Líder republicano herido en estado grave
El agresor fue abatido tras disparar contra más de veinte de congresistas que jugaban al béisbol en Virginia. Cinco por lo menos resultaron heridos.
Bogotá, 14 (AFP-NA) – James T. Hodgkinson, empresario pyme de Illinois, de 66 años, se convirtió en otro de los recurrentes abusadores de armas que pueblan la cotidianeidad de EEUU. Pero esta vez, el hombre, que no tenía antecedentes, disparó con su rifle de asalto contra una veintena de congresistas republicanos que practicaban béisbol cerca del Capitolio. Hirió a cinco personas, entre ellas el jefe de la bancada republicana de Representantes, Steve Scalise, quien se encuentra en estado crítico. Hodgkinson fue abatido a tiros y murió.

Hodgkinson era un activista demócrata, voluntario en la campaña de Bernie Sanders, pero en su vida había cometido un crimen. Vociferaba contra Trump y los republicanos, pero no tenía antecedentes de delitos graves. La policía dijo que era sólo un jubilado autónomo que desde marzo hacía prácticas de tiro y que en su cuenta de Facebook había escrito que el presidente era “un traidor” y que quería “destruir al presidente y compañía”. Este miércoles entró en la cancha de béisbol de la YMCA en la calle East Monroe, en Alexandria, con su fusil. Congresistas republicanos se entrenaban para su tradicional partido contra los demócratas, que se celebra cada año desde 1909 para recaudar fondos para entidades caritativas.
Hodgkinson sacó su arma, aparentemente un M-4, fusil de combate que usa la infantería de EEUU. Entró al campo y, sin que nadie lo viera venir, apuntó a los parlamentarios y disparó una lluvia de balas. Los congresistas trataron de buscar refugio, de huir. El primero en caer fue Scalise, de 51 años, tercer cargo de mayor importancia en la Cámara de Representantes. Al menos con un balazo en la cadera, Scalise estaba semi-inmovilizado. Se arrastró por el campo mientras el tirador seguía disparando y los otros congresistas se escondían entre los árboles. “Me quedé ahí mientras mi hijo de 10 años corría y se escondía de bajo del coche”, contó Joe Barton, congresista por Texas.

Dos policías del Capitolio salieron a defender a los parlamentarios, y se inició un tiroteo a corta distancia. Los agentes, arriesgando sus vidas, dispararon a quemarropa, y Hodgkinson fue abatido. Todo el sitio estaba cubierto de manchas de sangre y el pánico seguía vivo. Ante el temor de que hubiera más atacantes, acudieron más policías armas en mano. Dos de ellos habían resultado heridos, además de un asesor parlamentario y un lobbista. Scalise, que es médico, indicó a los asistentes los primeros auxilios que correspondían. Frenaron la hemorragia con ropa y le hicieron un torniquete antes de que llegaran los helicópteros sanitarios, que evacuaron a Scalise y los otros heridos. El atacante falleció en el vuelo.
El tiroteo podría haber terminado en matanza, considerando la potencia del arma que usó Hodgkinson y la situación distraída de los congresistas, en campo abierto. El caso remitió inmediatamente al ataque contra Gabrielle Giffords, la congresista demócrata salvajemente atacada en Tucson en 2011. Recibió un balazo en la cabeza cuando estaba reunida con algunos votantes, y murieron otras seis personas baleadas. El asesino, enfermo psiquiátrico, fue condenado a perpetua. Ahora, Giffords, pese a que quedó con grandes dificultades para la movilidad y el habla, es una dedicada activista contra las armas. La falta de control de armas volvió al debate público, aunque Trump prefirió ignorar la cuestión en su mensaje a la Nación, en el que prefirió llamar a la unidad: “Somos más fuertes unidos y trabajando por el bien común”. Su tono fue inusualmente discreto.
“Trump destruyó nuestra democracia, hay que destruirlo”
James T. Hodgkinson era un empresario que hasta 2016 dirigía una empresa de inspección de casas en Belleville (Illinois). Se mudó hace dos meses a la zona de Washington, y vivía en Alexandria), una localidad adyacente a la capital, donde atacó a los congresistas y senadores republicanos.
Tenía algunos arrestos por no tener sus empresas en regla, conducir alcoholizado y otras faltas menores. Era activista demócrata, criticaba acerbamente a los republicanos y pertenecía a algunso grupos anticonservadores, entre ellos uno llamado “Acabar con el Partido Republicano”.
Sus intervenciones en redes sociales mostraban a un hombre partidario del senador Bernie Sanders, frustrado con la realidad política actual. El 22 de marzo publicó en Facebook: “Trump es un traidor. Trump destruyó nuestra democracia. Es hora de destruir a Trump y compañía”. En la campaña presidencial fue voluntario de Sanders, como otros centenares de voluntarios cuya relación con el candidato es anecdótica.
“Era un hombre callado y tranquilo”, contó Charles Orear, que trabajó con Hodgkinson en Iowa, a The Washington Post. Dijo que el atacante nunca se mostró violento o cruel con otros y que era un tipo reservado. El senador Sanders emitió un comunicado repudiando cualquier acto de violencia. Sin mencionar a Hodgkinson, escribió: “Me enferma esta acción despreciable. El cambio real solo podrá ocurrir sin violencia”.










