Aquel 1810 y la Argentina agitada de hoy
El actual contexto internacional no es el más deseable para quienes tienen la tarea de conducir los destinos de la Argentina. Las profundas crisis que viven Brasil y Venezuela, los permanentes interrogantes que se plantean en torno a los Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump y la amenaza del terrorismo en Europa, configuran un nuevo y complejo mapa mundial que obliga al gobierno nacional de Cambiemos a revisar una y otra vez su hoja de ruta.
Salvando las distancias históricas, sociales y políticas, la toma de decisiones en contextos turbulentos, tanto domésticos como globales, tampoco fue fácil para los protagonistas de la Revolución de Mayo de 1810, el acontecimiento que mirado hoy, dos siglos después, nos confirma que con sus marchas y contramarchas marcó un antes y un después en la historia de los argentinos. ¿Podrá el gobierno del presidente Macri convertirse, a su modo, en una bisagra histórica? El tiempo lo dirá. Por lo pronto, a nivel interno a la gestión nacional no le va bien con la economía, pero tiene tanto el apoyo tácito como explícito de las distintas fuerzas políticas para garantizar un piso de gobernabilidad, es decir, nadie cuestiona su legitimidad.
Pero esa ventaja parcial en lo doméstico contrasta con el frente externo, que muestra una cara mucho más hostil. La aparición en la escena internacional de un líder como Donald Trump obligó a la gestión del presidente Macri a reacomodar piezas en su tablero de política exterior para tratar de entender a un magnate impredecible que exhibe sin pudor sus contradicciones y ambigüedades, y que no duda cuando considera que debe aplicar medidas proteccionistas que perjudican a la Argentina (o a cualquier otro país), dejando en evidente posición adelantada a los teóricos locales del libre mercado que parecen no comprender todavía que, en Occidente, tanto en las potencias europeas como en Estados Unidos siempre que necesitaron adecuar el mundo a sus intereses comerciales y políticos se manejaron con la consigna: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
En lo que hace al nivel regional, se sabe la nueva turbulencia política que sacude los cimientos de Brasil, el principal socio comercial de Argentina, impactará en forma directa en la economía de nuestro país. Frente al inesperado giro que tomó la crisis que hace tambalear el debilitado gobierno de Michel Temer; en la Casa Rosada se estudian las alternativas para abrir nuevos mercados con el objetivo de amortiguar el golpe de la recesión brasileña. Es que la tibia recuperación que venían mostrando algunos indicadores de la economía de Brasil hizo pensar que solo era cuestión de tiempo para que el mayor mercado de la región comenzara a demandar de nuevo más productos argentinos. Pero todos esos cálculos fueron borrados de un plumazo a partir de la crítica situación que puso en riesgo la permanencia del presidente Temer en el poder. Ahora, el gran interrogante es cómo hará Argentina para amortiguar el golpe que representa la caída de las exportaciones al vecino país, del orden del 48 por ciento, desde el récord alcanzado en 2013.
El problema es que los temblores de Brasil también tendrán efectos negativos en las demás economías del Mercosur, y para colmo las tensiones internas en Venezuela, que lleva casi dos meses de protestas en las calles y un saldo de varios muertos, dificultan aún más el camino de la integración regional. No es una novedad que las relaciones de Buenos Aires con Caracas hayan sido cada vez más distantes desde que asumió Macri, pero el hecho de que el país caribeño esté suspendido en el bloque regional confirma que el Mercosur es todavía un rompecabezas difícil de armar.
Los temores por el estancamiento de Brasil, la mayor economía de la región, sumados a los vaivenes de Estados Unidos, en manos de un mandatario imprevisible, obligan a dejar de lado ese conjunto de teorías de carácter indiscutible para los seguidores de la economía ortodoxa y a explorar nuevas alternativas que permitan reactivar el país. En ese sentido, vale rescatar hoy el espíritu de los protagonistas de la epopeya de mayo de 1810 que, rompiendo cánones, impulsaron las ideas modernas de su tiempo.










