía que anula todo lo bueno que se pueda hacer a favor de los educandos.

Hay padres que afirman que nunca saben si sus hijos tendrán o no clases, porque saber si el maestro hace paro o no es más o menos como sacarse “La Poceada”. Ni qué decir del secundario donde los alumnos tienen, por ejemplo, clases en la primera y cuarta hora, pero en el resto los profesores no vienen. Así todos los días, de todas las semanas. Imposible lograr la concentración necesaria para el acto educativo, más si se está en la adolescencia, el imperio de la distracción. Tener más días con paros que de clase regular cuando se está a punto de llegar a la mitad del ciclo lectivo no es un panorama alentador. Si la cosa sigue así estaremos lejísimos del supuesto ideal de 180 días hábiles con clases en el año. La pregunta del profesor Silva ¿a quién le importa la educación? parece tener una respuesta contundente: a nadie de los que les debería interesar. Y eso por más que se pontifique sobre los púlpitos electorales que “la educación es prioridad” y que “bregaremos por la calidad educativa” y que bla, bla, bla, como en tantos otros temas.

Al Estado

¿Y a quiénes importa o debería importar la educación? Primero y antes que nada, a los responsables del Estado. A los que se comprometieron bajo juramento a cumplir con los deberes elementales para una sociedad mejor, más justa y menos decadente. Es decir a los que ejercen el gobierno, que deben crear las mejores condiciones para que la Educación se imparta con todas las necesidades cubiertas, desde la logística y equipamiento hasta crear las condiciones para que el dictado de clases no sea lo que es hoy, una suerte de variable de ajuste.

En otras palabras para que paguen sueldos acordes con la misión encomendada utilizando todos los resortes para ello. Revisando todos los rincones del sistema para eliminar burocracia mejor paga que la docencia, para terminar con plantas fantasmas, para vigilar para que la infraestructura no se deteriore, para simplificar los recibos de sueldos y que se pague todo junto y no como un “incentivo” que más se parece a una limosna.

A los docentes

Y a otro sector que le debe importar la educación es a los mismos docetes, que así como lo están haciendo, están desvirtuando su tarea y su vocación. Su cometido es vital para el futuro de los alumnos. No deben cejar de pelear para estar bien retribuidos y tener todos los elementos necesarios para impartir educación. Pero deben tomar conciencia de que su cometido es único en la sociedad y no es igual que cualquier otro oficio. Que lo suyo tiene o debe tener su cuota de sacrificio y que lo que levantan no son paredes de ladrillos, son las paredes de la sociedad futura. No pueden ceñir su lucha únicamente al paro porque no están de acuerdo. Es un recurso demasiado fácil e inconducente, que tiene sabor a nada. Porque esto se viene produciendo desde décadas y, por lo que se ve, nunca se consigue una solución definitiva. ¿Por qué parece tan imposible llegar a un acuerdo con la patronal (el gobierno)? ¿Por qué no se intercambian propuestas para ver de dónde salen los fondos necesarios que hoy están faltando? ¿Los docentes que hay son los suficientes? ¿Las estructuras educativas son las que se necesitan?

A los padres

Y el tercer sector del problema, hoy totalmente ausente, es el de los padres de los alumnos, que deben ser los primeros interesados en la formación de sus hijos. Deberían de alguna manera presionar para que se normalice el funcionamiento de las escuelas y no con esta modalidad de solo dos o tres días de clase por semana como algo normal.

Organizarse, manifestarse, golpear puertas, hasta cansarlos tanto a los gobernantes como a los gremialistas para que sus hijos tengan un año lectivo normal, una educación de calidad y de acuerdo al momento de la historia que se está viviendo.

Terminar de rasgarnos las vestiduras por el bajo nivel de los alumnos y exigir que los que imparten la educación vayan por delante de sus educandos y no que sepan menos que ellos. Es una ardua tarea la que queda por delante, pero que no se diga que no se la intenta hacer. Hoy, por lo que pasa, parece que es muy poco lo que importa la Educación. Más importante es ganar una banca (beca) en la Legislatura provincial o en el Congreso de la Nación.

Te puede interesar