Lluvias y sequías, un fenómeno cada vez más frecuente
La mitad del país viene padeciendo los efectos de intensas lluvias y desbordes de ríos que dejan localidades y enormes extensiones de suelo productivo bajo el agua. En el Chaco, las contingencias climáticas obligaron a decretar la emergencia agropecuaria en diez departamentos de la zona este de la provincia y se estima que cerca de 470.000 cabezas de ganado bovino y 13.000 productores fueron afectados por estos fenómenos del clima que, según advierten investigadores del Conicet, en el futuro serán cada vez más prolongados.
En efecto, un trabajo realizado por científicos del Conicet advierte que las precipitaciones intensas y el aumento promedio de las temperaturas que se traduce en olas de calor cada vez más prolongadas serán los mayores problemas ambientales que, de ahora en más, introducirán transformaciones en el mapa productivo de las distintas regiones afectadas por estos fenómenos. Se trata de los estudios elaborados por los investigadores Inés Camilloni y Vicente Barros, cuyos resultados fueron volcados en el libro “La Argentina y el cambio climático. De la física a la política” que fue presentado esta semana en la ciudad de Buenos Aires. Según este trabajo, los datos registrados en los últimos 145 años por el Servicio Meteorológico Nacional revelan que el volumen de lluvias creció un 20 por ciento entre los años 1961 y 2010, y que la temperatura, en promedio, se incrementó en ese período 0,5°C. Pero eso no es todo, las proyecciones que hacen los científicos autores del libro advierten que en los próximos 25 años el fenómeno irá en aumento y que la región con mayores cambios será el noroeste del país, donde se registrarán incrementos de temperatura de hasta 1,5º C.
Los investigadores observan que las precipitaciones extremas y el aumento promedio de las temperaturas producen severas inundaciones y sequías; y también olas de calor que, en los centros urbanos, se caracterizan por ser de mayor duración e intensas. Si bien este trabajo de investigación hace hincapié en las proyecciones para las próximas dos décadas, no pasa por alto que las crecientes precipitaciones y las cada vez más frecuentes inundaciones “constituyen las catástrofes de origen natural que mayores daños económicos y sociales causaron en la Argentina en los últimos tiempos”. En ese sentido, un estudio del Banco Mundial advierte que en 2015, sólo en la provincia de Buenos Aires, las lluvias afectaron más de 800.000 hectáreas y se perdieron casi 6000 cabezas de ganado, lo que se tradujo en pérdidas calculadas en unos 652 millones de dólares. La situación también es complicada en el Chaco donde hay campos anegados donde el nivel del agua superó el metro y medio de altura, comprometiendo seriamente el esfuerzo de productores ganaderos, hortícolas y frutihortícolas. En este contexto, despierta gran expectativa entre los productores ganaderos la inminente visita a la provincia del titular del Ministerio de Agroindustria de la Nación, el formoseño Ricardo Buryaile, cuya presencia coincide con la difícil coyuntura que enfrenta la ganadería de la región. Es que los productores esperan que el ministro llegue con la homologación nacional del decreto provincial que declara la emergencia agropecuaria para diez departamentos del este chaqueño.
Es evidente que los efectos del cambio climático ya comenzaron a sentirse en la región, y es importante que en los niveles más altos de decisión se otorgue un lugar central a estas cuestiones en la agenda de asuntos públicos. El problema es serio y debe tomarse nota de lo que advierten los científicos como Inés Camilloni, autora del libro al que se aquí se hace referencia, quien alertó que todavía no se sabe cuánto es el máximo de precipitaciones que pueden registrarse en los próximos años en el país. Para que se entienda mejor de lo que se está hablando, Camilloni observó que en la ciudad de Comodoro Rivadavia, por ejemplo, las lluvias extremas tuvieron un desvío de 1660 por ciento más de los registros de lluvias consideradas, hasta ahora, como “normales”. Será necesario ajustar los sistemas de alerta temprana, y realizar las obras que faltan para dar un manejo adecuado del agua en las zonas que se verán afectadas por estos cambios en el clima.










