La OMS y el acceso universal a la salud
El exministro de Salud y de Asuntos Exteriores etíope, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se impuso en las elecciones que acaba de celebrar en Ginebra, Suiza, la Organización Mundial de la Salud para designar al sucesor de Margaret Chan, cuya gestión quedó bajo un manto de dudas por la lenta reacción que tuvo frente a la epidemia de ébola en África occidental.
Tedros, que se convirtió así en el primer africano en presidir la agencia de Naciones Unidas encargada de velar por la salud mundial, obtuvo 133 votos de los 185 estados miembros de la OMS, y ejercerá el cargo por un período de cinco años. Entre los desafíos que deberá enfrentar este médico africano de 52 años, el más importante sin dudas es lograr el acceso universal a la salud en todo el mundo, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como él mismo planteó en su campaña para acceder a la dirección del organismo internacional.
Con estudios en inmunología de las enfermedades infecciosas y doctor en Filosofía, Tedros fue ministro de Salud de su país entre los años 2005 y 2012, y de Exteriores entre 2012 y 2016. Será, como se dijo, el primer representante del continente africano que ocupe este cargo ya que, de los ocho directores generales que pasaron por la OMS, dos fueron americanos, tres europeos y tres asiáticos.
Su propuesta para extender la cobertura sanitaria universal a todos los rincones del mundo entusiasma sobre todo a organizaciones humanitarias que promueven el cuidado de la salud en los países más pobres, pero este enorme desafío tropieza desde el vamos con la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de recortar las contribuciones de ese país (el principal aportante) a la Organización Mundial de la Salud. De hecho, en la primera conferencia de prensa que ofreció Tedros como flamante director general de la OMS admitió que el recorte que impulsa el magnate norteamericano pegará en la línea de flotación del organismo. “El impacto es grave”, admitió, tras reconocer que una de sus tareas más inmediatas será encontrar vías alternativas de financiación. También se comprometió a “trabajar sin descanso” para hacer realidad la cobertura universal de salud y, en ese sentido, recordó que cuando era niño sufrió la muerte de uno de sus hermanos, que falleció por una enfermedad que se podía prevenir. En rigor, millones de niños mueren cada año en todo el mundo por causas que se pueden evitar, muchas de ellas originadas en la enorme desigualdad que afecta a las familias más vulnerables de los países más pobres que no tienen, por ejemplo, garantizado el acceso a agua potable y a una alimentación más saludable.
El derecho a la salud es uno de los derechos humanos fundamentales y, por su naturaleza, universal e interdependiente de otros derechos como el derecho a una vida digna, al trabajo y a la educación, entre otros. La OMS juega un papel fundamental en la tarea de generar las condiciones necesarias para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, y si bien es cierto que el organismo tardó mucho tiempo en detectar, alertar y, sobre todo, reaccionar cuando se desató la crisis del ébola en África Occidental, la epidemia que afectó a países muy pobres y donde el virus era desconocido por la población, no es éste el mejor momento para retirar aportes al organismo internacional sino de apoyarlo para que optimice su labor de manera que sea más efectiva y transparente ante las futuras crisis sanitarias globales.










