Francisco Ferrer: retrato del artista moqoit
Francisco Ferrer, sin dramatismo ni estridencias, hace saber a sus amigos que está pasando un tramo difícil de salud; afirma que es una persona agradecida, bendecida, y que ha tenido la satisfacción de poder caminar junto a hermanos de su pueblo Moqoit y de otros pueblos indígenas y criollos de su Chaco, y junto a ellos trabajó, luchó, creó y consiguió conquistas valoradas en nuestra rica diversidad cultural.
Es artista, escultor y docente de singular valía de nuestra cultura provincial, no sólo porque en todo hacer reivindica su herencia de los pueblos originarios de la extensa llanura chaqueña, sino porque las formas y contenidos de esa reivindicación son hechos y obras que perdurarán en el concierto general de nuestro mosaico cultural,
Cuando en 1997 publicó su libro Memoria sin tiempo, escribió en el prólogo que quisiera llevar más allá de la mera anécdota los hechos allí relatados que ocurrieron alrededor de 70 años atrás. Fue entonces que se sintió la ocupación del conquistador, “Fue así que el pueblo toba veía cada día perder su territorio y, de alguna manera el monte, el río, los esteros. Comenzaron a sucumbir por la tala indiscriminada de los montes, la contaminación de los ríos y la exterminación del toba, y se fue perdiendo ese lazo milenario entre todos los seres vivientes, desde el más fuerte al más débil, que nunca jamás volvería a ser el mismo”.
Dice Ferrer que despertó de esa pesadilla y le toca ahora vivir la realidad actual con el alivio de saber que vendrán tiempos mejores. Tal es la sentencia de una profecía toba. Tal vez por eso se siente gratificado de haber tenido la oportunidad de transitar junto a cada uno de sus hermanos al amparo de la amorosa madre tierra y porque Alguien poderoso que está sobre todos los hombres, le tocó de alguna manera con su rayo de luz, lo que le hace decir que “no se trata de una despedida sino sólo de un hasta pronto”.
Impresionante currículum
Desde aproximadamente 1980, inicia su actividad plástica con una beca de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia del Chaco, para perfeccionarse en Buenos Aires en escultura en madera. De allí en más, es prácticamente incontable su asistencia y participación en cursos, jornadas culturales y de educación plástica, pasantías, congresos. Estas experiencias fueron casi simultáneamente conexas con su extensa actividad docente y administrativa que lo llevaron a ser profesor en talleres de esculturas, o jurado en certámenes de esa especialidad, o interventor en el Instituto del Aborigen Chaqueño, o participante en las Primeras Jornadas Interprovinciales de Educación Bilingüe, o asesor del Centro Cultural Leopoldo Marechal. Además de miembro ad honorem de la Comisión para la Protección del Patrimonio Cultural y, en ese carácter, dictó charlas y conferencias en la Capital Federal, Mar del Plata, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Santa Fe. En fin, su currículum menciona 41 ítems de estas actividades, seis exposiciones individuales de esculturas, 19 exposiciones colectivas en Resistencia, 13 en otras provincias, 15 a nivel nacional y siete en Buenos Aires realizadas, una en el diario Clarín, dos en el Centro Cultural General San Martín y otros prestigiosos centros culturales.
Estuvo en concursos de escultura en madera como representante del Chaco. En 1992 obtuvo el 2º premio en el Encuentro Nacional de Esculturas en Madera. Probablemente el más importante de los 13 premios y 41 distinciones obtenidas a lo largo de su carrera. Sus obras se encuentran en varios museos del país y algunas emplazadas al aire libre en lugares apropiados.
El mandato ancestral
Cuando en julio de 1992 Francisco Ferrer obtuvo el premio mencionado más arriba en aquel 5º Concurso de Esculturas realizado en la Plaza 25 de Mayo de Resistencia, por su obra Destrucción del Edén II, al día siguiente expresé en mi columna de NORTE que, “con el segundo (premio) se alegró la tierra”, porque un tan alto reconocimiento significaba una doble consagración: la de Ferrer y la de su arte genuinamente nativo, tal vez en la mejor tradición del arte precolombino con su estar ahí, inmerso y dependiente de la naturaleza, a diferencia del occidental, que es independiente y avanza sobre el ambiente. La obra de Ferrer se resuelve mediante una fuerte identificación con el ambiente, todo tiende hacia un solo punto de atención, mientras que en el arte surgido gracias al desarrollo científico e industrial impera el concepto de la proporción áurea y de centros de atención múltiples, en la ubicación racional de los elementos, y Ferrer se siente desligado de ataduras canónicas que lo aferren a lo moderno, y aun cuando trabaje con elementos y herramientas de la modernidad, él siente y sigue el mandato de sus antepasados que renacerán en cada una de sus obras.
Rolando Cánepa
Su próximo libro
En estos días está ultimando detalles para dar a luz su nuevo libro Corazón de piedra. Relatos sin tiempo, con ayuda de su familia y amigos que colaboran en esta recopilación de relatos, transmitidos por los ancestros de su vieja raza de tiempos antiguos y quizás de más allá todavía.










