La economía sigue sin despegar
El pobre desempeño evidenciado en los últimos meses por la economía nacional hizo que, por primera vez en muchos años, economistas que transitan por los andariveles opuestos de la heterodoxia y la ortodoxia se pongan de acuerdo en un punto: los pronósticos de crecimiento para este año no son muy alentadores para el país.
Tanto los especialistas que aplaudieron la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada como quienes cuestionaron desde un primer momento distintos aspectos del programa económico de Cambiemos coinciden en señalar que el pulso de la economía sigue débil, a pesar de que ya transcurrieron más de 16 meses del cambio de rumbo que prometía mejoras palpables en el “segundo semestre” del año pasado de la mano del “mejor equipo de los últimos 50 años”. Pero como comprobaron todos los que pasaron por la cartera económica nacional en ese medio siglo, las dificultades de la economía de un país no se resuelven solamente con cálculos matemáticos, con ajustes o beneficios para determinados sectores, sino que requiere de acuerdos multisectoriales que permitan sortear de la mejor manera posible cualquier imprevisto, tanto a nivel doméstico como en el plano internacional.
En lo que va del año, lamentablemente, son más las señales negativas que los datos positivos que arroja la actividad económica: la industria registra el menor nivel de uso de la capacidad instalada de los últimos 14 años; la balanza comercial acumula en el primer trimestre un déficit de 1.088 millones de dólares, según el Indec; la inflación sigue alta; el déficit fiscal será, según un reciente informe de la consultora Economía & Regiones, “el tercero más elevado de la historia”; y todo esto acompañado de políticas de fuerte endeudamiento, en un escenario donde la llegada de las inversiones extranjeras demoran más de lo previsto y con elecciones legislativas que ya pisan los talones del oficialismo y la oposición.
El gobierno nacional, en tanto, se entusiasma con las pocas señales de reactivación, como los del mercado inmobiliario que reaccionó en forma favorable a la reaparición de los créditos hipotecarios, o los de la venta de autos cero kilómetro que creció un 42,5 por ciento interanual entre enero y marzo según datos proporcionados por la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara). También la tímida reactivación del sector de la construcción que registró un incremento acumulado del 1,8 por ciento en el primer trimestre, impulsado básicamente por la obra pública, aportó algo de oxígeno al programa económico nacional que, a esta altura, ya empieza mostrar serias dificultades para salir del estancamiento. En las últimas horas, para colmo, el escenario regional sumó nuevas complicaciones con el agravamiento de la crisis en Brasil, el principal socio comercial de Argentina, que ahora verá demorada su recuperación afectando a la economía de nuestro país ya que, según los especialistas, en los últimos años por cada punto que creció el gigante sudamericano la Argentina creció 0,25 puntos. La coyuntura no es la mejor, y a medida que se acercan las elecciones legislativas será menor el margen de maniobra del que dispondrá el gobierno nacional para evitar que crezca el malhumor social.
En forma paralela, un endeudamiento creciente vuelve a colocar al país en una senda de alto riesgo que, a juzgar por situaciones similares del pasado, no ayudaron a generar un crecimiento sostenido. Son muy pocas las probabilidades de que esta vez la historia termine de una manera diferente, aunque para bien de todos los argentinos es de esperar que el sentido común se imponga por sobre los dogmas de la ortodoxia económica en los que insisten en apoyarse algunas de las estrategias de la gestión nacional.










