Necesita recorrer 80 kilómetros para sesiones de quimioterapia y le retacean el traslado en ambulancia
A los 33 años, Norma Cáceres se siente desbordada y apela a las autoridades municipales y de la provincia. Después de una mastectomía, se sometió a sesiones periódicas de quimioterapia en el Perrando. Como vive en La Leonesa y no puede costear los $500 de un viaje en remís, necesita el servicio de la ambulancia del hospital Fleming.
En una silla de ruedas Norma espera en la vereda a Agustín Ávalos, de la Asociación Amigos Solidarios, que se ofreció a llevarla en su vehículo hasta La Leonesa. Allá la esperan sus cuatro hijos de 11, 5, 3 y un año y cinco meses.

Acudió a la oenegé porque la ambulancia del hospital de su ciudad no le garantiza el traslado y retacea medicamentos e insumos.
Maltratos varios
Norma teme interrumpir el tratamiento como ya le pasó antes por confiar y perder seis sesiones. “Una vez se fueron y me dejaron esperando, conseguí volver gracias a otra ambulancia que iba a Las Palmas”, recordó.
El maltrato se traduce también en apurarla con los horarios y en no contemplar la situación especial que transita. Aunque haga el pedido con anticipación, suelen mantenerla en vilo hasta último momento.
“Si su pareja va un lunes para pedir viajar el viernes le dicen que pregunte de nuevo el miércoles: después lo hacen preguntar otra vez el jueves hasta que al final le contestan que no se puede”, describe Agustín.
Contra el desaliento
Darío Gómez es el papá del más pequeño de los niños y su compañero en todo. En la casa que heredó de un familiar viven los seis con lo justo. Familiares y compueblanos aportan otro tanto pero no alcanza.
Norma asegura que gestionó una pensión hace tiempo pero la desalentó la falta de respuestas.
Asegura que intenta sobreponerse a las limitaciones de sus dolencias pero que a veces es muy duro. “Siempre fui muy activa y lo que más me cuesta es no poder alzar a mi hijo, porque no tengo fuerzas entonces está todo el tiempo con el papá”, confiesa con voz temblorosa.
Convivir con el dolor
El tratamiento y los medicamentos la hacen sentir débil, necesita morfina cuatro veces al día para calmar los dolores que le impiden moverse y hasta suele dormir sentada para evitar rozar la zona intervenida.
Extiende un poco el escote de la remera para mostrar las lesiones violáceas que se demoran en cicatrizar. El oncólogo la citó para verla de nuevo el lunes (dentro de dos días) y ella renueva su incertidumbre con el traslado.
“Ya me había dicho que esto va a durar hasta septiembre, trato de estar bien pero a veces es muy difícil”, admite.
Lo mínimo
Cuando acude al hospital de La Leonesa por elementos para limpiar sus heridas -algodón, gasas o vendas- si requiere cinco le dan tres. Lo mismo para las pastillas que complementan su tratamiento y otros cuidados.
Y sobre el uso de la ambulancia lo último que les dijeron ante las quejas por demoras en las definiciones fue: “Hablen con el chofer”.










