Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Medio siglo de la gran novela de América

Se cumplen 50 años de la primera edición de “Cien años de soledad”, el magistral trabajo de Gabriel García Márquez, convertido en uno de los principales textos de la literatura universal, que se terminó de imprimir un día como hoy, en mayo de 1967. Si bien el propio escritor colombiano no imaginó al principio la trascendencia mundial que alcanzaría esta obra, a poco de andar sorprendió a los críticos la manera original de combinar fantasía y realidad.

Como señaló Tomás Eloy Martínez en la revista Primera Plana, en su edición de junio de ese mismo año, la obra más célebre de García Márquez se convertiría en La Gran Novela de América, como presagió el título de tapa de esa recordada publicación, apenas un mes después del lanzamiento del libro por parte de la editorial argentina Sudamericana. Mucho tiempo después, el genial colombiano recordaría con cientos de anécdotas las peripecias previas a la publicación de la obra, dando detalles del lugar donde se gestó lo que sería luego su texto más conocido y traducido a varios idiomas; o la escasez de dinero que tuvo que sortear con mucho ingenio para poder mandar por correo, a principios de agosto de 1966, una encomienda con casi 600 carillas escritas a máquina y dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de Sudamericana, que esperaba ansioso en Buenos Aires la llegada del texto. También son conocidas las confesiones de García Márquez sobre los momentos de pesadumbre en los que se sumergía cada vez que tenía que enfrentar la muerte de los protagonistas de la novela, experiencia que se repetiría con la escritura de otras obras que conformaron ese particular universo que lo hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1982. “Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura”, reveló en varias ocasiones el escritor. “Nunca he visto nada distinto que mis dos dedos índices golpeando, una a una y a un buen ritmo, las 28 letras del alfabeto inmodificado que he tenido ante mis ojos durante estos setenta y pico de años”, sostuvo tras recordar que la idea de relatar las historias de la familia Buendía en la mítica Macondo empezó a dar vueltas en su mente mucho antes de 1967, año en que finalmente se publicó la obra, en buena medida gracias a las increíbles narraciones que escuchaba con atención de su memoriosa abuela, Tranquilina Iguarán, en su primera infancia. En una nota que publicó en la revista colombiana “Cambio”, en 2002, García Márquez explicó que fue a comienzos del año 1965 cuando manejaba su auto por las calles de la turística ciudad de Acapulco, cuando tuvo la idea de escribir “Cien años de soledad”. “Me sentí fulminado por un cataclismo del alma tan intenso y desgarrador que apenas si logré eludir una vaca que se atravesó en la carretera”, recordó el colombiano, fiel a ese estilo tan particular de narrar que lo acompañó durante toda su vida. Según afirmó en varias de las conferencias que brindó ante multitudes de lectores en todo el mundo, el famoso párrafo inicial de su obra más exitosa -“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”- se le presentó casi como una revelación y desde ese momento no pudo parar de escribir hasta que concluyó la obra de 471 páginas que, para su grata sorpresa, tendría una primera edición de 8000 ejemplares que se agotaría en apenas tres semanas, lo que obligó a la editorial Sudamericana a lanzar sin demoras una segunda tirada.

Los primeros 50 años de esta original novela valen como excusa para rescatar el pensamiento del gran colombiano, y recordar las palabras que pronunció en su discurso del 8 de marzo de 1999, en la sesión inaugural del Foro América Latina y el Caribe frente al Nuevo Milenio, celebrado en París, cuando dijo: “No esperen nada del siglo XXI, que es el siglo XXI el que lo espera todo de ustedes. Un siglo que no viene hecho de fábrica sino listo para ser forjado por ustedes a nuestra imagen y semejanza, y que sólo será tan glorioso y nuestro como ustedes sean capaces de imaginarlo”.

Te puede interesar