La escuela en un mundo de cambios
Mientras el mundo experimenta transformaciones vertiginosas de la mano de la digitalización de casi todas las actividades de la vida cotidiana, el sistema educativo sigue aferrado a modelos del siglo pasado y con enormes dificultades para adaptarse a las nuevas exigencias de las sociedades modernas.
Si un abuelo que asistió a la escuela antes que la misión espacial Apolo 11 colocara a los primeros hombres en la luna, en julio de 1969, charla hoy con su nieto que cursa la primaria, es probable que comparando cómo era una clase en el aula por aquellos años y cómo es en la actualidad, ambos lleguen a la conclusión que, en realidad, una y otra son muy similares. Es decir, el modo de transmitir conocimientos a las nuevas generaciones no ha cambiado mucho: el docente sigue estando frente a un aula con filas de bancos donde los chicos se ubican para mirar hacia el pizarrón, y la estructura de horarios y de tareas es casi la misma hoy que hace 50 años. Lo lúdico, en la mayoría de las escuelas, casi no está asociado al proceso de enseñanza aprendizaje, pese a que el juego es una de las herramientas más eficaces para aprender nuevos conceptos. En otras palabras, los niños y adolescentes de estos días reciben una educación que no es muy diferente a la que recibieron sus padres y abuelos, que vivieron una primera infancia en la que no había horno microondas, GPS, lentes de contacto ni láser, inventos que hoy existen y que son utilizados en la vida cotidiana gracias a la exploración espacial.
En nuestro país el Estado distribuyó entre los años 2010 y 2013 alrededor de 3,5 millones de netbooks a alumnos y docentes de la escuela pública y además capacitó y generó propuestas para incorporar esta herramienta en el aula, a través del programa bautizado “Conectar Igualdad”. La iniciativa, pensada para incorporar tecnología en el ámbito escolar, fue por demás interesante pero demostró que las transformaciones en el complejo campo educativo requieren de varias acciones a la vez y que no alcanza con promover la inclusión de la tecnología en el aula si, en el fondo, no se cambia la manera de experimentar el aprendizaje.
Debe impulsarse un cambio de paradigma, donde los docentes -además de percibir salarios dignos- y también los alumnos tengan la suficiente libertad para arriesgarse a explorar nuevas formas de enseñar y aprender. Incluso el modelo educativo de Finlandia, conocido por ser uno de los mejores sistemas de educación del mundo por los resultados que obtiene en los exámenes internacionales, ha cambiado en los últimos años. El éxito obtenido por los finlandeses en materia educativa no fue un obstáculo para pensar los cambios que debían incorporarse al sistema escolar. En lugar de quedarse con lo que ya tenían, con buenos resultados que estaban comprobados, decidieron animarse a explorar nuevas alternativas. Así, por ejemplo, a partir del año pasado todas las escuelas del país nórdico dejaron de lado el método que venían aplicando para reemplazarlos por proyectos temáticos en los que los alumnos se apropian del proceso de aprendizaje. De esta manera, en lugar de adquirir conocimientos aislados sobre diferentes materias, los alumnos son convocados a participar en el proceso de planificación, transformándose en investigadores y también en evaluadores del proceso. Para las autoridades educativas finlandesas, la clave está en promover una capacidad de pensamiento que atraviese y vincule distintas disciplinas, de manera tal que los estudiantes estén preparados para abordar los problemas desde distintas perspectivas.
El ejemplo de Finlandia confirma que una de las cuestiones más relevantes en el campo educativo es la predisposición para cambiar paradigmas, para cuestionar incluso lo que en apariencia funciona bien. Esta mirada explica, de alguna manera, los excelentes resultados que exhibe año tras año el sistema de la educación formal en el país nórdico y que amerita que se lo analice como alternativa a los sistemas tradicionales de enseñanza. No se puede, ni debe, continuar en pleno siglo XXI anclados a esquemas de otras épocas que sirvieron en su momento para formar identidades personales y sociales acordes a esos tiempos, pero que perdieron eficacia frente a los enormes desafíos que presentan las nuevas y complejas dinámicas de las sociedades actuales.










