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La economía no arranca y no genera empleo

La puesta en marcha del Programa de Inserción Laboral, bautizado “Plan Empalme”, que impulsa el gobierno nacional no despierta mucho entusiasmo en sectores de la economía que tienen un enorme potencial para generar empleo genuino, pero que siguen con las manos atadas por políticas que invitan más a subirse a la bicicleta financiera que a apostar a la producción nacional y, por ende, a la generación de puestos de trabajo.

La dramática caída del consumo, el fuerte aumento de las tarifas eléctricas, y una inflación que al menos por ahora no da signos claros de retroceso, puso contra las cuerdas a pequeñas y medianas empresas de todo el país que, más que pensar en generar empleo están ocupadas en ver cómo mantienen su planta de personal. A nivel local, la Cámara de Comercio de Resistencia alertó esta semana que el sector padece los efectos de una pronunciada caída de las ventas, como producto de un alicaído consumo que viene deprimido desde el año pasado.

En este contexto, es muy poco probable que el Plan Empalme que lanzó el gobierno nacional tenga éxito, y no tanto por los costos de contratación que trae aparejado la incorporación de un trabajador a la planta formal de las empresas, sino porque el mercado de trabajo está estrechamente ligado a la posibilidad de crecimiento y expansión de esas empresas. Y es muy difícil que en un escenario nacional con una pronunciada y sostenida caída de las ventas, aumentos de tarifas y aliento a la especulación financiera, se generen fuentes de trabajo. El “Plan Empalme” consiste en una ayuda económica mensual que, como señala el programa laboral “percibirán los participantes de programas nacionales de empleo y de desarrollo social durante la nueva relación laboral tendrá carácter de subsidio al empleo y podrá ser contabilizada por los empleadores como parte de su remuneración laboral neta mensual‘. Esta iniciativa del Ejecutivo nacional establece que los empleadores interesados en acceder al incentivo económico para la contratación laboral de participantes de programas nacionales de empleo o de desarrollo social deben adherir al Programa de Reinserción Laboral creado en 2006 y solicitar la incorporación al mismo de las trabajadoras y los trabajadores que contraten. Si bien, así como está planteado, puede ser de utilidad para algunas empresas, no se espera que esta propuesta empuje la generación de nuevos puestos de trabajo. En primer lugar porque el plan económico nacional actual tiene muchas similitudes con los programas económicos aplicados en los 90 y a mediados de los 70, donde la apertura indiscriminada de importaciones y la especulación financiera provocaron serios daños en el tejido productivo de las economías regionales y actuaron como destructoras de empleo. Por otro lado, la propuesta de empalmar’ los programas sociales vigentes con una relación de dependencia o una nueva contratación para el beneficiario del plan no es, en rigor, una política nueva ya que una iniciativa parecida se aplicó en la gestión nacional anterior, a partir del año 2010. En este sentido, un informe del Centro de Economía Política Argentina reveló que “entre 2011 y 2015, la variación del empleo privado registrado tuvo siempre guarismos positivos y un promedio de 1,73% anual acumulativo (de 5.985.949 trabajadores se pasa a 6.229.257 trabajadores)”. Observó, además, que si se analiza la tasa de desvinculación, los datos se ubican entre el 4,8% y el 5,7% de los beneficiarios por año (en 2011 se desvinculan 18.141 trabajadores de un programa con 317.497 personas, en 2012 son 14.440 de 286.455, en 2013 resultan 12.732 trabajadores de un total de 259.701, en 2014 se desvinculan 10.709 sobre 223.316 y en 2015 lo hacen 9.804 sobre 202.830 personas incluidas en el programa). Por otra parte, señala que fue el año pasado cuando comenzó la caída de la cantidad de trabajadores registrados en 44.818 personas, y se redujo la tasa de desvinculación del Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo al empleo registrado, a sólo 3,34% (3.823 casos sobre un total de 114.296 personas). En sus conclusiones, el Centro de Economía Política sostiene que sólo la creación genuina de puestos de trabajo, sobre todo en el ámbito privado, es la herramienta clave para reducir la cantidad de personas que viven de los programas sociales, y agrega que es poco probable que se produzca un importante traspaso al empleo registrado de beneficiarios del programa Empalme en etapas de estancamiento económico y ausencia de generación de empleo, como ocurre desde el año pasado, cuando el sector privado sufrió la pérdida de más de 40.000 puestos de trabajo.

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