El menos común de los sentidos
Las elecciones de ocho días atrás dejaron muchas lecciones que los chaqueños debemos aprender. De los ciudadanos habilitados para votar 908.073, lo hicieron sólo la mitad: 504.073 (55,5%), de los que 16.396 lo hicieron en blanco y otros 8.319 anularon su voto.
No votaron 404.000(44,5%). Fueron, desde el regreso de la Democracia en 1983, las con más baja participación. Para ello contribuyeron varias causas. Entre ellas, la principal fue el sentido común de la gente y la falta de sentido común de los políticos y de las autoridades.
En estas elecciones de medio tiempo los chaqueños debemos elegir 20 diputados, dieciséis de ellos provinciales y cuatro nacionales. Para ello deberemos acudir a votar cuatro veces. Eso, en sí, no sería un obstáculo si no se tratara de personas prácticamente desconocidos para la mayoría de la gente y que, además, su cometido está muy alejado de las necesidades.
Desconocimiento mutuo
Hoy los diputados no acuden a los lugares donde sus representados desarrollan su vida diaria: las escuelas, los hospitales, las fábricas, los transportes, los lugares de trabajo, los barrios, los asentamientos, las comisiones vecinales, las góndolas de los supermercados, las explotaciones agrícolas y ganaderas y tantos otros. Con ese desconocimiento se les hace imposible poder proyectar leyes que mejoren la vida diaria y todo lo que se hace se limita a aprobar o no proyectos de ley que envía el Poder Ejecutivo. Hay desconocimiento mutuo: los vecinos no conocen a sus diputados (sus representantes) y los diputados no conocen lo que necesitan los ciudadanos. Y cuando aprueban algunas leyes que son necesarias o innovadoras, quedan archivadas o inútiles por falta de reglamentación. Valga señalar dos ejemplos para muestra: el Chaco es una de las pocas provincias que tiene la ley de Juicio por Jurados. Duerme el sueño de los justos. Y la ley de carrera sanitaria corre la misma suerte.
Y para elegir cuatro (¡cuatro!) diputados nacionales deberemos volver a las urnas dos veces más en agosto y octubre. Cuatro diputados que resultan cuatro becarios que vivirán en Buenos Aires cuatro años de los que muy pocos sabrán de su existencia, pero que su influencia en el bien común de los chaqueños será nula o casi nula. Su cometido no roza la piel de los chaqueños si, además, se ocupan poco de ellos, no frecuentan su provincia, no se reúnen con la gente, con los funcionarios de su provincia, con sus colegas de otros partidos. Si no forman alianzas con diputados nacionales de la región para actuar en conjunto. Es muy poco aparecer algunas veces en los medios de comunicación con declaraciones intrascendentes o para gestionar pensiones.
Democracia desvirtuada
A esto se suma que en estos 34 años de democracia se ha desvirtuado este sistema de gobierno que tanto costó recuperar. Se conservan, a duras penas las formas, pero el contenido deja mucho que desear, sobre todo cuando se observa que, a los que resultan elegidos, les va muy bien económicamente mientras que a sus representados cada vez les resulta más difícil satisfacer las necesidades imprescindibles de la vida. Solo por estos dos motivos: la poca trascendencia de quienes se elige y la poca implicancia para vida diaria, hay que concluir que fue un tremendo error desdoblar las elecciones. Una falta de sentido común. Eso sí tiene color cuando, por ejemplo, se eligen en el mismo año presidente, gobernadores, intendentes.
Ahora hubo 23 listas, pero solo dos partidos tuvieron compulsa, el resto ya eligió sus candidatos. Y además, entre los contendientes de un mismo partido los porcentajes son tales que, de hecho, será la lista ganadora la que impondrá los candidatos, en ambos casos elegidos entre cuatro paredes, con el dedo de muy pocos.
A la luz de los acontecimientos y de los resultados obtenidos hay que pensar seriamente si así como están concebidas sirven las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), más cuando se las desdoblan.
Sentido común
De todos modos es bueno poner la oreja y la voluntad para considerar las opiniones de los ciudadanos, algunas de los centenares expresadas en las redes sociales y que reflejan un imprescindible sentido común, ese que le falta a los gobernantes.
“Los ciudadanos estamos cansados que los funcionarios no cumplan con lo que prometen. Lo único que les interesa es su propio bolsillo, puesto que ni bien asumen se aumentan las dietas de una manera que no concuerda con la realidad que vivimos. Y lo peor es que siempre terminamos ‘bancando‘ la crisis, los trabajadores, que nos agobian con aumentos de impuestos, servicios y, por si fuera poco, la gran inseguridad que a ningún político parece importarle”.
“Con tantas elecciones en el año se pierde el foco de lo que se vota. Sin mencionar que se descuidan las gestiones”.
“Yo fui a votar porque era obligatorio, pero realmente me parece que carecen de sentido las PASO. ¿Cuál es el sentido de gastar tanto dinero en organizar unas elecciones cuando los partidos políticos no se ajustan a lo que significan y arreglan las listas?”.
“Descreimiento, hartazgo y siempre gana el partido contra el que escuchas a la gente despotricar todo el tiempo”.
“Dejen de gastar plata en las Paso no sirven para nada. Destinen ese dinero a los hospitales que están sin insumos. ¡Políticos, dan vergüenza ajena!” “Creo que el sistema completo es complejo, muchas elecciones, muchas campañas, y la gente se siente siempre engañada y pierde interés, muchos no sabían ni qué, ni a quiénes se votaba”.
“¿Cuántas personas votarían si no fuese obligatorio? Respondo menos del 50%. Eso porque la dirigencia política no está a la altura de las circunstancias. Falta de seguridad. Corrupción. Acomodo de los familiares”.
“Desdoblar las elecciones es no pensar en la provincia, en la pobreza de sus recursos. Las elecciones internas partidarias deberían resolverse en ese ámbito. Quedó demostrado que la gente no acompaña.”
“Me parecen innecesarias las PASO, que cada partido se ponga de acuerdo internamente y listo. Solo fui porque es obligatorio, la gente se cansa de votar cuatro veces y lo otro es que no capacitan a las personas que están en la mesa y eso hace que uno tarde en votar y no quiera ir a la próxima votación”.
“A mí me tocó ser presidente de mesa en una escuela donde solo dos nos presentamos. Nos largaron a la cancha sin capacitación, información u orientación. La notificación llego días antes por lo que no dio tiempo de nada, ni de renunciar. Estuve dando vueltas desde la 7 por causa de la mala organización. Si no estás afiliado a algún partido, no te dan comida, agua o reemplazo. Ni al baño te podes ir”.
A la luz de estas afirmaciones y comparándolas con los análisis y decisiones de los políticos uno concluye que para estos, de verdad, el sentido común es el menos común de los sentidos.










